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La creadora de “¿Qué tenemos los pobres en la cabeza?”, desarticula el mito de la “meritocracia”

“Ninguno de los pibes que salían conmigo a buscarse el morfi está hoy donde merecería estar, en base a su sacrificio”.
11.10.2018 13:38
2018-10-11T13:38:00

Mayra Arena nació "en una de las villas más pobres de Bahía Blanca", según ella misma reconoce, y encaja en todos los estereotipos conocidos de la pobreza. Creció en un hogar carente de algo tan básico como un baño, abandonó los estudios a los trece años y fue madre a los catorce.

Recientemente fue protagonista de una charla TEDX en su ciudad natal, y se ganó el aplauso de todos. Con un lenguaje, simple, Mayra ofreció una visión desde el interior de la marginación, apuntó a las causas de esas características tan "molestas" que esta tiene para las personas de clase media y alta: son vagos, viven de planes sociales, se compran ropa que está fuera de sus posibilidades, son violentos, etc.

La difusión de esa conferencia la convirtió en una suerte de celebridad contra su voluntad, y se ganó invitaciones a numerosos eventos culturales. Esta semana participó de "Yo Pienso", organizado por el periódico local Río Negro.

En esta nueva charla, Mayra puso bajo la lupa un concepto muy en boga en los últimos tiempos: la meritocracia. Desde un controvertido anuncio de coches hasta la oratoria de algunas celebridades, la meritocracia supone que en términos generales que cada uno tiene lo que se merece, y que si no alcanzó determinadas metas materiales o profesionales, es porque no le puso suficiente esfuerzo al asunto.

En su alocución, Mayra deja en orsai a los defensores de esa postura, ya que ella misma puede ser considerada una meritócrata, pero se desmarca deliberadamente de semejante rótulo.

"Muchas veces me elogian mis supuesto logros, pero el único fue haber salido de la pobreza. Si me elogian tato debe ser porque realmente es muy pero muy difícil", cuenta Mayra, luego de enumerar los numerosos hándicaps con los que cargan los que nacen por debajo de la línea de pobreza, desventajas que surgen incluso antes de su llegada al mundo.

"Ninguno de los pibes que salían conmigo a buscarse el morfi hace veinte años, está hoy donde merecería estar, en base a su sacrificio", afirma.

Hacer algo por los pobres no es hacerlo por ellos, sino por un país más justo, menos violento, menos desigual", subraya Mayra, antes de recordar una obviedad que para algunos no parece tan evidente: "nadie se merece dormir en la calle o comer de la basura".

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