Por Jimena Fernández
Sueños de una noche de verano

El 1º de marzo pasado nuestro novel presidente de la República, el doctor Tabaré Vázquez, pronunciaba un discurso memorable en la explanada del Palacio Legislativo. No se trata del tradicional y republicano discurso ante la Asamblea General, sino del gran espectáculo que le sucedió aquella noche, hace ya unos cien días.

El interés que despierta el análisis de los cien primeros días de un gobierno estriba en que es durante esa fase inicial que se construyen los cimientos sobre los que se edificará el resto del período de una administración.
Aquella noche estrellada, de leve brisa, hizo pensar a muchos que estos primeros cien días del gobierno de Vázquez constituirían algo muy diferente a lo visto hasta ahora. Desde esa perspectiva, resulta interesante entonces repasar algunos de los principales lineamientos de aquel discurso y comparar lo dicho con lo hecho. Porque el grillo nochero bien merece ese esfuerzo.


UN PRESIDENTE SUBYUGADO
1º de marzo de 2005, entonces. Juego de luces, sonidos y pantalla gigante, es decir decenas de toneladas de equipamiento traídas del exterior. Un espectáculo como nunca se conoció, en ocasiones similares, en nuestro país: a los pies del inmenso escenario, cubriendo toda la avenida, la plebe; arriba, solo, El: Tabaré.

Aquel discurso no fue un discurso cualquiera: fue como una homilía. El entorno cuasi feérico, todo el esfuerzo de elaboración de una escenografía y el peso y contrapeso de cada palabra del orador, hicieron que lo dicho aquella noche adquiriera un significado particular. Fue el discurso personal de un presidente que quiso marcar con su impronta la Historia.

Y aquella noche, para lograr este objetivo, el Presidente no escatimó ni en símbolos ni en palabras. En una hora y dieciséis minutos se mostró tal como quería verse: una persona sensible, que se subyuga (subyugar, ese verbo que tanto le gustó usar a nuestro Presidente en el discurso de aquella noche y que la Real Academia define como: ''Avasallar, sojuzgar, dominar poderosa o violentamente'') ante los atardeceres, el arrullo de una paloma al primer canto del grillo nochero, el silencio del amanecer y ''esos finos análisis matemáticos que explican la desintegración del átomo''. Un médico de orígenes humildes que siempre tiene presente en su mente al ser humano, prioridad absoluta. Alguien que sabe escuchar; alguien que sabe oír. Si alguna duda cabía sobre el mensaje, ésta se desvanece con el apoteótico final y el Aleluya de Haendel: no se trataba de un festejo por la asunción de un nuevo presidente, sino de una celebración por la llegada del imperio divino del Mesías.


LA ESPERANZA ES UNA FLOR
La vida humana es lo que más subyuga al doctor Tabaré Vázquez, el humilde doctor, oncólogo para mejor, que llega a los pies del país para salvarlo del cáncer que lo está carcomiendo. Su arma: el Plan de Emergencia, algo así como el acelerador lineal del Uruguay. Porque ''la vida de los uruguayos y de las uruguayas'' es la prioridad. Por eso, ''[...] nuestro Plan de Emergencia Social [se comenzará a] instrumentar desde el día de mañana [por el 2 de marzo de 2005, se entiende....¿se habrá entendido?]''. Los pobres serán los primeros, los elegidos. Soy sensible. Soy el Mesías. Y contra esa imagen que el médico logró imponer en el imaginario colectivo, no hay hechos que valgan.

El día 2 de marzo, en la nueva página web de Presidencia de la República, ya existía un link para el Plan de Emergencia. Todo lo que contenía era un logo, un eslogan (''Mano con Mano'') y una subyugante canción que se podía y se puede escuchar: ''Si nos damos una mano/ La esperanza es una flor....Mano/ Mano con Mano [...]''. Nada sobre los cómo, los a quién, los métodos, la operativa. Cuatro meses de una transición que el propio Presidente clasificó como ejemplar, no fueron suficientes para asegurar el diseño de la puesta en marcha del programa vedette del gobierno. Casi medio año no es nada, es un soplo la vida.

