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Mujica contra la burocracia

El burrócrata por delante

El presidente José Mujica arremetió una vez más contra el "burocratismo" del uruguayo, una "enfermedad que se ve reflejada en un montón de lugares" y que "paga el pueblo uruguayo". "¿Cómo llegamos a que una empresa pública muy eficiente tenga 700 gerentes? ¿Dónde está el mecanismo que disparó semejante riqueza gerencial", se lamentó.

    

El presidente José Mujica, al igual que hiciera la semana pasada, dedicó su columna radial en M24 a hablar sobre la burocracia, su influencia en el uruguayo medio y los riesgos que representa.

Según el presidente, "el hombre parece que cuando puede busca la línea del menor esfuerzo", aclarando que "todos, si esas condiciones se dan, tienden a adoptar una actitud burocrática que es hacer como que se cumple".

"Las consecuencias sociales que tiene esta enfermedad en el costo país son incalculables.
Estamos expuestos a eso", afirmó el presidente, poniendo como ejemplo una ocasión en la que recibió a trabajadores de la Ruta 1 en San José, que reconocieron que hacían mal su trabajo porque nadie lo controlaba en forma eficiente.

"Precisamente fue por desidia burocrática, la enfermedad que se ve reflejada en un montón de lugares. No hay que culpar a los trabajadores. Esto es responsabilidad de los cuadros medios técnicos que debían controlar. Frecuentemente, por desgracia, nos pasan este tipo cosas, porque la riqueza de todos no necesariamente encuentra quien con presteza la defienda", dijo el presidente, aunque destacó que "a lo largo y ancho del Estado existe un conjunto de funcionarios de cualquier color político que tienen un sentido de lealtad hacia los intereses públicos". Lamentó que "frecuentemente la mansedumbre y la chatura burocráticas abren las condiciones para que la gente trabaje con rutinarismo y haga como que cumple, que no ponga calor en la tarea de control".

"Estas son consecuencias que paga el pueblo uruguayo. No es el único caso. ¿Cómo explicar que una empresa pública tan eficiente e importante tenga 700 gerentes?", se preguntó, sin nombrar a qué empresa se refiere. "¿Podrá ser posible? ¿Dónde está el mecanismo que disparó semejante riqueza gerencial? ¿Qué razones indujeron ese largo proceso, que viene de décadas atrás, con el burocratismo en puerta?", agregó.

Para Mujica, "es esa desviación a la que los hombres estamos permanentemente expuestos".

Mujica consideró que "los uruguayos tenemos condiciones permanentemente para desviarnos en esto y los uruguayos no queremos verlo, porque es una cara fea del uruguayismo". "Cuando en nuestras costumbres, se convoca para cubrir algunas plazas en administración pública aparecen colas interminables de gente que quiere competir y conseguir un lugarcito en la administración pública. ¿Por qué esa tendencia del uruguayo? Porque los uruguayos ni tontos ni perezosos con respecto a la realidad, buscan seguridad y estabilidad hacia el futuro. Saben que pase lo que pase el empleo público tiende a brindar esa seguridad que no suele ofrecerle la actividad privada. Cuando la economía se sacude o entra en una crisis, mal que bien todos los empleados públicos siguen recibiendo el sueldo acordado. No acontece lo mismo con los privados. Como contrapartida, hay que reconocerlo, ciertos lugares privados ganan más pero requieren buena calificación, oficios y nunca se goza de la estabilidad de la cosa pública", agregó.

 "Si reciben quienes trabajan en lo público semejantes beneficios, debemos pensar que hay que retribuir a la nación en todo lo posible. No todos los ciudadanos pueden ser empleados públicos, no hay lugar para todos. Aquellos que tienen la peculiaridad de conseguir un empleo público deben darse cuenta que logran un escalón que muchos uruguayos quieren y no logran. La primera contrapartida debería ser poner el todo, a favor del Estado, defender los intereses de la nación", manifestó.

A juicio de Mujica, "combatir este mal no es redituable, es ganarse enemigos poderosos por su ubicación y nadie quiere tener la mínima responsabilidad directa aunque estas cosas son evidentes". "La vida nos ha enseñado que la permanencia en los lugares de decisión favorecen este hecho de no querer ver. El no querer ver en quienes deciden es evadir la culpabilidad parcial que podemos tener en la instauración de estos fenómenos. Para evadirnos de esa responsabilidad en quienes podemos decidir, lo mejor es no ver, y mucho mejor enojarnos con quienes quieren hacernos ver. Esta es una actitud humana y comprensible. Se podrá hablar de sentido auto crítico hasta el fin de los tiempos, pero este es el tipo de auto crítica que nos incumbe y que humanamente tratamos de evadir", dijo.

"Es obvio que no por señalarlo lo vamos a corregir, y es obvio que no hay vacunas frente a estas humanas deformaciones, pero no podemos hacer como el avestruz, esconder la cabeza y no darnos cuenta que ha estado siempre entre nosotros, y que la mejor forma de favorecerlo es precisamente no querer verlo", concluyó.

 

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