Cultura
La historia según Suárez

Con el músico Maxi Suárez, que acaba de publicar “Naif”, su nuevo disco

“En una etapa dejás de pensar en la noviecita perdida y empezás a ver qué te está pasando a vos, y alrededor de vos. De dónde venís”.
01.01.2019 15:40
2019-01-01T15:40:00

En "Hoy es historia", las voces de Maxi Suárez, Fernando Cabrera, Eduardo Galeano, Jorge Pacheco Areco y Alberto Candeau se amalgaman en una pieza de pop groovero y milonga, para repasar la peripecia uruguaya desde Hernandarias hasta hoy. En "Naïf (La calma de los años)", Suárez y Martín Buscaglia ironizan, sobre una musiquita amable, sobre los últimos años en clave personal.

Naïf [Bizarro, 2018], nuevo trabajo de Maxi Suárez, es cualquier cosa menos inocente. Tecladista, compositor, cantautor, productor y músico a tiempo completo, se tomó un buen tiempo para alumbrar esta obra, digamos que conceptual, donde cada canción funciona como pieza de un engranaje pero también resiste en su individualidad.

*

Hablemos de Naif. Pasó un rato largo desde tu trabajo anterior. ¿Te molesta que pase tanto tiempo entre un disco y otro, o no le das importancia? Porque vos sos músico, pero no vivís de los discos.

No. ¿Quién vive de los discos? Yo arranqué en el 94, y no hice otra cosa que música. Viví toda la vida de la música. Produciendo muchísimo para otra gente, haciendo publicidad en el 2002, cuando no había nada para hacer, pasé por la música para películas, de todo. Lo que pasa es que, como me gusta hacer todo, de todo, en todas las áreas, y me formé bastante para eso, es difícil y cansador arrancar una carrera solista. Sobre todo una carrera con una propuesta extraña para el medio. El primero de mis discos es del 98. No había pianista cantante pop en Uruguay. Tenías todo del otro lado: Charly, Fito, toda esa camada. Somos muy pocos en Uruguay. Está Dany López, Gastón Ackerman, en esa veta pop-rock, muy pocos. Herman Klang, en ese entonces, estaba con Malena Morgan, otra cosa.

Bueno, Estela Magnone.

Sí, pero es otra cosa. Y tenés a Hugo, a Alberto Magnone, pianistas miles. Luciano Supervielle. Maslíah. Pero es otra cosa. Ellos en su universo maravilloso, único. Leo es único, y creo que Herman es quien le puede llegar a seguir el pie, pero después no había un tipo de música como la que yo planteaba. Yo quería hacer rock, Charly. Luciano, desde un lado más hiphopero... Todos teníamos esa influencia, pero frontman pianista, no había. Y fue muy difícil entrar al principio.

También es cierto que el pop, en esa época, no estaba bien visto por el público del rock.

Sin duda. Igual vi a muchos escuchar a Phil Collins o Sting medio a escondidas. Pero había como un carril paralelo. La difusión también estaba difícil. Yo no toco otro instrumento que no sea el piano y todo lo que tenga que ver con máquinas. No puedo estar en una ronda de boliche y tocarme un tema. No hay un piano en el campamento. El instrumento te restringe muchísimo. La infraestructura de llevarte un aparato, por lo general bastante grande... Siempre hay una viola en la vuelta. Este es un país de guitarristas y bateristas. Y compositores guitarristas. Eso implica una movilidad técnica muy grande, también. Vos llevás las canciones para cualquier lado. Al tecladista se le complica muchísimo eso.

¿Y entonces?

Entonces eso implica, también, una instancia entre tiempos de general materiales y esas cosas.

¿Pero viene la inspiración y componés 12, 15 canciones, o te tomás 10 años para hacerlo?

No, se van acumulando. En 2002 hicimos un disco con máquinas y cosas, que ya saqué de circulación porque quedó medio obsoleto. Hay algunas cosas que las toco en vivo, pero quedó en el medio. En un limbo que no es ni vintage ni moderno. Tiene un sonido que hoy no está bueno. Capaz que más adelante...

Cuando sea vintage...

Cuando sea vintage. Y Amor bizarro [2011], que fue un disco pensado en su totalidad, una cuestión conceptual, tuvo un laburo en cuanto a la búsqueda de los temas, el orden. Lo trabajamos con una camerata de cuerdas, la Camerata Montevideo. Está inspirado en el cine negro de la década del 40, tiene una continuidad, un camino de la oscuridad hacia la luz, como un homenaje al Dante. Y esto, Naïf, es otra cosa.

¿Hay un concepto?

Sí, un discurso.

Porque tiene muchos temas. No canciones sino tópicos, y no son naif.

Bueno, ahí está el guiño. Hay una etapa en la que dejás de pensar en la noviecita perdida y todo lo demás, y empezás a ver qué te está pasando a vos, y alrededor de vos. De dónde venís. Sos causa de algo que no solamente depende de tu propia historia, sino del contexto en que vos te creaste. Te creaste y te criaste. Cosas pendientes, que me afectaban. Hubo muchísimo laburo de texto, muchísimo. Creo que hubo más laburo de texto que de otra cosa. La ventaja que tiene un solista frente a una banda, es que el solista tiene la libertad de hacer lo que quiera. Yo soy todos esos temas que están ahí.

También es una responsabilidad, porque si la cagás, la cagás vos solo.

Sí, claro. Igual lo hablamos con el sello. No es un disco para la industria. No es mainstream. Sabemos que hay recetas, por más que la industria local sea pequeña.

