Israel y Palestina vuelven a vivir días históricos ante la fuerte activación de disputas políticas e ideológicas. La causa es la aprobación en el parlamento israelí de un plan de retirada de todos los colonos de la Franjade Gaza y algunos de Cisjordania presentado por el primer ministro Ariel Sharon.
El proyecto plantea la evacuación en fases de los 21 asentamientos de la Franja de Gaza y cuatro de Cisjordania con el consiguiente desmontaje de la estructura militar circundante; lo que quedaría en pié es el férreo control de fronteras, costas y espacio aéreo. Los terrenos están ilegalmente ocupados desde 1967 según la ley internacional que no es reconocida por el Estado israelí.
La votación en el parlamento tuvo el apoyo del opositor Partido Laborista, liderado Simón Peres. Las principales resistencias se desataron dentro del propio partido gobernante donde dos ministros ya fueron despedidos por Sharon por votar en contra de su proyecto.
La situación pone al gobierno de Sharon en una difícil posición. El mandatario se enfrenta al dilema de intentar recomponer las fisuras dentro del gobernante partido Likud o reorientar su coalición hacia el partido Laborista dirigido por Simón Peres.
También los colonos están muy enfadados con la actitud de Sharon, que en su momento fue un gran impulsor del desarrollo de los asentamientos en tierras ocupadas. Según se informa los colonos apoyados por rabinos del sector ultra-nacionalista, consideran a Sharón "un traidor" y un "estafador ideológico", y algunos advierten de que su desalojo precipitará una guerra civil, pero prometen "respetar una decisión popular".
El argumento responde al planteo de los discordantes dentro del partido de Sharon que plantean que no acompañarán el proyecto si el mismo no es apoyado popularmente en un plebiscito. Así, un grupo de cuatro ministros entre los que se encuentra Benjamín Netanyahu, ex premier y actual ministro de finanzas, realizó un ultimátum al primer ministro para que acceda a realizar una consulta popular.
Por su parte la respuesta del Sharon no demoró "Mi posición respecto al referendo no ha cambiado: me opongo a hacerlo porque causaría tensiones terribles y una ruptura en el público". La cuestión es compleja ya que la negativa al plebiscito no puede entenderse por una posición desventajosa de los favorables al proyecto: según sondeos, el 65% de la opinión pública está de acuerdo con el plan de retirada de colonos.
A pesar de su "ultimátum", Netanyahu presenta hoy al Parlamento un proyecto de ley aprobado el domingo anterior por el Gabinete Nacional y destinado a compensar e indemnizar a unos 8.000 colonos que tendrán que desalojar los asentamientos de Gaza y Cisjordania.
Sin contar los gastos militares relacionados con la retirada y reorganización de las tropas fuera de la franja de Gaza y el desalojo policial de los colonos, las indemnizaciones exigirán una inversión equivalente a unos 700 millones de dólares.
¿Se viene el estallido?
Mientras que desde Estados Unidos se ve la votación como un paso histórico hacia la paz y los palestinos protestan por ser los grandes ausentes de una discusión que los involucra plenamente, los israelíes están desbordados por la emergencia de amenazas provenientes de las disputas internas.
La votación del proyecto en el Kneset (parlamento) coincidió con el aniversario del asesinato de Itzjak Rabin, hace nueve años. "No sabemos si no hay otro revólver ya cargado", dijo el ministro de Defensa Shaul Mofaz horas después de que Simón Peres se dirigiera a una multitud hablando a favor del proyecto protegido por un vidrio blindado.
Además de las arengas de sectores religiosos extremistas y el ambiente de incitación en círculos de la derecha la situación se ve aderezada por las declaraciones de Sharon que llamó a los colonos a no caer en el complejo de mesianismo.
Al caldo también se suman las declaraciones del grupo de resistencia islámica Hamas que leyó como una victoria de la estrategia de su brazo armado la aprobación del proyecto y prometió continuar con sus operaciones.
(Agencias)