Por Daniela Vairo
La integración política progresista

En la XXVIII Reunión del Consejo del Mercado Común realizada en Asunción en junio de este año, Uruguay asumió la presidencia pro tempore del Mercosur. Por tanto, parece relevante analizar cuáles son los proyectos y perspectivas de la izquierda uruguaya en cuanto a nuestra inserción política regional.

¿Qué proyectos tiene el Frente Amplio al respecto? ¿Han cambiado desde su fundación a la actualidad? ¿Cuáles son los márgenes de acción existentes?

El escenario regional actual se presenta como de cooperación política, al menos en relación a ciertos temas básicos. Tanto Lula, como Vázquez y Kirchner, presentan concepciones que pueden ser catalogadas como ''de izquierda'' (aunque más claramente en el caso de los dos primeros). Particularmente, esto es evidente en cuestiones como derechos humanos (la temática de los desaparecidos aparece como un punto en común con el gobierno argentino), la problemática social, la postura ''anti-norteamericana'' (anti-Alca por ejemplo). A este clima regional se suma el proyecto político del presidente Chávez de integración latinoamericana.

Sin embargo, al ahondar un poco en las realidades particulares observamos que cada uno de los países del Mercosur se inserta en el bloque de un modo diferente. Brasil y Argentina se presentan como los actores de peso, disputándose entre sí el rol hegemónico en la región. Brasil es histórica y culturalmente un país con tintes imperiales, de país líder. Argentina compite contra ese poderío, caracterizándose por presentar posturas políticas de tipo nacionalista, por lo que se torna frecuentemente dificultoso conciliar los intereses de estos dos gigantes regionales.

En este contexto se enmarca un Uruguay que, desde sus orígenes como nación independiente, es cuestionado en cuanto a su viabilidad. Cuando comienzan los acercamientos entre Argentina y Brasil, previo a la firma del Tratado de Asunción, Uruguay se mantuvo prudentemente alejado. Fue posteriormente que comienza a integrar las negociaciones. Esta ''incomodidad'' se ve reflejada en la actitud de los sucesivos gobiernos democráticos en nuestro país, los cuales han colocado el foco de atención en lo estrictamente económico y comercial del acuerdo, y, en algunos casos, aludiendo explícitamente a la inconveniencia de profundizar el llamado Mercosur Político.

Por esto es que, como señalan Caetano y Pérez Antón, cuando una nación decide integrarse: '' (...)la nueva ciudadanía requiere (...) contenidos tan relacionales como los símbolos (...), las memorias sociales (...), las efemérides (...), los lugares de solidaridad emocional (....). Ninguno de estos contenidos se afirma fuera de las transferencias múltiples entre Estados y Sociedades civiles, entre individuos y corrientes de opinión, entre intelectuales y portadores de cultura popular...'' (Caetano, G. y Pérez Antón, R. (2001): ''La consolidación institucional del Mercosur: el rol de los parlamentos'', pág. 139, Clacso, Bs. As).

En este sentido, es importante tomar nota de los problemas que ha tenido la aprobación plebiscitaria de la Constitución Europea. Debería estar claro que una identidad común no se construye desde las cúpulas políticas de gobierno, sino que se debe ''convencer'' a la ciudadanía.


¿TRES IZQUIERDAS?
Llegamos a una instancia en que valdría preguntarse: ¿qué izquierda presidirá el Mercosur durante los próximos seis meses?. ¿Es la izquierda de los tiempos fundacionales o es una izquierda más templada, moderada? La respuesta a esta pregunta se puede encontrar siguiendo el análisis de Garcé y Yaffé (''La era progresista'', Ed. Fin de siglo. Montevideo), que divide programática e ideológicamente a nuestra izquierda en tres etapas principales: la de la ''izquierda frenteamplista'' (fundacional), la de la ''izquierda en transición'' (posdictatorial), y la de la ''izquierda progresista'' (que tiene como mojón clave la creación del Encuentro Progresista en 1994).

Ya intuitivamente podríamos decir que el proyecto de inserción regional de la izquierda actual es completamente distinto al de aquella izquierda fundacional, fuertemente ideologizada, más ligada a lo revolucionario, socialista; una izquierda internacionalista, fuertemente antiimperialista, y alineada con las teorías dependentistas en boga. Aquella fue una izquierda que no se planteó la cuestión de la integración regional en el sentido dado actualmente. Sus bases programáticas plantean contenidos que parecen bastante incompatibles con la intención de embarcarse en un proceso de integración (como las estatizaciones y nacionalizaciones y el control del comercio exterior, para citar algunos postulados básicos de esta izquierda).

Sin embargo, la postura de la izquierda uruguaya fue cambiando, al tiempo que el mundo también iba mudándose. Caía el Muro de Berlín, el Estado de Bienestar mostraba síntomas de crisis, la globalización se hacía cada vez más evidente. Esta izquierda transicional comienza moderar sus postulados. Sin embargo, todavía en el año 1991, en el II Congreso Ordinario del Frente Amplio hacen referencia a su ''apoyo crítico al Mercosur'' (op. cit.), planteándolo como parte de un proyecto de tipo liberal que nucleaba a los gobiernos de la región.


