Elogios a Francisco por papel durante la dictadura
Santo padre
En 1977, el sacerdote jesuita Jorge Bergoglio ayudó a escapar hacia el exilio al uruguayo Gonzalo Mosca. Según su testimonio, “cuando lo conocí parecía un curita más. Es un tipo que se presenta muy campechano”. Para Mosca, el hoy Papa Francisco “tuvo mucho valor, no solamente por el riesgo personal que tomó, si no también por el riesgo institucional”.
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Gonzalo Mosca es uruguayo. Nació en la ciudad de Montevideo y actualmente tiene 63 años. Tiene cuatro hijas y dos hermanos. El mayor, Juan José, es un sacerdote jesuita de larga trayectoria en Uruguay, y con estrechos vínculos con sus compañeros de hábitos en Argentina.
En declaraciones al programa Tiempo Presente de Radio Oriental, Mosca contó con lujo de detalles la historia que lo vincula al Papa Francisco, por ese entonces el sacerdote Jorge Bergoglio, máxima autoridad jesuita en Argentina.
Mosca fue militante gremial en la facultad de Ciencias Económicas en 1968 y poco tiempo después se incorporó al GAU (Grupo de Acción Unificadora). En 1977, ante la inminencia de ser capturado por el gobierno militar de la época, Mosca decide viajar a Buenos Aires en busca de refugio.
Luego de esconderse en un par de locaciones, su hermano sacerdote viajó a la capital argentina para tratar de ayudarlo en busca de horizontes más seguros. El padre Juan José llegó a ir a la oficina de las Naciones Unidas en Buenos Aires, donde le advirtieron que el edificio estaba rodeado por militares y que en caso de llegar hasta allí, su hermano sería inmediatamente capturado.
"Mi hermano conocía Bergoglio porque fue su alumno en teología. Le contó mi caso y él le pidió que me traiga porque iban a hacer algo por mi. Esa misma noche lo conocí y para mi era 'un curita más'. Es un tipo que se presenta muy campechano. Me dijo que me iba a llevar a un lugar y que no tenía que saber adónde por mi propia seguridad. Nos subimos al auto y partimos hacia las afueras de Buenos Aires", recordó.
En la charla que mantuvieron durante el trayecto, Mosca percibió que el padre Bergoglio "era muy conciente de lo que pasaba en Argentina en ese momento".
En San Miguel
Jorge Bergoglio llevó a Gonzalo Mosca hasta un convento jesuita localizado en San Miguel, a 30 km de Buenos Aires. Un lugar que según el propio sacerdote no era totalmente seguro, porque ya había tenido algún inconveniente y además estaba cerca de un cuartel del ejército.
"Llegamos y él no sabia cuánto tiempo iba a estar ahí antes de que me encontraran una solución. Me dijo que hiciera como que estaba en un retiro espiritual, de los que hacen los sacerdotes antes de entrar y que dura un mes. De noche iba a charlar conmigo. Pasé como cuatro días sin dormir y por ese entonces estaba bastante destruido. Él me llevaba novelas para tratar de distraerme y también una radio portátil".
Luego de varios días, Bergoglio lo llamó una mañana para informarle que le había conseguido pasajes aéreos hasta Iguazú. Un vuelo interno que lo iba a depositar en la hoy conocida "Triple Frontera". La idea era llegar hasta el lugar y poder cruzar hasta Brasil, en una de las tantas embarcaciones de contrabandistas que abundaban en el lugar.
Mosca logró su objetivo y desde allí partió en ómnibus hacia Río de Janeiro. Se refugió en Naciones Unidas y más tarde partió hacia el exilio en Alemania.
"Tuvo mucho valor, no solamente por el riesgo personal que tomó, sino también por el riesgo institucional. Él era la máxima autoridad de los jesuitas, con todo lo que ello implica y con el peso de su estructura. Él asumió el riesgo personal y el institucional. Pudo haber sido acusado de estar ayudando a escapar a un sedicioso que era la lectura que podían hacer en ese momento", concluyó Mosca.
A lo largo de estos casi 40 años, Mosca nunca más volvió a hablar con Bergoglio. Explicó que le está escribiendo una carta al Papa Francisco para agradecerle el riesgo que asumió en 1977.