Ajedrez para todos

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Bernardo Roselli: "El ajedrez rápido es un poco chatarra, porque se vuelve más azaroso"

El maestro internacional de ajedrez asegura que a los torneos todavía les falta el ambiente familiar: "Tiene que ser agradable (...) de esa forma se genera comunidad"

12.04.2021 11:58

Lectura: 10'

2021-04-12T11:58:00
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Bernardo Roselli es maestro internacional de ajedrez, presidente de la Federación Uruguaya, docente y múltiples veces campeón nacional.

Continuación de la entrevista cuya primera parte podés leer acá.

Por Juan Andrés Topolansky

¿Qué lugar tiene el ajedrez pensado de acá a 15 o 20 años? ¿Todas las partidas van a terminar siendo blitz y rápidas?

 En un momento va a ser todo blitz y rápido, pero los torneos pensados van a permanecer como algo de calidad. Con el avance de la tecnología va a haber que controlar bien que la gente no haga trampa mediante audífonos o chips. Nunca van a desaparecer los torneos pensados porque el ajedrez de calidad nos gusta a todos. Sí va a haber mucho ajedrez rápido y blitz, porque la gente va a tener menos tiempo.

Sucede en muchas disciplinas. Hace muchos años comenzó la comida rápida y la chatarra, pero no dejó de haber restaurantes de calidad. Y el ajedrez rápido es un poco chatarra, porque se vuelve más azaroso.

Siempre habrá alguien que disfrute leer 1.500 páginas de un ensayo de Kant. Pero pensando en vender un contenido por TV o internet, que la gente lo mire y lo comente, ¿la solución no es el blitz, aunque el nivel de juego sea peor?

Cuando uno mira golf, uno no mira todo, porque el tipo golpea la pelota y después tiene que caminar un rato. Lo que hacen los resúmenes de golf es ir saltando de una jugada a la otra. El detalle es que una disciplina como el golf es muy fácil de entender. La pelota entra o no entra, más allá de detalles técnicos que muy poca gente entiende.

En ajedrez todavía no hemos logrado comunicadores que sepan poner las palabras en los oídos de los neófitos. Yo tengo ciertas discrepancias con la FIDE [Federación Internacional de Ajedrez] porque ellos suelen querer ser los que resuelvan todo, y yo les digo que hay que trabajar con un mensaje hacia afuera. Se ponen a hablar de cosas técnicas que la gente no entiende. Las revistas científicas son para los científicos, nosotros no las compramos. Pero algunas logran explicar ciertas cosas al gran público. En ajedrez deberíamos acoplarnos a eso, con perfiles del estilo de Leontxo García [periodista de ajedrez español].

En uno de los últimos torneos de primer nivel había una transmisión donde los comentaristas hablaban para principiantes, y en vez de decir "peón e4" decían "avanza el peón dos casillas frente al rey"

Claro. Las variantes que presentan deberían ser lo más elementales posibles. Uno debe pensar que está hablando para preescolares, no puede hablarles de integrales sino de cosas más elementales. Ese es el rol del comunicador.

Leontxo cuenta una anécdota en una plaza donde se da una partida pública entre dos grandes maestros, creo que en Bilbao. Buscando alguna forma de llamar la atención, empezó a hablar de la importancia del ajedrez educativo y las herramientas que desarrolla. Si hubiera hablado de la Siciliana, o de la Petrov, o de tal variante que se jugó en 1927... Es complicado.

Sin embargo, si yo te cuento de una variante que se jugó en Nueva York en 1927, que la estudiaron en el barco Westfalia, que traía a los europeos a América, quizá pienses "qué interesante". Y si yo te contara que el barco que trajo en 1939 a la olimpíada [de ajedrez] de Buenos Aires al contingente europeo se llamaba Piriápolis, ¡te voy a sorprender! Son historias de ajedrez que captan la atención. La olimpíada empieza el 1 de septiembre de 1939. El 1 de septiembre Hitler invade Polonia, el 2 de septiembre sale la declaración de guerra. Se armó un revuelo, inclusive Alekhine, que representaba a Francia, quería volver a Europa y para ello vino a Montevideo con Vera Menchik y jugaron en el Hotel Ermitage. En ese momento ambos eran campeones del mundo.

