Zabalza presentó denuncia a militares
Memorias del calabozo
Jorge Zabalza denunció en la Justicia Penal a decenas de militares retirados y en actividad por las torturas físicas y psicológicas a las que fue sometido en 15 cuarteles durante la dictadura. Su abogado, Juan Fagúndez, dijo a Montevideo Portal que Zabalza se decidió a hacerlo porque "percibió por parte del gobierno (...) que de otra manera no iba a haber absolutamente ninguna investigación de los hechos".
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El ex integrante del MLN Jorge Zabalza concurre hoy jueves al despacho de la jueza Rossana Canclini (de San José) a ratificar una denuncia presentada contra decenas de militares retirados y en actividad, y que implicará la comparecencia ante tribunales de integrantes del gobierno y del MPP.
Según informó hoy el semanario Búsqueda, Zabalza presentó esta denuncia por las torturas físicas y psicológicas a las que fue sometido en quince centros de detención desde 1972 a 1985.
En el escrito se cita a declarar como testigos al presidente José Mujica, al ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, además de Mauricio Rosencof, Julio Marenales y Henry Engler.
El texto, presentado por el abogado Juan Fagúndez, inculpa a decenas de militares (retirados o en actividad) que aún no han pasado por tribunales.
En conversación con Montevideo Portal, el abogado Juan Fagúndez explicó que ha hablado con Zabalza en varias ocasiones sobre estos temas (lo patrocinó en la causa abierta por diputados colorados a raíz de las declaraciones de Zabalza en el libro "Cero a la izquierda", de Federico Leicht), pero el ex tupamaro se decidió a dar este paso ahora, "cuando empezó a ponerse una especie de plazo a las denuncias de este tipo".
"El quería plantear su situación", explicó el abogado. "Veía que la única manera de que hubiera una verdadera comprensión de lo que pasó y que no se tome que a esta altura de los acontecimientos está todo resuelto", agregó.
"Él percibe que había por parte del gobierno una idea de terminar de una vez por todas con este tema y en virtud de la situación no quería que su realidad quedara en la nada. Si bien podía haber esperado una acción más genérica tuvo que tirarse por cuenta propia porque vio que de otra manera no iba a haber absolutamente ninguna investigación de los hechos", afirmó, al explicar por qué Zabalza esperó hasta ahora para radicar una denuncia.
Fagúndez desconoce si Zabalza habló con otros ex tupamaros la posibilidad de realizar una acción penal conjunta, aunque puntualizó que se decidió citar a los testigos que tienen directa relación con lo que él vivió, y que también pasaron por circunstancias similares.
Testigos como Mujica o Fernández Huidobro, en calidad de figuras de gobierno, pueden dar testimonio a través de informes o incluso prestar declaración en sus despachos, pero no pueden negarse a declarar.
Zabalza estuvo detenido en 15 centros penitenciarios, por lo que se procedió a denunciar a las personas que estaban a cargo de esos lugares en los momentos de la detención y tortura, pero la denuncia no implica al Estado por su responsabilidad. "Sólo los hechos y los responsables de los lugares en ese momento", aclaró Fagúndez.
El Juzgado remitió al Poder Ejecutivo el caso -en virtud de la Ley de Caducidad- y éste dio la autorización para que se prosiguiera con la investigación. "Son delitos de lesa humanidad, cometidos en un plan de terrorismo de Estado", concluyó Fagúndez.
Un largo periplo
En el texto al que accedió Búsqueda Zabalza cuenta las peripecias sufridas en los distintos cuarteles en los que estuvo. Por ejemplo, ingresó al Establecimiento Militar Nº1 el 11 de octubre de 1972, a cargo del general Eduardo Zubía y el coronel Lems Martínez. Allí imperaba un" régimen de tortura continua", que produjo psicosis agudas a muchos compañeros, según Zabalza. El 7 de setiembre de 1973 lo trasladaron junto a Marenales y Sendic al medio del campo, donde se realizó un simulacro de fusilamiento.
Luego, en el Regimiento de Caballería 2 (a cargo del teniente coronel Enzo Curutchet) fue torturado, a tal punto que los responsables del celdario les aclararon que sólo "faltaba la orden de (Juan María) Bordaberry para fusilarlos".
En otros cuarteles (como el Batallón de Ingeniera 6, a cargo del teniente coronel Sergio Sosa) estuvo en aislamiento total, con torturas "a capricho del mando" y permaneciendo incluso atado a un árbol toda la noche. Allí, dejaron que su hija de cuatro años lo viera "esposado, mugriento y lastimado".
Recluido en Trinidad estuvo largo tiempo en calabozos, cuyo microclima le dejaron una enfermedad bronquial que aún persiste y cicatrices en su tórax, producto de una tuberculosis mal curada. El calabozo estaba iluminado con luz artificial las 24 horas los 365 días del año, lo que le produjo problemas en la vista.
En los cuarteles no tenía baño y debía hacer sus necesidades en un balde diez litros, que luego debía arrojar al baño una vez por día, esposado y encapuchado. El recorrido de centros de detención incluye 15 lugares en un total de 13 años, donde según la narración de Zabalza permaneció atado con alambre y encapuchado durante una semana seguida y se le amenazó con hacerle la vida imposible hasta que llegara la orden de su fusilamiento.
En Trinidad, en 1980, el jefe del servicio de vigilancia, teniente Ricardo Queirolo, "se entretuvo" hostigándolo "todo lo que pudo", mientras en el '82 el teniente coronel Luis Conti (a cargo del Regimiento número 2) lo amenazó con "cagarlo a fustazos personalmente" si no obedecía las órdenes al pie de la letra. El último lugar en el que estuvo fue el Establecimiento Militar de Reclusión Número 1, donde permaneció aislado varias semanas hasta recuperar la libertad.