Ese discurso que decís está sembrado de caricaturas... ¿Había rabia, mala leche?

No, no había mala leche. Burla jamás. Caricatura con mucho respeto.

Son temas duros los caricaturizados. Hablar de historia nacional desde distintos ángulos...

Sí. lo hablábamos con Martín [Buscaglia] cuando lo estábamos haciendo, y estaba copado porque los dos teníamos ese lado naif, pero en realidad no somos nada naif. Podemos trabajar un poco con eso, pero Martín es un tipo súper inteligente, más allá de su talento, con una cultura tremenda, nuestros padres eran muy amigos, y entonces venimos de un lugar muy común, de una historia de cabeza educativa, de alguna manera. Aquel hombre nuevo que no sé si algún día llegó a gestarse, pero era el camino. Sí, hay una cabeza. Quizá el tema "Naif (La calma de los años)" es la versión adaptada de "Hoy es historia" a una historia personal. En el primer track hablamos de todo lo que pasa en Uruguay, desde la fundación de Montevideo, no hay nada nuevo. Igual está bueno en el tema del planteo porque una frase puede tener muchas interpretaciones, y cuidamos mucho eso. Para tratar de abarcar todo lo que se pudiera, y por respeto al tema que hablamos, más allá de la caricatura.

Llama la atención que un artista diga que tiene cuidado con una frase que puede tener muchas interpretaciones, cuando, por lo general, se trata de no tener cuidado, de que cada uno entienda lo que le parece.

Sin duda. No por mí, sino por el texto. Yo banco lo que venga. De hecho, hay un tema que habla sobre los desaparecidos al que le pongo el pecho. Lo planteo en primera persona. Soy yo. Lo otro no. Lo otro es un respeto con el texto, evitando los golpes bajos y berretas. Primero porque no soy la persona indicada, y segundo porque no va a la esencia del texto. Estamos hablando de una especie de viaje caleidoscópico medio lisérgico, en el que vos pasás desde la fundación de Montevideo hasta hoy.

Con generalizaciones...

Con generalizaciones, también.

No es una mirada microscópica sobre Sarratea...

Por supuesto. Y aparte, mi idea era hacer un pantallazo general. Después, el tipo que quiera saber quién era Sarratea, quién era Ramírez, quién era Lecor, que vaya y se fije. ¿Qué pasó y qué incidencia tuvo y tiene todavía en lo que somos nosotros? Capaz que sí. capaz que todavía sí.

Ahora, ¿Qué te pasó a vos como persona, como ser humano, entre 2011 y 2018, entre esos dos discos? ¿Qué hizo que pasaras de un disco conceptual en homenaje al cine noir a un trabajo que no es inocente, está lleno de ironía, que no tiene mucho que ver con el anterior?

No tiene nada. Igual lo siento como una evolución de Amor bizarro. En el medio pasaron muchas cosas. Desde la paternidad, que te hace replantearte las cosas, todo lo que pasa. Con Sebastián Casafúa coincidimos en que es el acto de humildad más grande que te puede llegar a poner por delante la vida, que te corre para un costado y vos dejaste de ser el centro del mundo. Y sobre todo, la interacción del medio, del mundo. Te empiezan a preocupar las cosas del mundo, porque vos te vas a ir en algún momento, y el guacho va a tener que seguir. Siempre me acuerdo de Milan Kundera cuando hablaba de la inmortalidad. En la historia de la humanidad, los grandes líderes han buscado eso, que la historia no los olvide. Sin embargo, la verdadera inmortalidad, el vencer en la guerra contra la mortalidad, es el ADN, perpetuarse en la idea de los que vienen. No son los monumentos, son las ideas, las personitas que quedan. El ADN también. Son los hijos.

¿Y las canciones no?

Las canciones tienen que ser muy buenas. Eso ya no depende de uno.

Las canciones de Lennon y McCartney son más famosas que sus hijos...

Sí, sí. Es una lástima, porque Julian tiene unas cosas interesantes. Pero las canciones no dependieron de los autores. Me parece que hay que sacarse un gran peso de encima ahí. Vos hacés las canciones, después, a liberarlas. Si la gente las toma, las absorbe para su cultura personal, y después pasan a formar parte de una cultura universal, es lo mejor que te puede pasar en la vida. Pero ya no depende de vos. No creo que nadie haga una canción pensando en dejar huella. Me parece que es un peso demasiado grande ese. No va a funcionar. No depende de vos, depende del contexto histórico, sociocultural, económico, que venga Brian Epstein...

Y del culo que tengas.

¡Y del culo que tengas! Y depende de mucha gente, no de uno solo. Eso es lo que no se entiende. Mirá "Amor profundo", que es una canción hermosa. ¿Qué hubiera pasado si no la agarraba Jaime? Jaime tiene una capacidad de masificar que ni Mandrake ni yo tenemos. Por más que me guste más la versión de Mandrake. Son genios los dos, absolutos. Está buenísimo no compararlos. Hay una complementación total, y uno ayudó al otro, pero no depende de uno, y está bueno que pase así. Uno ve cuando pone el corazón en la canción, y está desgarrado, y es un salvavidas. Si hay arte ahí se va a notar en algún momento. ¿Pero cuántos escritores olvidados hay? ¡Miles! ¿Cuántos cancionistas, que ni siquiera sabemos quiénes son? Baglietto ha hecho decenas de canciones de tipos que la gente no tiene idea de quiénes son. Adrián Abbonizzio, Jorge Fandermole, toda la movida rosarina. Hay que liberar a las canciones. Llega un momento en que ya no son de uno.