Por Damián Geisinger
Una batalla a ganar
18.08.2006
Dos mil (con letra), treinta (con número) arroba espectador punto com punto uy, está siendo una marca registrada en las mañanas domingueras de la 810.

Ya son cinco los programas emitidos y el próximo domingo el tema será ''modelos de desarrollo''. Sobre el particular ya han escrito en estas páginas Alberto Couriel, Luis Porto, Juan Grompone e incluso en este número Héctor Tajam y María Dolores Benavente están aportando sus opiniones.

Con la participación en estudios de Miguel Brechner, presidente del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu), Alberto Nieto, director del Polo Tecnológico de Pando y Juan Grompone, director de dosmil30, el domingo 13 el tema abordado fue ''Entre la vaca y el byte'': un ejercicio de debate acerca de un modelo productivo basado en la tecnología, ponderando ventajas y desventajas del país frente a un escenario de una economía con ese sustento.

A falta de ingenieros Brechner y Grompone lo son- también opinaron la presidenta de Antel, María Simón y Nicolás Loeff, quien realiza actualmente un PhD en ingeniería eléctrica en la Universidad de Illinois.

La necesidad de forzar la incorporación a la cultura empresarial uruguaya de la tecnología -que no se da espontáneamente más que en casos aislados- a través de políticas públicas si uno es muy ambicioso- o de emprendimientos como los del Latu o el Polo Tecnológico, fue la principal conclusión a la que arribaron los panelistas.


BIO Y NANOTECNOLOGÍA
Para Grompone no hay dudas que el futuro está asociado a la biotecnología, fusión de la industria del software y las ciencias biológicas. ''El genoma humano es software'', recordó el especialista, y Uruguay en su opinión- debe mirar al 2030 a través del cristal de este tipo de tecnología.

El primer paso para esto, advirtió, es ''no demonizar'' a la biotecnología, porque cada vez que alguien habla de ella en Uruguay inmediatamente surge el fantasma del ''Uruguay natural'', como una especie de prohibición de tocar los productos naturales, ironizó. Como ejemplo de lo que puede aportar la ciencia a la naturaleza y citando un artículo de la ''Business Week'' (www.businessweek.com), Grompone resaltó que una de las grandes novedades científicas es una chiva que, al ser ordeñada, produce una de las hormonas humanas más complejas.

Nieto fue incluso más contundente y dijo que debemos estar preparados para enfrentar un fututo de nanotecnología. La nanotecnología es el estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a nano escala, y la explotación de fenómenos y propiedades de la materia.

Según su opinión, la primera ola de desarrollo del conocimiento fue la tecnología de la información, ola que el Uruguay ''perdió hace mucho rato''. La segunda es la biotecnología, que ''habría que correrla de atrás porque estamos realmente muy atrasados''. La apuesta entonces, explicó Nieto, debería ser hacia la nanotecnología, de forma que la gente, y no solamente los científicos, pueda aprovechar las ventajas que nos puede dar esta nueva ola.

Para ello, fundamentó, debemos diseñar un plan estratégico que nos muestre donde estamos parados, aprovechando nuestros recursos humanos y nuestro capital intelectual y conociendo las limitaciones que tenemos en materia presupuestal frente a otros agentes.

A su turno, Brechner sostuvo que hay que aprovechar los avances en materia de bioinformática, área en la cual el país cuenta con gente ya capacitada, una industria informática estable y en crecimiento y una formación científica que podría mejorar.

La clave para el desarrollo tecnológico debe ser la especialización: en el mundo que nos movemos ya no sirve saber de todo y hacer de todo; necesitamos unificar esfuerzos en áreas específicas, definidas como parte de un plan estratégico, enfatizó.

Hoy deberíamos pensar en aplicar la bioinformática para desarrollar la industria de la madera, ya que tenemos un importante inversor extranjero en ese rubro, añadió Brechner. Y si mañana viene otra multinacional a invertir también debemos aplicar nuestro esfuerzo en esta materia para aprovechar el empuje que nos pueden dar estas inversiones, insistió.


LA CARRETERA DE LAS COMUNICACIONES
Las telecomunicaciones juegan un papel fundamental en el progreso tecnológico de los países, opinó por su parte Simón. Éstas son comparables a las redes viales: ninguna industria puede prosperar si no tiene carreteras por donde sacar sus productos. De igual manera, apuntó, las telecomunicaciones son una infraestructura habilitante y necesaria.

Un componente que se debe considerar como una apuesta a futuro en el país productivo es la inversión en educación, en tecnologías relacionadas con la información, su trasmisión y su manejo en general, expresó la presidenta de Antel. En este sentido, la empresa estatal de telecomunicaciones está haciendo su aporte a través de convenios con Anep: el 50% de los centros de enseñanza públicos está conectado a Internet a costo de Antel, como una acción de ''responsabilidad social''.

Para Loeff, en tanto, el Uruguay debe trabajar sobre dos aspectos: el primero es el impulso del espíritu emprendedor; la avidez por probar cosas nuevas, arriesgarse. Sobre este aspecto, apuntó, la Universidad debería cumplir un papel fundamental.

También se necesita una infraestructura de capital de riesgo. Según Loeff, ninguna empresa tecnológica basó sus primeras investigaciones en financiamiento con fondos propios, ni con préstamos bancarios. Todas empezaron con un inversor de riesgo que puso el dinero sabiendo que nueve de cada diez proyectos fracasan; pero ése que resulta exitoso marca la diferencia, opinó.

El segundo aspecto está relacionado también con el capital humano y con los muy buenos profesionales que hay en nuestro país. Al igual que Brechner, Loeff sostuvo que el éxito está basado en la especialización. Para ello deben desarrollarse cada vez más los doctorados y el aprendizaje continuo, precisó.

Hay quienes entienden que en un país históricamente ganadero la batalla del desarrollo apuntando hacia el progreso tecnológico está ganada, pero ni siquiera los más optimistas a este respecto tienen claro cómo implantaremos dicho modelo de aquí al 2030.

Parecería que el Polo Tecnológico, el Latu y Antel sí tienen en mente un plan estratégico para contribuir en ese camino. Seguramente otras empresas y organismos públicos también. El objetivo es extender hacia todo el mercado esta idea.


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