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Tenés siete patologías

Las siete patologías de la izquierda uruguaya que el investigador Mirza busca superar

El profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales escribió un libro en el que vislumbra las dificultades de la izquierda nacional, no solo para ganar las elecciones, si no para saber qué hacer más allá de octubre.

21.07.2019 19:33

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2019-07-21T19:33:00
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Christian Mirza es profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de la República, y en lo últimos años tuvo una mayor exposición pública por ser el vínculo entre el ex preso de Guantánamo, Yihad Diyab, y el gobierno uruguayo. El próximo miércoles presentará el libro "Siete patologías de la izquierda", en el que señala, justamente, los problemas en los que cae una y otra vez ese sector político uruguayo y cómo superarlos, de una vez por todas.

Señala a regañadientes, en el resumen del texto que llegó a esta redacción, que la enumeración de las patologías no son una cuestión "taxonómica", y alejada de él mismo, porque reafirma que tiene también corresponsabilidad en lo que le haya correspondido forjar, en tanto integrante del Frente Amplio, asumiendo funciones departamentales y nacionales y teniendo más de 45 años de militancia de izquierda.

Se entiende por patología, remarca, un "comportamiento recurrente, sistemático e internalizado" que llega al punto de "hacer perder la conciencia real del malestar que genera o justificado por razones de sobrevivencia".

"Entiendo que las patologías expuestas en la práctica política de un partido deben observarse y analizarse desde una mirada crítica, considerando las "desviaciones" respecto de ciertos marcos referenciales, no sólo ideológicos sino, particular y especialmente, desde la perspectiva de los compromisos éticos", dice.

Los ciudadanos "piensan o creen" que estas dinámicas de la política son "irremediablemente inherentes" y cusi naturalizadas porque "así es la política".

La primera patología que identifica a la del "despotismo ilustrado", que "caracteriza" a la izquierda uruguaya como ninguna, dice. El origen de este problema se asocia al Iluminismo y a las teorías de las vanguardias mal entendidas o desnaturalizadas, "de las cuales todavía hay resabios".

La izquierda se ha malacostumbrado a aceptar que las voces más calificadas por mejor instruidas en el oficio del discurso y la retórica se hayan impuesto a las otras veces.

"El saber científico o técnico se erigió como un estandarte; los médicos, doctores y economistas fueron o son los privilegiados, pero también lo son los políticos privilegiados, por saber cómo hacer política, situándose por tanto por encima de ciudadanos comunes para indicarles el camino y, naturalmente, tomar decisiones por, para y en lugar de ellos", remarca.

Esto implica, "desde luego", la "imposición" de determinados puntos de vista "que no siempre son plausibles ni responden al interés de las mayorías". "Esta patología está íntimamente asociada a la soberbia, a la creencia de ser portador de una verdad exclusiva y por encima de otras verdades", define.

La otra cara del despotismo ilustrado es el "iletrado", que es otra de las patologías "típicas" de la izquierda. Esto significa el fenómeno de asumir que la izquierda es la portadora de verdades por efecto "cuasi mágico" de su poder incontratable, o por poseer una personalidad avasallante.

"La ignorancia es la fuente de inspiración del despotismo iletrado, y la soberbia es la que lo sostiene. Inevitablemente se degrada la función pública, en la medida en que todas las decisiones pasan por el filtro del déspota iletrado. La izquierda en el gobierno ha tenido y tiene dicha patología, lamentablemente encubierta en estilos personalistas y cuasi naturalizados", comenta.

El tercer problema es la "militocracia", que se resume en "quedarse en asambleas políticas hasta muy entrada la madrugada, no faltar ni los sábados de mañana, participar en el lugar donde se plasma la militancia".

"Todo ello alcanza en muchos casos para justificar o ameritar el otorgamiento de parte del botín. El principal argumento para otorgar cargos, funciones o responsabilidades en la gestión pública es en este caso premiar a quienes hayan contribuido con su accionar, sea en las campañas electorales o bien en función de una trayectoria dilatada en la fuerza política, al triunfo en las urnas".

La sensación que deja este fenómeno a los ojos de la ciudadanía es la réplica de prácticas "que históricamente los partidos tradicionales habían desarrollado sin escrúpulos", describe.

El iluminismo fundante, el nepotismo compañero, el sectarismo secular y el trastorno de identidad disociativo:

El iluminismo fundante es la cuarta patología, y Mirza señala que la izquierda ha creído que, al llegar al poder, "nada había detrás" de las historias de las instituciones, y ha aplicado el no reconocimiento de lo que los predecesores construyeron. Esto creó el autoconvencimiento de ser nuevos mesías, lo que produjo engaños y perdida de las acumulaciones pretéritas", dice.