¿Por qué te cuento lo del barco Piriápolis? Porque el dueño del barco, que iba a traer a los jugadores europeos a la olimpíada, vino al Río de la Plata a conocer el lugar. Cuando paseó por Piriápolis le gustó tanto que bautizó al barco con ese nombre. Eso es una historia interesante para gente que no sabe nada de ajedrez. El comunicador debería saber condimentar las historias con temas más elementales.

Una cosa que dice Leontxo que sí genera mucho interés y adrenalina es el tiempo. Cuando uno enfoca la cámara tiene que mostrar los relojes. En el poker, por ejemplo, se genera una expectativa de porcentajes, probabilidades y demás. Porque uno mira con más avidez una competencia donde hay azar o incertidumbre. Un partido de basquet donde un equipo va 30 puntos arriba no lo mira nadie. En cambio, si van tanto a tanto, juegue quien juegue, uno se engancha. Hay que saber darle la vuelta al ajedrez.

En EEUU ponen a referentes juveniles (figuras de YouTube, Twitch, jugadores de videojuegos, actores) a jugar entre ellos, con cobertura mediática en plataformas de streaming y redes sociales. Chess.com va por la tercera edición de ese torneo. Incluso los mejores jugadores del mundo discutieron el tema en Twitter

No he tenido la oportunidad de verlo. Pero creo que cualquier actividad que ponga en el top of mind al ajedrez está muy bien, sobre todo si son actividades sanas. Malo sería para el ajedrez aparecer en las portadas por casos de doping o trampa, como en otras disciplinas.

El otro día vi algo sobre la película Los Cañones de Navarone (1961). En un descanso durante la filmación juegan Gregory Peck, Anthony Quinn y otros actores un pequeño torneo entre ellos. Y nos cuentan que la película se fue demorando porque los actores se tomaban en serio las partidas y jugaban hasta terminarlas. Y Anthony Quinn decía que si le iba mal en el cine podía jugar al ajedrez, que jugaba como Petrosian [campeón del mundo soviético]. A nosotros nos viene muy bien ese tipo de publicidad, siempre y cuando tengamos una estructura y clubes para recibir a los jugadores y que la gente participe.

¿Qué le dirías a un principiante que te pregunta para qué anotarse en un club si puede jugar online con comodidad?

Nosotros comenzamos en el Club Banco República en enero, y he notado que la gente está ávida de conversar mano a mano, de participar presencialmente. Son relacionamientos de otra calidad. Ahora, por ejemplo, nosotros estamos hablando por Zoom, pero la conversación y la gestualidad sería distinta si estuviéramos cara a cara. En internet hay muchísimo contenido, pero uno quiere hacer sus propias preguntas sobre algunos temas, escuchar cuentos y anécdotas que nos nutren. Todo lo demás uno puede leerlo en libros.

Jugar online no tiene esa calidez, y mirá que yo juego mucho online. Pero estar con la persona mano a mano, intercambiar, opinar... Hacer amigos. Es bravo hacer amigos a través de internet. ¿Cómo haríamos nosotros si quisiéramos ser amigos y nos viéramos solo por Zoom? Seríamos amigos de Zoom, equivalente a ser amigos de Facebook. No es así, a los amigos hay que verlos en tres dimensiones.

¿Hay barreras de entrada? Hoy estoy jugando un torneo en Trebejos donde la mayoría tenemos arriba de 1500 de ELO [puntaje para medir la fuerza de un jugador]. ¿Qué lugar queda para el principiante que tiene vergüenza de ir y perder todas las partidas?

