Nos expresa que en Centroamérica ''hay un islote que se
llama Costa Rica- que estaba sumida en la pobreza hace cincuenta años
(...) y si se pregunta a la gente cuál fue el hecho que favoreció
el cambio, enseguida le contestan que fue a partir de la abolición del
ejército''.
De esta versión no se puede dudar, no sólo por quien la dice,
sino además, por ser la versión oficial del país, que trasmite
como un ''mito'' intocable. Sin embargo, la supresión del ejército
no fue exclusivo resultado de un planteo ''principista'', sino en
especial el resultado de una coyuntura revolucionaria donde el ejército
fue derrotado. A ello se agrega la circunstancia de que Costa Rica posee un
Ministerio de Seguridad Pública del cual depende la Dirección
de la Fuerza Pública, equivalente a ''guardia civil'', una
''Guardia Rural'', una ''Sección Aérea'' y
un Servicio de Guardacostas, todo ello debidamente equipado. Hay en esto un
juego semántico indiscutible y un ocultamiento de la realidad. Más
grave aún es que se identifique la falta de ejército con el éxito
de la democracia en el medio, como suele hacerse.
Todos los analistas aseguran que las ''Fuerzas de Policía''
de que habla la constitución de Costa Rica tienen un nivel militar muy
superior al del antiguo ejército suprimido en 1948.
LA VERDADERA HISTORIA
En las elecciones de febrero de 1948 se enfrentaron por un lado el Partido Republicano
Nacional (PRN), entonces en el poder, el Partido Vanguardia Popular (PVP), comunista,
y el Partido de la Unión Nacional, cuyo candidato, Ulate, ganó
las elecciones. Los otros partidos se negaron a entregar el poder y el Congreso
anuló las elecciones con el apoyo del ejército. El partido ganador
inició entonces un proceso revolucionario que triunfó y llegó
al poder a través de una Junta, en la que se encontraba José (Pepe)
Figueres.
El ejército derrotado en nada constituía un ejército de
carácter nacional. Por el contrario, no era otra cosa que la expresión
armada del oficialismo -en connivencia con el Partido Comunista- que desconocía
el resultado electoral anulando el Congreso surgido de las elecciones del 3
de marzo de 1948, alegando que hubo fraude. En esas circunstancias históricas,
constituye un hecho lógico que fuera suprimido, ya que su disolución
representaba la desaparición del mayor instrumento de fuerza del enemigo
derrotado.
Sin embargo, la historia no sería completa si no recordáramos
que José Figueres en diciembre de 1948, como Presidente de la Junta de
Gobierno, era efectivamente partidario de la eliminación del ejército
en el momento en que se toma la medida. Al anunciar tal decisión, hizo
entrega de la Fortaleza de Bella Vista, ubicada en el centro de la ciudad de
San José, a una comisión especial para que la convirtiera en museo.
Sin embargo, ni la historia ni la vida política constituyen hechos lineales.
La revolución que llega al poder coincide en la región con figuras
tan siniestras como la de Anastasio Somoza en Nicaragua, Rafael Leonidas Trujillo
en Santo Domingo y Pérez Jiménez en Venezuela.
Por lo pronto, los enemigos derrotados por la nueva situación política
utilizaban a Nicaragua en la zona de frontera, hecho grave que se debía
enfrentar. El panorama se hizo aún más grave con la revolución
sandinista (1978-1979), que utilizaba el territorio de Costa Rica y provocaba
las represalias de Somoza, por lo que el país tuvo que reorganizar sus
fuerzas para acabar con el ''santuario sandinista''. Fue fundamental,
en estas circunstancias, la ayuda de Venezuela y de Panamá. Asimismo,
en múltiples ocasiones, debió recurrir a la ayuda de la OEA es
decir, a la protección de ejércitos de otros países- y
a la aplicación de los mecanismos del Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca (TIAR), de discutible prestigio e inaplicable desde el triunfo
de la revolución sandinista, que lo rechazaba y, en forma generalizada,
desde el episodio de las Malvinas, cuando Argentina pretendió recurrir
a él sin éxito.
Lo cierto es que, con los años, Costa Rica debió rearmarse, haciéndolo
en la figura de las Fuerzas de Seguridad Pública que ya no son solamente
policiales. Ya por 1975 estaban armadas con metralletas. En el año 2000,
la ayuda militar suministrada por los Estados Unidos fue superior a la que se
suministró al Uruguay. A ello se agrega el ''entrenamiento militar''
realizado a oficiales de las Fuerzas de Seguridad.
NÚMEROS QUE ILUSTRAN
Frente a este panorama, donde el ''mito'' de la inexistencia de ejército
ha desaparecido totalmente, queremos hacer algunas observaciones para terminar.
1) No es técnicamente aconsejable que las funciones de policía
las realice personal armado a guerra, con preparación para otras tareas.
2) En cuanto a ''desarrollo humano'', no obstante la invocación a la
falta de Fuerzas Armadas para explicar sus transformaciones en los últimos
cincuenta años, Costa Rica se encuentra algo por debajo de Uruguay.
Desconocemos la situación actual luego de la crisis sufrida por nuestra
país, pero a mediados de la década de 1990, en una lista de
173 países estudiados por las Naciones Unidas, mientras el Uruguay
ocupaba el lugar número 33, Costa Rica estaba en el 39.
3) Nuestras Fuerzas Armadas, desde 1985, han venido reduciendo su peso presupuestal.
Esto debe ser interpretado adecuadamente, porque en muchos sentidos, puede
significar afectar su eficiencia y preparación. No obstante, es conveniente
mostrar algunos números al respecto: a) el inciso ''Ministerio de Defensa''
del Presupuesto Nacional representaba el 2,97% del Producto Bruto Interno
(PBI) en 1985, el 2,43% en 1990 y el 1,6% en 2002 (incluye todos los organismos
de ejecución); b) las Fuerzas Armadas, específicamente, representaban
el 1,23% del PBI en el año 2002.
En el número anterior indicamos con precisión las tareas que
cumplen las Fuerzas Armadas. Seguimos creyendo que, en esas tareas, siguen siendo
imprescindibles. |