"El iluminismo fundante no necesariamente resulta en una auténtica innovación, en la medida en que se construye desde el Olimpo del poder, a espaldas o al costado de los otros. Precisamente la ausencia de diálogo y la presunción de contar con las verdades para sí impiden examinar la realidad de las transformaciones desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras", señala.

A la quinta patología la denomina "nepotismo compañero", que es apañado por un padre o madre, un tío o un primo. Esta práctica es asumida "por efecto contagio" o tal vez por creerla "inocua o legitimada por la sapiencia de los familiares de turno en los cargos de poder".

"El problema se presenta cuando la práctica se vuelve naturalmente aceptada y homologada sin contar con las garantías de los procedimientos transparentes y objetivos. Dicha patología también ha sido consecuencia del contagio de la derecha", reafirma.

"Asimismo, la elite de la izquierda, al igual que la elite de la derecha, se encubre a sí misma, repartiéndose los cargos de manera rotativa y alternada. De modo que siempre nos encontramos con los mismos rostros que perduran en el tiempo y son funcionarios sine die, reciclados o reconvertidos, sin importar demasiado sus cualificaciones específicas para ocupar cargos cuyo único fundamento es la confianza política de parte de aquellos otros que los apañan", completa.

La sexta patología es el sectarismo secular, una "característica histórica" de la izquierda nacional: la disputa constante por la hegemonía interna.

Esto condujo, "por desgracia", a que por momentos se olvidara la "naturaleza" de la herramienta construida.

"Esta patología anida en la intolerancia y en la ausencia de respeto y consideración a la pluralidad ideológica que es característica de la izquierda. De acentuarse esta patología, conduciría a la eventual fractura", señala.

Este sectarismo proviene de la creencia de que determinado sector que constituye la izquierda "posee la verdad indiscutible en términos de comprensión, interpretación y valoración de los hechos, la historia, la estructura social, de los fenómenos sociales, de las relaciones sociales, en fin, de la vida en su totalidad".

El último trastorno es el TID (trastorno de identidad disociativo), que se define como "propender al cambio sin cambiar". O, dicho de otro modo, "producir cambios que no transforman las condiciones estructurales del statu quo que ha sido uno de los problemas mayores de la izquierda, aquí y en otras latitudes".

"Por ejemplo, ¿cuál es el modelo productivo que se impulsa hoy? Atraer nuevas inversiones extranjeras parece ser una de las estrategias plausibles que nadie discute, ni desde la izquierda ni desde la derecha, ni desde la central sindical ni desde las corporaciones empresariales. ¿Por qué? Probablemente por razones fundadas en el realismo pragmático, y obviamente porque no se manejaron otras opciones, descartadas por impracticables o demasiado osadas o arriesgadas. Desde luego, estar al frente de un gobierno conlleva naturalmente las responsabilidades adscritas a su ejercicio; por tanto, era lógicamente esperable que la izquierda actuara con mesura y prudencia en el cuidado de las variables macroeconómicas"

Conscientes del lugar en el mundo y del grado de dependencia de Uruguay, el Frente Amplio no se propuso las medidas de los 70. El país cambió, el mundo cambió, el proceso de globalización y la hegemonía neoliberal condicionaron fuertemente el margen de maniobra del país. Sin embargo, y a modo de ejemplo, las micro, pequeñas y medianas empresas, que generan más de 90% del empleo en Uruguay, han merecido programas -cuya validez y acierto no se discuten- de alcance limitado en cuanto a exoneraciones fiscales, apoyos financieros y tratamientos especiales en su lógica productiva. Asimismo, si la izquierda pensara más allá de los parámetros tradicionales y supuestamente confiables, básicamente recostados en los grandes sectores de producción (sobre todo de commodities), podría invertir con más energía y convicción en I+D, es decir, en investigación y desarrollo, siendo que de momento no parece muy relevante en el esquema general de la economía.

En otras palabras, el discurso apunta a constituir un polo de desarrollo e innovación en algunas áreas estratégicas para disminuir el grado de dependencia en varios aspectos; sin embargo, la disposición y asignación de los recursos a tales propósitos parece contradecir las intencionalidades declaradas de los gobernantes.

En síntesis, la patología que manifiesta un comportamiento de la izquierda disociado de su propio discurso ha sido y es aún un problema que exhibe las contradicciones y tensiones de una fuerza política exigida por el buen desempeño al frente del gobierno y los asuntos que no logra resolver", sentencia.

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El libro se presentará este miércoles en la Sala del IMPO, en Germán Barbato 1379, a las 18.30 horas. Comentarán el trabajo la senadora del Frente Amplio Mónica Xavier y el politólogo Daniel Chasquetti.