Prioridad a los que más lo necesitan; ya no más niños comiendo de los tachos de basura; la herencia fatal que se debe superar. El discurso se mantiene, pero la acción no sigue. Ante todo, se crea más burocracia con el Ministerio de Desarrollo Social; después se vota la ley por la cual se pone en pie el Plan de Emergencia en sí y más específicamente el Salario Ciudadano. Ahora, en junio, nuestro Presidente firmó además un decreto habilitando la creación de un Gabinete Social, cuyos objetivos serán básicamente los mismos que los del Ministerio. Entre tanto, si se aplica al Salario Ciudadano unos análisis matemáticos parientes de aquellos que refieren a la desintegración del átomo y que tanto subyugan al señor Presidente, resulta que, al ritmo que se viene, la totalidad de los cerca de 200.000 indigentes que tienen derecho a este beneficio lo estarán cobrando de acá a unos 750 días aproximadamente, es decir como a mediados del año 2007.

El hecho es que el buque insignia de esta administración viene a los ponchazos: muy baja cobertura, gran desorganización, prácticamente inoperancia de los otros seis programas que incluye el PANES (subyugante nombre si los hay), ausencia de controles sobre las contrapartidas que deben ser prestadas por los beneficiarios, etc. Pero el hecho es también que a la población poco parece importarle esto, obnubilada por el discurso del ''somos buenos, buscamos hacer el bien''. En este sentido, el Presidente viene cumpliendo, no hay nada que hacerle.


EL ESTADO DE EMERGENCIA HUMANITARIA
La emergencia humanitaria fue definida el 1º de marzo por el presidente Vázquez en función de lo que calificó como ''la grave situación existente en las cárceles y la falta de atención a las víctimas de delito''. Prometió entonces ''medidas de urgencia para encarar resueltamente los problemas de hacinamiento, alimentación y salud en todos los establecimientos penitenciarios'' y también que se brindaría ''[...] atención inmediata de los procesados sin condena, informándoles del estado del expediente judicial y ayudándoles al más rápido trámite del mismo, recurriendo a estos efectos a la colaboración voluntaria y honoraria de abogados jóvenes y de estudiantes''. Estas, entre otras propuestas de rápida implementación, y sin olvidarse de citar la creación del Patronato de Atención de las Víctimas del Delito y sus Familiares.

En estos primeros cien días, el abordaje dado al tema de la seguridad constituye probablemente (junto con la zaga oncológica) una de las líneas más erráticas de la administración Vázquez. En efecto, para combatir el hacinamiento carcelario, el gobierno decidió que era bueno, por una parte, disminuir el número de presos y, por otra, contar con más establecimientos para alojar los reclusos. Por eso (y es de una lógica implacable) se propuso liberar unos mil quinientos presos (lo que aseguró la total serenidad de la población); reacondicionar la ex Cárcel de Miguelete (el detalle, siendo que es propiedad del MEC y que se utiliza para actividades docentes); derogar el decreto 690/80 que permitía la detención de ciudadanos bajo el régimen de averiguaciones y, lo más increíble de todo, inaugurar una nueva cárcel en Canelones... Cárcel que ya había sido inaugurada de acuerdo a todos los trascendidos de prensa- por la pasada administración.

Tampoco se vieron desembarcos de estudiantes de abogacía trabajando voluntariamente en los expedientes de los procesados para acelerar sus trámites. Y sobre las víctimas, poco y nada. Lo mejor de estos últimos meses ha sido, sin lugar a dudas, la elección de un ''Ombusman carcelario'', que no debe nada ni a la iniciativa del actual Poder Ejecutivo, ni a la creatividad de este Poder Legislativo.

La seguridad está siendo objetivamente un problema grave, prioridad para el 50% de la población. Y el Presidente lo sabe: la presentación del proyecto de ley de descongestionamiento de las cárceles, viene demorándose sistemáticamente. La emergencia humanitaria fue desechada en nombre de la ''real politik''.

La honestidad. La lucha contra la corrupción y el clientelismo. Los valores. La austeridad. Los principios. Desterrar las prácticas clientelísticas o politiqueras. Son todos estos conceptos que se repiten y repiten y repiten en el discurso del 1º de marzo. Por algo llegó el nuevo imperio divino del Mesías: para romper con todas las formas abyectas de hacer política del pasado.

Circula desde hace ya varios días en Internet un correo electrónico que lleva un título que hace innecesaria cualquier explicación sobre su contenido: La OncoBanda. Jorge ''El Perro'' Vázquez; Korzeniak hijo, como frutilla en la torta de Relaciones Exteriores; Gonzalo Fernández; Pedro Kasdorf; Blanca Tasende; Alvaro Vázquez; Miguel Torres; Roberto Silva; María Auxiliadora Delgado; Sonia Breccia y el propio presidente de la República son algunos de los nombres que en apenas cien días surgen como que al menos merecen un estudio a la luz del Decreto 30/003 sobre Normas de Conducta en la Función Pública. Es que una rápida lectura de la normativa en cuestión podría estar dando a entender, en principio, su muy factible violación en tantísimos casos.

