Por José Claudio Williman
Las FFAA y el ''mito'' Costa Rica

En el último número de dosmil30 Rodrigo Arocena, respondiendo a las mismas preguntas que se me hicieron sobre el rol que deben cumplir las Fuerzas Armadas, plantea ''como hipótesis a la discusión, y apuntando al largo plazo, que no hayan Fuerzas Armadas convencionales, pero sí destacamentos de seguridad especializados en todas las tareas que el Uruguay de hoy, mañana y pasado va a necesitar que se cumplan''.

Nos expresa que en Centroamérica ''hay un islote que se llama Costa Rica- que estaba sumida en la pobreza hace cincuenta años (...) y si se pregunta a la gente cuál fue el hecho que favoreció el cambio, enseguida le contestan que fue a partir de la abolición del ejército''.

De esta versión no se puede dudar, no sólo por quien la dice, sino además, por ser la versión oficial del país, que trasmite como un ''mito'' intocable. Sin embargo, la supresión del ejército no fue exclusivo resultado de un planteo ''principista'', sino en especial el resultado de una coyuntura revolucionaria donde el ejército fue derrotado. A ello se agrega la circunstancia de que Costa Rica posee un Ministerio de Seguridad Pública del cual depende la Dirección de la Fuerza Pública, equivalente a ''guardia civil'', una ''Guardia Rural'', una ''Sección Aérea'' y un Servicio de Guardacostas, todo ello debidamente equipado. Hay en esto un juego semántico indiscutible y un ocultamiento de la realidad. Más grave aún es que se identifique la falta de ejército con el éxito de la democracia en el medio, como suele hacerse.

Todos los analistas aseguran que las ''Fuerzas de Policía'' de que habla la constitución de Costa Rica tienen un nivel militar muy superior al del antiguo ejército suprimido en 1948.


LA VERDADERA HISTORIA
En las elecciones de febrero de 1948 se enfrentaron por un lado el Partido Republicano Nacional (PRN), entonces en el poder, el Partido Vanguardia Popular (PVP), comunista, y el Partido de la Unión Nacional, cuyo candidato, Ulate, ganó las elecciones. Los otros partidos se negaron a entregar el poder y el Congreso anuló las elecciones con el apoyo del ejército. El partido ganador inició entonces un proceso revolucionario que triunfó y llegó al poder a través de una Junta, en la que se encontraba José (Pepe) Figueres.

El ejército derrotado en nada constituía un ejército de carácter nacional. Por el contrario, no era otra cosa que la expresión armada del oficialismo -en connivencia con el Partido Comunista- que desconocía el resultado electoral anulando el Congreso surgido de las elecciones del 3 de marzo de 1948, alegando que hubo fraude. En esas circunstancias históricas, constituye un hecho lógico que fuera suprimido, ya que su disolución representaba la desaparición del mayor instrumento de fuerza del enemigo derrotado.

Sin embargo, la historia no sería completa si no recordáramos que José Figueres en diciembre de 1948, como Presidente de la Junta de Gobierno, era efectivamente partidario de la eliminación del ejército en el momento en que se toma la medida. Al anunciar tal decisión, hizo entrega de la Fortaleza de Bella Vista, ubicada en el centro de la ciudad de San José, a una comisión especial para que la convirtiera en museo.

Sin embargo, ni la historia ni la vida política constituyen hechos lineales. La revolución que llega al poder coincide en la región con figuras tan siniestras como la de Anastasio Somoza en Nicaragua, Rafael Leonidas Trujillo en Santo Domingo y Pérez Jiménez en Venezuela.

Por lo pronto, los enemigos derrotados por la nueva situación política utilizaban a Nicaragua en la zona de frontera, hecho grave que se debía enfrentar. El panorama se hizo aún más grave con la revolución sandinista (1978-1979), que utilizaba el territorio de Costa Rica y provocaba las represalias de Somoza, por lo que el país tuvo que reorganizar sus fuerzas para acabar con el ''santuario sandinista''. Fue fundamental, en estas circunstancias, la ayuda de Venezuela y de Panamá. Asimismo, en múltiples ocasiones, debió recurrir a la ayuda de la OEA es decir, a la protección de ejércitos de otros países- y a la aplicación de los mecanismos del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de discutible prestigio e inaplicable desde el triunfo de la revolución sandinista, que lo rechazaba y, en forma generalizada, desde el episodio de las Malvinas, cuando Argentina pretendió recurrir a él sin éxito.

Lo cierto es que, con los años, Costa Rica debió rearmarse, haciéndolo en la figura de las Fuerzas de Seguridad Pública que ya no son solamente policiales. Ya por 1975 estaban armadas con metralletas. En el año 2000, la ayuda militar suministrada por los Estados Unidos fue superior a la que se suministró al Uruguay. A ello se agrega el ''entrenamiento militar'' realizado a oficiales de las Fuerzas de Seguridad.


NÚMEROS QUE ILUSTRAN
Frente a este panorama, donde el ''mito'' de la inexistencia de ejército ha desaparecido totalmente, queremos hacer algunas observaciones para terminar.

1) No es técnicamente aconsejable que las funciones de policía las realice personal armado a guerra, con preparación para otras tareas.

2) En cuanto a ''desarrollo humano'', no obstante la invocación a la falta de Fuerzas Armadas para explicar sus transformaciones en los últimos cincuenta años, Costa Rica se encuentra algo por debajo de Uruguay. Desconocemos la situación actual luego de la crisis sufrida por nuestra país, pero a mediados de la década de 1990, en una lista de 173 países estudiados por las Naciones Unidas, mientras el Uruguay ocupaba el lugar número 33, Costa Rica estaba en el 39.

3) Nuestras Fuerzas Armadas, desde 1985, han venido reduciendo su peso presupuestal. Esto debe ser interpretado adecuadamente, porque en muchos sentidos, puede significar afectar su eficiencia y preparación. No obstante, es conveniente mostrar algunos números al respecto: a) el inciso ''Ministerio de Defensa'' del Presupuesto Nacional representaba el 2,97% del Producto Bruto Interno (PBI) en 1985, el 2,43% en 1990 y el 1,6% en 2002 (incluye todos los organismos de ejecución); b) las Fuerzas Armadas, específicamente, representaban el 1,23% del PBI en el año 2002.

En el número anterior indicamos con precisión las tareas que cumplen las Fuerzas Armadas. Seguimos creyendo que, en esas tareas, siguen siendo imprescindibles.


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