Vivimos en el presente, sin importar el futuro y olvidando el pasado. Vivimos
preocupados por nosotros mismos, nos estamos acostumbrando peligrosamente a
convivir con la pobreza de sectores cada vez más amplios que poco a poco
pierden la esperanza de reintegrarse a esa sociedad que los ha ido expulsando.
Los uruguayos nos hemos ido construyendo un conjunto de explicaciones sobre
nuestras ''desgracias'' que muy poco responden a las actuales realidades
del mundo y sólo sirven para conformarnos con nuestro ''destino''.
Para unos, la explicación radica en ese viejo maniqueísmo de
''buenos'' y ''malos'', de explotados y explotadores, de
un sistema perverso que requiere de la pobreza de unos para el enriquecimiento
de otros. Son quienes se han construido un mundo que finalmente los libera de
toda responsabilidad, porque la culpa la tiene el Otro. Por el contrario, otros
se han construido un mundo maravilloso, donde sólo hay que dejar actuar
libremente a la invisible mano del mercado, con la total supremacía de
lo económico sobre lo político. Para estos otros, si estamos mal
es porque existen sectores nostálgicos que no nos permiten hacer. También,
aquello de que la culpa la tiene el Otro.
En lo personal me revelo a aceptar que nos encasillen en estas dos visiones,
a aceptar que existen dos Uruguay que han perdido su capacidad de escucharse.
El Uruguay es un país bloqueado, sin expectativas, sin un futuro compartido.
Discutimos sobre lo accesorio e ignoramos lo sustancial. Nací hace más
de 50 años y lo único que he oído hablar desde que tengo
uso de razón es que el país está en crisis y luego de una
breve pausa de aparente prosperidad entramos en una nueva crisis sin que ello
nos sirviera para incentivar nuestra capacidad de repensar el país y
buscar caminos alternativos. ¿Es que efectivamente dejamos de pensar?
Creo que no, simplemente perdimos la capacidad de hacerlo colectivamente, de
arriesgar opiniones, de escuchar a los demás y de mirar hacia delante.
Mi participación en este proyecto responde a varios motivos, que pueden
resumirse en el optimismo que me genera el compartir un emprendimiento colectivo,
de carácter plural, con personas que también están convencidas
de la necesidad de opinar libremente, de escuchar y atreverse a proponer soluciones.
No sé si seremos escuchados, si nuestras ideas podrán aportar
algo, pero estoy convencido que las ideas no se las lleva el viento, allí
quedan y finalmente alguien las recoge, así se escribió la Historia. |