El ultraconservador Mahmud Ahmadineyad victorioso en las elecciones presidenciales iraníes llamó a reconciliarse a todos los sectores políticos de su país.
"Hoy es un día en que tenemos que olvidar todas nuestras rivalidades y convertirlas en buenas relaciones", dijo Ahmadinejad en unas declaraciones difundidas por la radio estatal, las primeras desde que fue declarado ganador de las elecciones del viernes.
"Somos una nación y una gran familia. Deberíamos ayudarnos los unos a los otros para crear una gran sociedad", dijo.
"Nuestro principal objetivo hoy es crear una nación islámica poderosa, avanzada y ejemplar",
Los regímenes pro occidentales de la región temen que la llegada de un hombre de la línea dura agrave en conflicto con Estados Unidos y recupere la retórica de confrontación de la época del ayatolá Rujola Jomeini, fundador de la República Islámica.
El ex alcalde de Teherán alimentó todos esos miedos en la campaña electoral, durante la que dejó claro que no estaba interesado en restaurar las relaciones diplomáticas rotas con Washington desde 1980.
'Sin duda, la elección de Ahmedineyad provocará un fuerte dolor de cabeza entre los líderes árabes, y en especial entre las monarquías del golfo Pérsico', declaró a EFE el escritor y analista chií Salah Nasrawi.
En su opinión, una vuelta al discurso de pasado despertará viejos fantasmas que habían comenzado a dormitar desde que hace ocho años llegara el moderado y aperturista Mohamed Jatami.
Además, subraya Nasrawi, los líderes árabes temen que la línea dura, con todo el poder en sus manos, retome el apoyo que durante la década de los pasados ochenta proporcionó a los movimientos radicales.
'Si una política de este cariz es asumida por el nuevo presidente, toda la región quedará bajo la amenaza y probablemente nos internemos en una nueva era de mayor inestabilidad', vaticinó el escritor.
El triunfo en 1979 de la revolución islámica en Irán, instigada por el ayatolá Rujolá Jomeini, supuso un terremoto para la toda Oriente Medio, y en particular en la suní Arabia Saudí, que veía con recelo como a su lado emergía el primer y único gran Estado chií de la historia moderna.
La ambición de Jomeini de exportar los principios de la revolución a otros países de la región pronto convirtió a Irán en el enemigo de los gobiernos suníes pro occidentales, y por ende de EEUU e Israel.
En todos los países del golfo Pérsico, incluida Arabia Saudí, además de Yemen, existen amplias comunidades chiíes que se sienten discriminadas por la mayoría suní.
Su semilla, sin embargo, sólo prendió en el sur del Líbano, donde financió al grupo chiíta libanés Hizbulá y tuvo permiso de acción en el interior de Siria, ya que ambos regímenes compartían su aversión por el Estado judío.
Para frenar su ímpetu, Occidente y los árabes azuzaron y apoyaron al entonces presidente iraquí, Sadam Husein, que hizo la guerra a Irán durante ocho años (1980-1988).
Ahora, Ahmadineyad ha apelado a esas raíces de la revolución islámica para ganar las elecciones.
'Cualquier cosa que amenace con desestabilizar los países del golfo Pérsico, será vista por EEUU como una amenaza directa a sus intereses en la región, por lo que no se detendrá a la hora de actuar', advirtió Nasrawi.
El segundo factor que preocupa a los países de Oriente Medio es el conflicto que Irán mantiene con Estados Unidos y la Unión Europea a causa de su polémico programa nuclear.
El nuevo presidente ya ha advertido que no aceptará la exigencias y reanudará en un breve plazo de tiempo el sospechoso programa de enriquecimiento de uranio.
Estados Unidos denuncia que Irán trata de adquirir un arsenal de armas no convencionales, y ha amenazado con elevar la cuestión a la ONU, como hizo con Irak, y pedir sanciones si el régimen de los ayatolá no cesa estas actividades.
En la actualidad, existe una diálogo abierto con la denominada 'tríada' europea -Francia, Alemania y el Reino Unido- para resolver el conflicto.
Un problema añadido es que bajo el suelo de Irak se esconden las segundas reservas probadas de petróleo del mundo, mientras que la mayor parte de la energía que consumen EEUU, Europa y Japón procede del resto del golfo Pérsico.
'Aunque los vecinos de Irán tienen razones para sentirse preocupados, no creo que la llegada de un presidente ultraconservador cambie muchos las cosas. La política exterior la decide el líder supremo', advierte Fahmi Huwidi, uno de los expertos mundiales en chiísmo.
Huweidi, autor de varios libros sobre Irán, considera que el triunfo de Ahmadineyad es el resultado lógico de la presión de Estados Unidos.
'El radicalismo engendra radicalismo, y creo que el radicalismo estadounidense es el responsable de que haya sido elegido un ultra conservador', apostilló.
(Agencias)