 El asunto es la expectativa que se genera cada uno. Si uno tiene una cultura de aprender y mejorar, la derrota no lo afecta. Pero si uno se cree menos por perder una partida de ajedrez, que no juegue. En la vida siempre nos toca la frustración. Te tiene que preocupar hacer la mejor jugada en el momento adecuado. Y repetirlo a la jugada siguiente. Y con esa acumulación de jugadas buenas uno va a lograr un buen resultado.

Ganar sabe cualquiera, hay que saber perder. Nadie se acuerda de los desaciertos cuando ganó, pero sí cuando perdió. Capablanca y Botvinnik decían que uno aprende de las partidas por los errores que comete, y yo digo que es una verdad a medias: el inteligente aprende de las partidas que pierde pero también de las que gana. Después está el sabio, que aprende de las que pierde, de las que gana y de las partidas que jugaron otros.

Los clubes tenemos que darle a los torneos un ambiente, que aún no hemos logrado, de toque familiar. Tiene que ser agradable, comer unos sandwiches, tomar un refresco. Hacer un asado los viernes para juntarse y compartir. Que vaya un día alguien a una charla a explicar algo. De esa forma se genera una comunidad.

¿Por qué no hay casi mujeres en los torneos en Uruguay?

Sería bueno hacer una investigación y preguntarle a todas las mujeres que han participado en los eventos de ajedrez por qué dejaron de jugar. Asimismo hay muchos jugadores jóvenes que dejaron de jugar en su momento.

Con lo poco que sé del asunto, yo he visto a los hombres juntarse y jugar, siempre. Al truco, al tute, al fútbol, al básquet. En cambio en las reuniones de mujeres yo he visto que es menos común que salga un mazo de cartas o se junten a practicar algún deporte. No le dan tanto ese aspecto lúdico. Según mi experiencia, es más común que se junten a conversar más que nada. El hombre lo vive de otra manera.

Pero es una investigación que sería interesante. También encuentro algunos motivos no muy válidos. Yo solo considero válido el motivo maternal, que es la única diferencia entre hombres y mujeres. No hay otra diferencia. Hay ajedrecistas abogados e ingenieros que siguen participando en los torneos.

Además, nunca pude encontrar a ninguna jugadora que quiera ayudar a dirigir, por más que lo he planteado. Y me gustaría saber cuál es el estímulo acorde para que participen. Nos hemos encontrado con eventos como las Olimpíadas que motivan a jugar la final del Uruguayo para viajar. Pero yo conozco, del 2008 hasta la fecha, cinco o seis jugadoras que dejaron el ajedrez después de subirse a un avión. Entonces, ¿disfrutaba de jugar al ajedrez, o el sueño era viajar a Europa? También ha pasado con los hombres. A veces me queda la sensación de que uno hizo un esfuerzo equivocado en el lugar incorrecto. Uno apoyó y financió algo que terminó quedando en la nada.

Para el lector que quiere empezar a jugar. ¿Qué hacer, dónde empezar?

Uno tiene que buscar el ambiente que más le guste. Hay muchos clubes y muchos barrios. Pero hay que encontrar uno donde nos sintamos cómodos y donde nos guste el estilo del profesor. También debería buscar su entorno de amigos. En el ajedrez uno crece con amigos, con una barra para intercambiar comentarios y sentirse a gusto. Es un ambiente que lo hacen las personas. De nada sirve hacer ajedrez solo. A uno también le gusta jugar con la gente que se lleva bien. Lo decía Dolina, cuando uno va a jugar al fútbol elige a los de su afecto, porque es lindo ganar con amigos y es más fácil reírse de una derrota con amigos. Es más importante eso que lo que vayas a aprender de ajedrez.

Esta nota surge del proyecto Ajedrez Para Todos. Por consultas o sugerencias contactate a ajedrezparatodosuy@gmail.com o al 098717828