Miles de radicales israelíes acamparon el martes en la cooperativa rural de Kfar Maimón, a la espera que bajen las temperaturas para continuar la marcha hacia Reim, en la frontera de la franja de Gaza.
Tras pernoctar en tiendas de campaña, los rebeldes han amanecido en su segundo día de protesta rodeados por fuerzas de seguridad israelíes.
Fuentes policiales aseguran que al menos 15.000 se han concentrado en el lugar.
La policía de Israel ha declarado el estado de máxima alerta tras las afirmaciones de los líderes de la protesta masiva contra el Plan de Desconexión, sobre la intención de los rebeldes de continuar la marcha al caer el día en dirección a la franja de Gaza.
El ministro de Seguridad Pública de Israel, Gideon Ezra, ha reconocido que "el tema que más nos preocupa es que nadie llegue al bloque de asentamientos de Gush Katif. Este es nuestro objetivo".
La Policía ha movilizado a todos sus agentes, unos 10.000, incluidos los oficiales que estaban de vacaciones, para impedir que la "rebelión naranja" rebase los puestos de control y se interne en la franja de Gaza.
El Ejército israelí ha establecido férreos controles en el cruce de Kisufim y helicópteros militares sobrevuelan la zona.
La protesta responde a la rebelión de un sector de la sociedad israelí contra el Plan de Desconexión que prevé el desmantelamiento de 21 asentamientos de la franja de Gaza y otros cuatro en el norte de Cisjordania, con el consiguiente desalojo de alrededor de 8.500 colonos.
La operación comenzará el próximo 15 de agosto y según el ministro de Defensa de Israel, Shaúl Mofaz, se prolongará durante dos semanas.
El Gobierno de Israel teme ahora que parte de los radicales israelíes penetren en el bloque de asentamientos de Gush Katif, el mayor de los de la franja de Gaza, y se unan a los colonos y dificulten aún más la operación de desalojo.
Los radicales israelíes pernoctaron en la cooperativa de Kfar Maimon, cerca de la frontera de Gaza, en un ambiente cargado y emotivo inseparable ya del color naranja, emblema del alzamiento.
El hálito abrasador del desierto del Neguev ya ha hecho mella en algunos rebeldes, que se vislumbran cansados y algunos han decidido retornar a sus casas.
Otros están decididos a permanecer hasta el final. Sara Elías, de 45 años, que acudió a la marcha con toda su familia dijo a EFE que "aquí nos quedamos hasta que les echen".
Un joven ataviado de naranja, Naftalí Karadi comentó "amamos a nuestro país, amamos al Ejército y a Gush Katif. Continuaremos hasta que lleguemos allí para solidarizarnos con nuestros hermanos y por esta terrible decisión que el Gobierno ha adoptado".
La policía se enfrenta a lo que ha calificado como "la mayor protesta de la historia de Israel".
Los líderes del Consejo de Comunidades Judías de Judea, Samaria y de la franja de Gaza mantienen sin embargo, reuniones con la policía en el cuartel del kibutz de Ein Hashlosha y ahora discuten cómo proseguir la protesta.
Ultimas informaciones de la radio de Israel refieren que el ministro Mofaz ha emitido órdenes al Ejército de impedir a los radicales llegar al cruce de Kisufim, a un kilómetro de Gaza.
Miles de activistas israelíes y simpatizantes de los colonos, a bordo de autobuses y vehículos particulares y algunos a pie, colapsaron ayer las carreteras que desembocan en Netivot, ciudad israelí contigua al bloque de Gush Katif.
La prohibición por parte de la policía del paso de varios autobuses hacia el lugar del encuentro fue calificada por colonos de Cisjordania como "la peor violación de la democracia" por el Gobierno de Israel.
Pero el enojo del primer ministro de Israel, Ariel Sharón es aún mayor, "no se puede hablar de protesta legítima y desperdiciar el tiempo de las fuerzas de seguridad que deberían estar luchando contra los terroristas".