Por Fernando Rosenblatt *
Comunicación, innovación, locura
18.08.2006
¿Cuál es nuestra utopía colectiva? No lo sé, respondí rápidamente. Sin embargo, ahora lo pensé bien. Es mía pero sueño que sea colectiva.

Es difícil colectivizar propuestas en este mundo que nos apura, que nos demanda pero basta de echar culpas. Mi grito quiere olvidar culpables y encontrar soluciones. Ni las tengo ni quiero tenerlas, sólo tengo propuestas y defiendo premisas.

La utopía es la de construir un país diferente, sostenido por nuevos principios y prácticas. No olvido el pasado que nos condena ni el que nos enriquece pero le soy fiel a esta publicación; más me preocupa soñar e imaginar. Si es iluso e ingenuo, mejor aún. Si es irresponsable y atrevido también.

Como dije cuando miré el cerro chato, no hablo de políticas económicas, ni sociales, ni culturales ni ambientales, ni todos los nombres y apellidos que se imagine. Hablo del bocho.


COOPERACIÓN Y CONFLICTO
Estoy harto de tener la culpa y de los culpables. No me interesan los conflictos de intereses. Quiero saber de intereses comunes.

La apuesta es sencilla. Indaguemos, utilizando cualquier referencia bibliográfica, las sucesiones entre cooperación y conflicto (en tanto predominio de una u otro en diversas instancias) y observaremos que cuando la primera ocupa mayor atención en las comunicaciones humanas, la comunidad se halla más integrada y se descubre creativa. Sale lo mejor de nosotros, se abandona la mezquindad, crecemos todos, maduramos ideas, fracasamos y triunfamos.

Cuantas más personas deciden en más cosas que involucran a la mayor cantidad de gente, la confianza en la construcción de un nosotros verdaderamente nuestro es infinitamente mayor. Asimismo, las coaliciones diversas (biológicas, políticas, sociales, étnicas, etc.) tienen como base muchas más cosas de común certeza que otorgan confianza y creatividad para el entendimiento, la deliberación, la negociación o la agregación de los diversos intereses que luego se traducirán (como producto de dicha capacidad de reunión) en una mayor cantidad y calidad de normas que habilitan la comunicación. El producto es fantástico. Construimos estadios, festejamos triunfos, protestamos, elegimos gobiernos y la cultura avanza.

Lamentablemente, el único recuerdo que tengo de un honesto predominio de la cooperación en nuestro país se remonta al último de los tantos períodos negros de nuestra historia: el 2002. Allí, la sabiduría republicana afloró por todos lados y, si bien quedamos en el pozo, alguna escalera quedó.

Lo más maravilloso de la política no se encuentra en los conceptos que hemos incorporado de la economía, sino en que de la acción -decía Arendt- producto del diálogo y creación entre hombres, surge la capacidad de ser libres.

Actuemos, reunámonos. No para buscar culpas y culpables. Reunámonos entre generaciones, entre diferentes, mezclémonos para encontrar proyectos diferentes y novedosos. El nuestro supo ser un país de vanguardia en cuestiones tan fundamentales como en el desarrollo de su democracia, del estado de bienestar, en la literatura, teatro, fútbol y muchas áreas más. Abandonemos la triste decadencia que tan magistralmente describió Posadas hace algunos números y busquemos modelos desestilizados tales como el que propone Grompone. Admiremos los avances de algunas áreas y aprendamos de ellas. La música es un claro ejemplo. Las jóvenes bandas de rock que afloraron en los últimos años lo hicieron a base de esfuerzo pero también a fuerza de oficiar de soporte mutuo entre todas ellas. Se respetan y ''se hacen el aguante'', así crecieron todas juntas.


SEÑALES
¿Cuáles son las ''señales'' que el país debe dar y darse para asegurar un crecimiento sostenido y sostenible? ¿Cuáles son las ''señales'' más importantes para lograr el desarrollo del Uruguay?

El motivo de mi análisis pasa por atacar argumentos triviales en relación a nuestro futuro como país.

