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11.03.2010 11:29
No es cuestión de plata Las recorridas como las que, acompañado por los dirigentes de Alianza Nacional, estoy realizando a lo largo y a lo ancho del departamento de Montevideo, permiten comprobar que ya no somos la Suiza de América, que ya no somos el campeón de Maracaná.
He visitado en estas semanas numerosos barrios, típicos de la tradicional clase media que hizo estable y ejemplar a la democracia uruguaya, y que se han venido abajo por responsabilidades a esta altura indudablemente compartidas por todo el sistema político, que se ha sucedido en los gobiernos nacional y municipal. También he recorrido asentamientos que se han vuelto regulares, otros que tienen todas las condiciones para serlo ya mismo, y otros que jamás podrán serlo. Algunos tienen décadas de existencia pero es indudable que el fenómeno se ha vuelto exponencial en tiempos más recientes. La responsabilidad es compartida porque no nos hemos permitido ir lo suficientemente lejos en materia de políticas públicas, hemos sido conservadores en el peor sentido de la palabra. Y también porque a nivel municipal ha habido muy poca vocación por la toma de decisiones. Lo peor del caso es que no se trata de una cuestión de dinero, o al menos sólo de dinero ni de mucho dinero. En todo caso, se trata de un problema de falta de capacidad de decisión. De otro modo no se entendería cómo es frecuente ver columnas de alumbrado público a las que les faltan las lámparas desde hace años, espacios verdes en los que uno imagina canchas de fútbol, hamacas, toboganes y bancos de plaza, donde los vecinos podrían juntarse a conversar y a tomar mate al fin de la jornada de trabajo. Y en cuyo lugar hay pastizales, basurales y roedores. E inseguridad. Yo no soy de los que creen que todo tiempo pasado fue mejor y no sueño con que mi país vuelva a ser la Suiza de América ni el campeón de Maracaná. Si tuviera que elegir un modelo no elegiría hoy a Suiza, sino, como el Presidente Mujica, a Nueva Zelanda o Dinamarca. Y si hablamos de un departamento y de una ciudad pienso más en modelos cercanos, como la provincia de Santa Fé, con un sistema de atención a la salud que me produce sana envidia, o la ciudad de Curitiba, donde el sistema de transporte es de primer mundo. Pero, definitivamente, desearía volver a ver a los barrios que visité en estas semanas para verlos como un día lucieron, cuando fueron construidos. Y sueño con que los asentamientos regularizables sean tan barrios como ellos y que los no regularizables, una vez relocalizados, también puedan alcanzar esa situación. Quiero que despertemos, montevideanos, y que el despertar aliente nuestro sueño. %%Noticias_asociadas_INI%%
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