Pedro
Bordaberry
 

Abogado y político, fue ministro de Turismo y de Industria en el gobierno de Jorge Batlle y candidato a la Intendencia de Montevideo por el Partido Colorado en 2005. Líder de "Vamos Uruguay", fue electo senador en las últimas elecciones y es el presidente del CEN colorado.

 
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15.11.2007

El Cardo del Río Uruguay

El conflicto con Argentina se parece al cardo tártaro de la novela de Tolstoi. Este espino crece en Chechenia y cuando uno trata de arrancarlo de la tierra sufre profundas heridas en las manos, empieza a sudar sin parar y el cardo resiste.

Los últimos en lastimarse con nuestro conflictivo cardo litoraleño son el rey de España y su facilitador. Durante meses trataron de lograr un acuerdo entre Argentina y Uruguay y acaban de terminar sus tareas con pena y sin gloria.

Claro que la culpa no es de ellos únicamente. Ni Uruguay ni Argentina hicieron un gran esfuerzo para encontrar una salida. Al final del día todo terminaba con un "esto se arregla en La Haya".

La victoria de Cristina Fernández en las elecciones argentinas y sus primeras declaraciones parecieron alentar las posibilidades de un acuerdo. La señora, con una franqueza y realismo que no tiene su marido, reconoció que la planta de Botnia funcionará y que si no contamina deberá aceptarse.

Palabras alentadoras para nuestro país pero que producen sensaciones encontradas al provenir de la esposa del actual Presidente de la República Argentina.

Néstor Kirchner ha sido duro e impiadoso con el Uruguay durante todo su mandato. Cuesta creer que ese discurso público tan fuerte del marido no haya sido compartido en la alcoba matrimonial.

De ahí las dudas que provocan las palabras de la Presidente electa. Un poco por aquello de que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía.

Sin embargo, la historia argentina esta plagada de mujeres que influyeron de manera decisiva en la política y en especial en sus maridos. Desde Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas, pasando por Eva Duarte y Domingo Perón, Isabelita y el mismo General Perón, y más recientemente Chiche Duhalde y su marido Eduardo.

Pese a las declaraciones de la nueva Encarnación, el cardo tártaro del conflicto sin embargo parece firme.

Desde este lado del río ya nadie parece querer acercarse públicamente a él, salvo el Presidente de la Republica. El canciller no quiere lastimarse más por lo que ni siquiera habla del conflicto. La persona a quien se le encargó su solución, el secretario de la presidencia, Gonzalo Fernández, permanece en silencio. El que si lo hizo la semana pasada y se lastimó mucho más que las manos fue el Arquitecto Mariano Arana.

Los desaciertos han ido minando la solidez de nuestra posición inicial.

La aventura de una demanda cautelar ante La Haya que terminó siendo rechazada fue el primer error grave. Aquellas declaraciones de hace un año del Presidente en Chile, que luego rectificó en Caracas, el segundo.

El episodio de la semana pasada fue doblemente equivocado. Primero cuando se aceptó el pedido del canciller Moratinos de dilatar la autorización de funcionamiento de la planta. Después cuando se reaccionó ante la provocación del Presidente Kirchner en Santiago y se le contestó con la autorización que se había comprometido dilatar hasta después de la cumbre.

Cuando el rey pidió que se pospusiera la autorización se le debió explicar que en el Uruguay cuando alguien cumple con la ley se le autoriza. Pero una vez que se aceptó que no haría esto, Uruguay no debió cambiar de opinión por enojo con Kirchner.

La escalada que estamos viviendo con la Argentina amenaza ya con cosas graves. Los componentes son explosivos: prepotencia e intolerancia del lado argentino e impericia diplomática de este lado del río.

Se corre el riesgo de terminar como las manos de quien quiere arrancar el cardo tártaro.

Quienes tienen experiencia saben que no se puede arrancarlo tirando para arriba. Conviene hacer pozos alrededor del mismo, introducir una pala debajo de la planta y sacarlo con tierra y todo.

Eso es lo que hay que empezar a hacer para solucionar el conflicto. No poner el énfasis en parar la planta o levantar el corte de los puentes. Hablar de otras soluciones como el monitoreo, el abandono del Mercosur, o la no contaminación.

Como lo acaba de señalar la Sra. Fernandez. Su primer intervención fue certera. Hizo un buen pozo alrededor del conflicto. Dijo que "si la planta funciona y no contamina, hay que aceptarla".

Lógica pura e imposible de contrarrestar. Lo mismo, con otras palabras, debimos repetir de este lado del río: "si la planta funciona y contamina no la aceptaremos".

Con lógica y sentido común se puede arrancar de raíz este conflicto.

De la otra forma se seguirán lastimando quienes se acerquen a el, ya sea el rey de España, Gonzalo Fernández, Mariano Arana, Reinaldo Gargano, Néstor Kirchner, Jorge Busti o Tabaré Vázquez.

Y el cardo resistirá.

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