Contenido creado por Gerardo Carrasco
Vida de perros

Vida de perros: por Andrés Peirano

¡Me mordió! ¿Qué hacer si nos ataca un perro?

El entrenador canino Andrés Peirano ofrece valiosas claves de comportamiento ante esa peligrosa situación.

06.09.2018 11:33

Lectura: 8'

2018-09-06T11:33:00
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Vinculado a los canes casi desde su nacimiento, Andrés Peirano abandonó una promisoria carrera en la Fuerza Aérea luego de que sus experiencias en Congo le llevaran a volcarse por completo a su vocación por los perros.

Tal como lo relatara en diálogo con Montevideo Portal, el contacto con la violencia y la indefensión de los más débiles le llevó a concebir un proyecto único: entrenar perros callejeros como sistema de alerta temprana y protección de mujeres y niños. Estos animales podrían prestar un valioso servicio en lugares -como el mencionado país africano- donde la población civil está a menudo indefensa ante el accionar de grupos armados.

En la actualidad, Peirano ejerce como entrenador y da cursos de capacitación en la materia. También realiza tareas de apoyo emocional mediante perros entrenados, dirigidos a confortar a personas que han pasado por experiencias traumáticas, como el caso de quienes se ven afectados por inundaciones, algo tristemente frecuente en nuestro país.

A continuación compartimos sus consejos acerca de cómo afrontar la agresión por parte de un perro.

 

Lo más importante ante la agresión de un perro es tratar de identificar su causa. Ningún perro nos va a atacar sin razón, los ataques sin causa aparente responden generalmente a problemas físicos en el perro, ya sea neurológicos, visuales o auditivos. Fuera de estos problemas físicos el perro muerde por tres razones generales que son: la autoprotección, la protección del grupo o manada y el alimento cuando cazan.

Debido a esto, los perros que presentan cuadros de inseguridad, miedos o fobias son los más propensos a morder y muchas veces son mal catalogados como agresivos.
Al identificar la causa de la agresión podemos entender que el perro puede malinterpretarnos y considerarnos una amenaza cuando no lo somos, algo que sucede en ocasiones con los corredores, ciclistas, motociclistas o inclusive niños que corren y juegan, ya que el movimiento activa el instinto de caza y presa del perro, o simplemente lo lleva a considerarnos una amenaza que entra en su territorio.

Si analizamos las situaciones en las que un perro muerde a un humano, las podemos separar en dos grandes grupos: se dan cuando el humano se acerca al perro o cuando el perro se acerca al humano.
Para prevenir la mordida en los casos en los que somos nosotros los que nos acercamos al perro y este, por ejemplo, está comiendo, mordiendo un juguete o durmiendo y el perro gruñe, muestra los dientes y se eriza, podemos simplemente alejarnos, eliminando la amenaza para el perro y de esta manera cortar la escalada de agresión que deriva en una mordida.

Si esto sucede con nuestro perro es recomendable consultar a un profesional, ya que este tipo de actitudes responden a problemas de comportamiento como inseguridad, posesividad u obsesiones.
Hay que recordar que si el perro se encuentra herido su instinto de conservación lo llevará a defenderse, y podría mordernos como forma de autoprotección. Debemos tener especial cuidado en estos casos.

En los casos en los que el perro viene a nosotros o hacia otra persona, mostrando actitud agresiva, debemos mantener la calma. La capacidad de los perros para oler o percibir el miedo no es más que un mito, pero si nuestro lenguaje corporal le muestra que estamos intimidados por él, su confianza aumentará y también su agresividad.

En cualquier caso, es importante no correr para escapar del perro, porque esto estimularía todavía más su instinto de caza y presa. Debemos recordar que los perros son más rápidos que los humanos, por lo que no tendría ningún sentido correr, algo que -por el contrario- podría aumentar la intensidad del ataque.

Lo más aconsejable es quedarse quieto. Si el perro nos consideró una amenaza por nuestro movimiento o despertamos su instinto de caza y presa, al quedarnos quietos desistirá y nos podremos alejar lentamente.

Si el perro no desiste hay que tener en cuenta que el ataque del perro, generalmente, es un proceso ascendente. Esto significa que su agresión irá de menos a más por lo que es probable que en primera instancia el perro se detenga y nos ladre mostrando los dientes en actitud agresiva pero tratando de impresionarnos. Ante esa situación es importante mantener la calma, permanecer quieto y no mirarlo a los ojos. El contacto visual directo será interpretado por parte del perro como un desafío, una confrontación, por lo que aumentará la intensidad de la agresión. Por eso, lo mejor es mantenerlo vigilado pero sin establecer nunca contacto visual directo.