¿En dónde quedó la pureza de las intenciones del 1º de marzo? En el discurso, que se sigue manteniendo. En mostrar con el dedo la ''herencia maldita'' y decir: ''nosotros somos mejores''. Otra vez, la forma le gana al fondo.


LIBERTAD DE EXPRESIÓN PARA SER FELICES
El 1º de marzo, el Presidente subrayó mucho el tema del respeto a todas las libertades, "libertad de información, libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de pensamiento, libertad para ser felices, uruguayas y uruguayos [...]''. Es entendible, ya que los antecedentes venían complicados: un candidato que tenía una pésima relación con la prensa y una propuesta de ministerio de las Comunicaciones, seguidos de una pulseada ganada por los medios de comunicación- de las nuevas autoridades pretendiendo transmitir en Cadena Nacional todos los actos de asunción e impidiendo la libre entrada de la prensa tanto para cubrir los acontecimientos en el Palacio Legislativo, como en la Casa de Gobierno. Una sola imagen oficial.

También se habló de que los ministerios cerrarían sus departamentos de prensa y bajarían sus páginas web, para centralizar todo en SEPREDI. Hasta se llegó a barajar la posibilidad de que SEPREDI tuviera bajo su órbita a la radio y televisión públicas.

La primera entrevista brindada por el presidente Vázquez fue con un periodista extranjero, Lanata, y no en directo: el encuentro fue al parecer- pregrabado y editado. Y cuando sucede un acontecimiento de notoria importancia como lo fue el famoso ''cónclave en Anchorena'', se arma una trifulca nacional por un plato de tallarines, consecuencia absurda de una prohibición de informar también ella absurda. En contrapartida, la ciudadanía puede gozar del espectáculo de los Consejos de Ministros itinerantes.

Por supuesto, no se puede decir que la libertad de prensa o la libertad de expresión estén acotadas en nuestro país. Pero no cabe duda que la insistencia del Presidente en subrayar el respeto que le merecen no fue casual: cuando algo se cae de maduro, cuando revienta los ojos, cuando es evidente ni siquiera se plantea la duda y por ende la necesidad de expresarse sobre el tema. Ahora bien, a la luz de las inversiones realizadas en el proyecto TELESUR de Chávez y Castro, capaz que se entiende mejor por qué nuestro Presidente, en su discurso mesiánico, tuvo la necesidad de expresar con tanto énfasis su real apego a las reglas democráticas de la libre expresión.


Y QUEDA EN EL TINTERO
''[...] Logramos un acuerdo político [...]y la participación de nuestros partidos tradicionales, gloriosos partidos tradicionales, históricos partidos tradicionales''. Dicho y hecho: ultimátum en Zapicán.
''Hemos hablado y hay ya un eventual acuerdo con la República Popular China para lograr inversiones de ese país en el área de las comunicaciones, los servicios y el transporte, lo que le dará un gran impulso a la interconexión en la región''. ¿Dicho y hecho?
''Cabe destacar [...] el apoyo solidario que sabemos continuará adelante y que hemos recibido y que seguramente recibiremos de las hermanas repúblicas de Bolivia, Argentina y Brasil, aún en el marco de un contexto energético regional de crisis''. Sí, el Presidente se refería a la energía... ¡Ja!.

La emergencia social y la emergencia humanitaria, el pilar de los valores y los principios, la felicidad de ''las uruguayas y los uruguayos'' constituyeron los conceptos medulares del Tabaré eufóricamente triunfante de la noche del 1º de marzo.

Por supuesto, cien días de gobierno no son nada. Por supuesto también, cien días de gobierno es mucho, si de conocer un estilo se trata. Por supuesto, este artículo está escrito buscando específicamente resaltar contradicciones e inconsistencias de un Presidente que asumió con las ínfulas suficientes como para no pedir que lo tragara la Tierra cuando a alguien se le ocurrió poner el Aleluya de Haendel para finalizar el acto del 1º de marzo.

Es que, a cien días de asumido el nuevo gobierno, una sola pregunta retumba en nuestra mente: ¿cambia, todo cambia? ... Más o menos.


Jimena Fernández es socióloga, especialista en políticas sociales


Revista Dosmil30.
© Todos los derechos reservados

[email protected]