Contenido creado por Gerardo Carrasco
Salud

Viene bien dormir

¿Te acuestas muy tarde, aunque no quieras? La "procrastinación del sueño por venganza”

Posponer sin motivo la hora de acostarse es una forma que el cerebro usa para vengarse de las dificultades de un día lleno de obligaciones.

24.11.2021 11:23

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2021-11-24T11:23:00
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Ponerse a hacer cosas que no necesita en lugar de hacer la tarea que tiene entre manos no es estratégico, sino humano: el cuerpo se defiende de la responsabilidad y el esfuerzo, eludiendo el “obstáculo” y distanciándose de ella indefinidamente. Obedecemos a la voz interna que dice “sácame de esta película”.

El riesgo de que esto suceda hoy, mañana y siempre y que se convierta en algo crónico, es grande, como bien saben los estudiantes en época de exámenes. Sin embargo, no faltan las personas que cierran los ojos a la entrega del proyecto o el trabajo que era para ayer, por el imperativo de rebelarse, de “salir de la rosca”, lo que trae un alivio temporal unido a consecuencias no deseadas.

Cuando este comportamiento se traslada a la higiene del sueño, el pronóstico no es mejor sino lo al contrario, por las implicaciones a medio y largo plazo para el estado de salud, pues las pilas no se recargan. Y, sin embargo, esto parece estar sucediendo con más intensidad desde el inicio de la pandemia, que trajo incertidumbre, angustia y otros trastornos psicológicos y tuvo un efecto disruptivo en las rutinas, agravando los problemas de sueño, apodado "coroninsomnio" (coronavirus + insomnio).

La procrastinación de la venganza a la hora de acostarse ganó visibilidad en Twitter a través de un artículo de la joven periodista china Daphne K. Lee, pero la expresión apareció por primera vez en 2014, refiriéndose a la decisión de posponer, o sacrificar, la hora de acostarse en favor de actividades de ocio o entretenimiento para las que había no hay tiempo durante el día. Sin embargo, esto no es exactamente un trastorno del sueño ni siquiera un diagnóstico, sino una falla en la capacidad de autorregulación: la persona quiere dormir pero termina no haciéndolo, porque, al final del día, su capacidad de autocontrol está en un nivel muy bajo, según advierte un artículo de la periodista portuguesa Clara Soares, publicado esta semana en la revista Visão.

"Quiero mi libertad de vuelta"

Dos investigadores polacos llevaron a cabo un estudio en el que compararon informes de hábitos de sueño y respuestas a un cuestionario (Escala de dilación a la hora de dormir) para comprender mejor este fenómeno. Encontraron que, entre los participantes, los puntajes de las mujeres fueron más altos que los de los hombres, lo que no es de extrañar, ya que son las más sobrecargadas, aún, por la acumulación de tareas (trabajo, familia, actividades domésticas) y el aumento de los requerimientos de tiempo, algo que se vio ampliado por la pandemia.

Los datos científicos coinciden: el insomnio y la falta de sueño son enemigos de la salud, dado que contribuyen a una serie de complicaciones, ya sea en forma de enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, o depresión, ansiedad, cambios de humor y fallas de memoria y dificultades de concentración, con un impacto en los ingresos y en la vida personal y familiar. La incertidumbre, la ausencia de límites entre trabajo y ocio, y la hiperpresencia de pantallas en nuestra vida tienen un impacto abrumador en el ritmo circadiano (o equilibrio entre vigilia y sueño), a lo que se suma la modificación de actividades de ocio y socialización que daban por sentadas.

Si nos privamos, por tiempo indefinido, de fuentes que favorezcan la satisfacción y amortigüen el estrés, la probabilidad de perder la motivación y “descarrilar” en algún momento del día es más que segura, con el agravante de los "malos hábitos" en la gestión de los tiempos de trabajo. , ocio y sueño (la fórmula 8-8-8).

Retrasar el sueño puede convertirse en uno de estos hábitos si el trabajo “roba” sistemáticamente el tiempo de ocio y éste queda “pegado” al tiempo de sueño, lo que, en la práctica, supone su exclusión. Este tiempo lúdico tendrá muchas razones para quejarse. "Una vida así no es vida". El lamento resultante de estar ausente, en falta o minimizado en una sociedad progresivamente automatizada y reacia a los llamados “tiempos muertos” (léase, momentos para relajarse y gratuitos, por tanto).

Tomar venganza y compensar lo que quedó por disfrutar

En un artículo de la BBC se menciona que postergar el sueño --algo que no se hace a la ligera, debido a sus consecuencias en los días siguientes-- es una forma de contraatacar ante la situación antes descrita. Esa lgo que le cerebro hace -no siempre de manera consciente- cuando se siente “agraviado” en su derecho al ocio.
Como un niño que hace un berrinche o utiliza todo tipo de artificios para prolongar la hora de acostarse, los adultos privados de su dosis diaria de disfrute dan paso a impulsos reprimidos y rechazan la opción de dormir, vista como una obligación más que algo necesario para el bien de la salud . Es el sistema límbico el que hace lo suyo, procurando que la emoción prevalezca sobre la razón y postergando lo ineludible: venganza, venganza, en un intento por rescatar un tiempo de calidad después del trabajo, y que brinde consuelo y seguridad.

La mayoría de los estudios sugieren que cada vez menos personas duermen de siete a ocho horas, en promedio, e incluso si lo hacen, no siempre pasan por las etapas del sueño profundo, con ondas lentas, que tienen una función reparadora. Cuando se desregulan los hábitos de sueño y vigilia, lo que ocurrió con mayor frecuencia en la pandemia, “se pierde el factor C (cronobiológico) y aumenta el factor F (falta de sueño)”. Resultado: se despierta demasiado temprano (insomnio tardío), siempre se está despertando (insomnio intermedio) o no puede conciliar el sueño (insomnio temprano).

"Dormir hasta la mañana, por ejemplo, puede no ser lo suficientemente reparador, ya que entre las seis y las diez de la mañana la frecuencia cardíaca aumenta, los niveles de cortisol y la actividad cerebral se intensifican en el sueño paradójico (episodios REM, con sueños); te despiertas cansado y hasta con dolor de cabeza ”, observa Carlos Fernandes, psicólogo, catedrático de la Universidad de Aveiro, e investigador del sueño en el Centro Hospitalario i Universitario de Coímbra.

Cuando se llega a ese punto, es difícil hacer un 'reset', advierte el experto en entrevista con Soares.

La deuda de sueño por vigilia acumulada aumenta la presión para dormir y genera ansiedad, pero luego no se duerme nada, porque la adrenalina dificulta el proceso.