

Oralidad, impacto de imágenes que acusan vanguardismo, sutil maestría en el manejo del tiempo narrativo, de la peripecia y de la sorpresa, todo esto dibuja la narrativa de Francisco “Paco” Espínola (1901-1973) estampada con nitidez en sus primeros cuentos reunidos en el volumen Raza ciega (1926). Luego, la tierna voz de un hombre que elevó la ternura al estatus estético se consagró en Saltoncito (1930), escrito para los niños pero saboreado por no pocos adultos.
En 1933 reavivió el aplauso de la crítica y del público con la novela Sombras sobre la tierra; años más tarde retomó la práctica del cuento, registro en el cual fue admirado y destacado como un maestro por los integrantes de la llamada “generación del `45”, entre ellos Mario Benedetti, y dio a conocer Las ratas (1945) y El rapto y otros cuentos (1950).
Espínola vivió la literatura como parte de su compromiso con su sociedad y su tiempo. Su familia provenía de filas del Partido Nacional. De niño, había escuchado de boca de su padre las hazañas de su abuelo en las campañas de 1897 y 1904 acaudilladas por Aparicio Saravia. Su convicción democrática lo impulsó a enfrentar con las armas la dictadura de Gabriel Terra (1933-1938) y en 1935 fue hecho prisionero durante la acción de Paso Morlán.
Las letras y la enseñanza absorbieron sus energías: fue cronista de teatro en el diario El País, profesor en el Instituto Normal, en Enseñanza Secundaria y en la Facultad de Humanidades y Ciencias. En 1961 obtuvo el Gran Premio Nacional de Literatura. Además de la narrativa, practicó la dramaturgia (La fuga en el espejo, estrenada en 1937) y el ensayo sobre estética Milón o el ser del circo.
En 1968 adelantó fragmentos de lo que era su proyecto literario de mayor aliento, Don Juan el Zorro (1984), novela inconclusa que sólo fue publicada luego de la muerte de su autor merced al esfuerzo de Arturo Sergio Visca y Wilfredo Penco. La Universidad (1961) primero y la editorial Arca (1975), después, editaron sus cuentos: con sólo 17 piezas “Paco” Espínola había sabido ganarse un lugar en el escenario literario y en la atención de un creciente sector del público uruguayo.
En 1985 Ana Inés Larre Borges compiló Las veladas del fogón, y al año siguiente en la reedición de sus Cuentos completos apareció un relato hasta entonces inédito, “La Yararaca”. Espínola fue además un atento lector y crítico de la obra de Eduardo Acevedo Díaz, a quien consideraba un maestro, y del que prologó las ediciones de Ismael (1945) y Soledad (1954). En 1971 se afilió al Partido Comunista y el 27 de junio de 1973, el día del golpe de Estado, falleció. Había nacido en San José.
Daniel Vidal (Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana, FHCE/ UDELAR)
Fuente: www.patrimoniouruguay.net