Las señales pasan por la generación de espacios donde lo público y lo privado se entremezclen (les ruego se informen sobre el Polo Tecnológico de Pando). Las señales pasan por despreciar todas aquellas empresas donde los jóvenes son menospreciados y donde sus dueños, tras el velo de la adquisición de experiencia, opacan el verdadero crecimiento de sus recursos humanos. Aprendamos sobre las nuevas tendencias de gestión empresarial, casémonos con nosotros mismos y con el mundo. Amiguémonos con las ganas de desarrollarnos y pensemos que en un mundo inevitablemente globalizado nuestra pequeña singularidad y nuestra calidad serán la más fuertes de nuestras monedas de cambio.

Necesitamos refrescarnos de urgente locura y creatividad. Está allí, en nuestros recursos humanos y en nuestra experiencia para dialogar. Tenemos los ingredientes pero nos falta decisión, nos falta la transpiración y la creación de novedosos espacios. Necesitamos cientos de polos tecnológicos como el de Pando, una urgente reforma del fútbol, incentivos para el capital de riesgo y de innovación y apoyo al micro crédito. Necesitamos una reforma de la Universidad que masifique sus ofertas para una demanda masificada. Necesitamos una Universidad flexible donde uno pueda revalidar materias y acumular créditos por todos lados. Necesitamos fomentar los desarrollos de cátedras innovadoras en áreas que el país necesita. Por ejemplo, si queremos apostar al desarrollo tecnológico y a la capacidad de innovar no sólo es necesario estimular a las empresas que se enmarcan en dichos rubros, sino también la cátedra de Derecho Telemático de la facultad de Derecho para crear un marco legal que estimule la inversión. La interconexión en el desarrollo es fundamental y lo que recién describí es un único ejemplo de lo que debe entenderse como un desarrollo decididamente integral.


UN EJEMPLO BIEN NUESTRO
Ahora que dije mis premisas, digo mis ejemplos. Ya hablé de la joven y renovada música nacional devenida en industria cultural de gran suceso y gran capacidad de generación de empleo. Hablo ahora de la industria del software, de las empresas de biotecnología, de nuestro cine y de las agencias de publicidad. Estudiemos todos estos ámbitos y veamos qué cosas tienen en común. A mi entender, al menos tres: riesgo, creatividad y reciclaje de lo aprendido en el pasado.

Pero quiero sumergirme en un ejemplo bien cotidiano, que nada tiene que ver con mi área de estudio (Ciencia Política) pero al cual observo como fanático en decadencia: el fútbol. El fútbol nos inspiró, nos enorgulleció, determinó nuestro estado de ánimo e inundó conversaciones. Todo eso se perdió. Hundidos en la más baja mezquindad, olvidándonos de las reglas del juego y sin capacidad de gestionar siquiera un mísero campeonato nacional, ahora somos el ejemplo de todo lo que no hay que hacer. Supimos hacerlo bien pero no entendimos que el mundo cambió. Ahora, para volver a crecer hay que dejar la fe en la naturaleza (analogía válida para todo lo que nos traba) y entender que el valor agregado determina el éxito de un proyecto sustentable.

Hasta que los jugadores, los empresarios y dirigentes no entiendan que en el largo plazo su destino está totalmente determinado por el éxito de todos ellos juntos, el deporte nacional seguirá siendo la telenovela deportiva. La preparación para la alta competencia y la buena gestión administrativa generarán círculos virtuosos. Hacia el jugador, quien partirá rumbo a Europa sabiendo lo que es un estadio Morumbí repleto y entendiendo lo que significa la alta competencia. Hacia el club, que podrá ganar prestigio, la ilusión de sus hinchas y mayores ingresos por la venta de sus mejor cotizados jugadores. Y, ni que hablar, hacia el contratista, quien seguirá reproduciendo su dinero de manera constante.

Este ejemplo trivial y seguramente presentado de modo excesivamente lineal pone en evidencia mis premisas: coordinación, reciclaje, creatividad. Es decir: comunicación, innovación y locura. Llegó la hora de trabajar en equipo, deshacer todo y volver a repartir. Comuniquemos creativamente espacios no a priori relacionados ¡Claro que respetando las reglas de juego! ¡Claro que siendo responsables en materia macro económica! ¡Claro que poniendo la casa en orden! ¡Pero ya que estamos, cambiemos algunas cosas de lugar!


* Fernando Rosenblatt es Licenciado en Ciencia Política


Revista Dosmil30.
© Todos los derechos reservados

[email protected]