En este punto debemos preparar nuestro cuerpo para una eventual mordida. El perro puede comenzar a golpearnos con el hocico pasando a dar golpes con sus dientes, luego a propinarnos mordidas rápidas que no penetran la piel, pasando luego a dentelladas rápidas que sí la penetran. Por último llega la agresión más peligrosa, que es la mordida que se sostiene en el tiempo e incluye sacudidas.

Para reducir el daño que el perro puede causarnos y dificultarle el mordernos debemos cerrar los puños para proteger los dedos, mantener los brazos abajo pegados al cuerpo, cerrar las piernas y ponernos de costado al animal, algo que le dificultará el acceso a nuestra cara y cuello.

En esta etapa podemos intentar distraer al perro arrojando en otra dirección cualquier objeto que tengamos con nosotros, lo que nos dará una oportunidad de alejarnos lentamente.



Andrés Peirano en acción. Archivo: Gerardo Carrasco / Montevideo Portal


Por último, si el perro no desiste sólo nos queda una cosa por hacer para prevenir el ataque y es pasar a la intimidación. La mejor forma de hacerlo sin provocar la mordida es, manteniendo la actitud corporal que describimos anteriormente, gritarle en tono firme y lo más grave que nos sea posible "¡No, fuera, cucha!"

El tono de voz firme y grave es sumamente importante, ya que un tono de voz agudo o dubitativo sólo le hará saber al perro que estamos siendo intimidados por él y -como dijimos anteriormente- aumentará su confianza y por tanto la intensidad de su agresión.

En el caso de que veamos el perro dirigirse a otra persona con la probable intención de morderla, sólo debemos interponernos entre el perro y la persona y, manteniéndola detrás nuestro, y apegarnos a los pasos antes descritos.

Si nuestros intentos por prevenir la mordida no tienen éxito debemos asumir que seremos mordidos. Este no es un detalle menor ya que nos ayudará a mantener la calma y adoptar un comportamiento racional acerca de la mordida.

De acuerdo a lo que mencionamos anteriormente sobre la evolución ascendente del ataque, el perro nos propinará mordidas rápidas que -independientemente de que penetren o no la piel- no se sostendrán en el tiempo. Por ello, ante estas mordidas nunca debemos intentar retirar de la boca del perro la parte del cuerpo que está siendo mordida.

Para que se entienda usaremos el ejemplo de mordidas en la mano. Esto es especialmente difícil ya que es un reflejo natural el intentar retirarla si es mordida. Pero si lo hacemos, una dentellada que provoca daños mayormente por el golpe de los dientes y no por su penetración, puede causar mayor daño debido al desgarro causado por el movimiento de quitar la mano.

Si el perro nos está propinando mordidas rápidas y reiteradas va a tener una tendencia natural a tirar de nuestra mano. Con el mismo espíritu de salir de la situación con el menor daño posible, debemos acompañar el movimiento del perro. Esto significa que si nos muerde la mano es mejor empujarla hacia el perro que tirar de ella, para así acompañar el movimiento.

Ahora estamos siendo mordidos y acompañamos el movimiento del perro, pero lo que hará deje de mordernos es nuestra falta de reacción. El perro morderá y si no hay reacción soltará rápidamente y se alejará, dándonos la oportunidad de retirarnos lentamente. En este tipo de mordidas no es recomendable luchar con el perro, ya que esto sólo aumentará la intensidad del ataque y así el daño producido por este.

Se trata de una situación sumamente estresante tanto para nosotros como para el animal, quien -al igual que nosotros- intentará salir de ella lo antes posible. Por ello, es especialmente raro que un perro que no tiene entrenamiento para morder pase a la mordida sostenida con sacudidas si seguimos todos los pasos que describimos anteriormente.

Sin importar que tipo de mordida recibamos, hay que consultar con un médico para asegurarnos que no tenemos un daño interno en los tejidos y prevenir infecciones, de la misma manera que tratar de contactar al dueño del perro para asegurarnos de que el animal tenga el plan de vacunación completo y actualizado. Reportar el hecho previene su repetición, y recordemos que los responsables somos nosotros, los humanos. Culpar al perro por la falta de responsabilidad del humano es tapar el sol con un dedo.

Andrés Peirano

apeiranok9h@gmail.com

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