¿Y AHORA?
Llegamos al año 2005, el Encuentro Progresista - Frente Amplio Nueva Mayoría accede al gobierno nacional, y actualmente a la presidencia del bloque. Esta izquierda progresista, siguiendo la referencia de nuestros autores, que sigue su proceso de actualización ideológica y programática con la creación del Encuentro Progresista en el año 1994, se torna más compatible con un proceso de integración regional. Acepta las reglas del mercado, por más que intente corregirlas a través de las herramientas política económica y social.

Es una izquierda más socialdemócrata en un sentido europeo. Hay un claro replanteamiento de la temática mercosuriana entre sus postulados. Postula un Mercosur distinto al que defendieron los gobiernos anteriores, con un tinte más político, vocación latinoamericanista y anti hegemónica, principalmente en relación a EEUU. El ''otro'' Mercosur es presentado como una alternativa meramente económica, como un proyecto más global de tipo neoliberal.

En el IV Congreso Ordinario ''Tota Quinteros'' del año 2001 señalaban que: ''(...)Es necesario replantear el Mercosur desde una perspectiva de izquierda. Impulsamos un proyecto de integración regional económica, pero también social, política y cultural, para lo cual resulta necesario desplegar nuevos esfuerzos para establecer entendimientos y plataformas comunes con los movimientos progresistas de la región, propiciar la institucionalización, la democratización del proceso, y la mayor participación de la sociedad en él''.

Asimismo, analizando los discursos y documentos de la izquierda actual, notamos que se encuentra recurrente la idea de que el modo de inserción más beneficioso para nuestro país es aquel en el que aparecemos junto a los otros países de la región, como ''voz única'', frente a los organismos internacionales de crédito, la Organización Mundial de Comercio, y otros bloques o potencias (como EEUU y la Unión Europea). Aparecen nociones como la del ideario artiguista de un ''sistema americano''. Se expresan a favor de la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, compuesta básicamente por los Estados partes del Mercosur, los países de la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, y Venezuela) y Chile.

En cuanto a propuestas concretas, se postula la necesidad de continuar la institucionalización de ámbitos como el Foro de San Pablo. El objetivo es ir ampliando las áreas de cooperación entre los países miembros, trascendiendo lo estrictamente comercial y económico. Las eventuales áreas de integración van desde derechos humanos, laborales, y sociales, hasta cuestiones relacionadas con ciudadanía, medio ambiente, equidad de género, negociación de la deuda externa y lucha contra la pobreza.

Complementariamente, en el ciclo ''La transición responsable'' de octubre de 2003, al referirse al llamado ''Uruguay Integrado'', se marca la importancia de la creación de instancias supranacionales, de fortalecimiento de instituciones ya existentes como el Foro Consultivo Económico y Social, la Secretaría Técnica, y la red de Mercociudades (proponiendo la creación del ''Foro Ciudades del Mercosur'', en el que se profundizaría la complementación en lo local y cultural). Igualmente, y estableciéndose como ''la'' institución principal del proyecto de Mercosur político, se postula la necesidad de avanzar en cuanto a la conformación de un Parlamento regional.


LA REALIDAD MERCOSURIANA
Finalmente, parecería relevante realizar un breve resumen del camino recorrido hacia el Mercosur Político en los últimos años. Podríamos marcar algunas instancias fundamentales como las declaraciones de 1996 y 1997 en San Luis y Asunción respectivamente, referentes al Diálogo Político. En 1998 acontece la creación del Mecanismo de Consulta y Concertación Política, para la ''cooperación referida a todos los campos que no formen parte de la agenda económica y comercial de la integración''.

Asimismo, en Ouro Preto (2004) se da cabida a la Comisión Parlamentaria Conjunta como órgano representativo de los parlamentos de los Estados parte, el cual tiene como uno de sus cometidos elevar recomendaciones al Consejo del Mercado Común. En este sentido, también es creado el Coreper (Comité de Representantes Permanentes), presidido actualmente por el ex presidente argentino Duhalde, con el fin de fortalecer la institucionalidad del bloque.

Finalmente, en la última reunión del Consejo del Mercado Común en Asunción (junio de 2005), en la que Paraguay le dio paso a Uruguay en la presidencia pro- témpore del bloque, manifestaron ''(...) la indeclinable voluntad de avanzar hacia la conformación de un parlamento Mercosur electo por sufragio universal directo y secreto de la ciudadanía (...).''

Al parecer, la viabilidad o no de este proyecto de integración de largo alcance dependerá de la capacidad de los gobernantes de coordinar y cooperar aprovechando la sintonía política reinante, y de su habilidad para integrar a la sociedad en este proceso.


Daniela Vairo es estudiante de Ciencia Política, FCS, Udelar


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