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EMIGRANTES URUGUAYOS FUERON MALTRATADOS Y MANOSEADOS EN ESPAÑA

Ay.. te dejo Madrid!!!

Tres emigrantes uruguayos fueron deportados el domingo pasado desde España y denunciaron a El País que la Policía del puesto fronterizo ubicado en el aeropuerto de Madrid-Barajas los trató como a terroristas , además de someterlos a burlas y manoseos e inutilizar sus pasaportes.

Los veinteañeros Marcelo Fernández, oriundo de Maldonado, Carlos Bobadilla de Barros Blancos y Natalia residente en Cerro Norte, se conocieron poco después de aterrizar en el aeropuerto de Barajas.

El encuentro ocurrió a las 7:40 del domingo 29 de setiembre. Apenas mostraron sus documentos en el puesto fronterizo, la Policía española los detuvo junto a otros veinte inmigrantes de diferentes nacionalidades y los encerró durante once horas bajo tranca porque no habían presentado referencias escritas de las personas a las que visitarían, afirmó Bobadilla a El País.

Fernández, quien se encuentra bajo tratamiento psiquiátrico a raíz de esta experiencia, prefirió no hablar sobre la detención y encomendó a su esposa, Andrea Ojeda, que relatara el caso. La mujer mostró documentación del Ministerio del Interior de España, donde a las 14:00 horas del domingo un funcionario del puesto fronterizo deja constancia de que el pasajero Fernández no reunía el requisito de presentar los documentos que justifiquen el objeto y las condiciones de la estancia prevista, que la legislación vigente exige para que pueda autorizársele la entrada . Añade que el viajero ha sido asistido de los derechos que la legislación le reconoce, por el letrado Pedro Joaquín Maldonado, sin que haya acreditado cumplir con el requisito expresado . Acto seguido, fija el regreso de Fernández a Montevideo para las 22:50 de esa noche.

Del mismo tenor resultó el documento que le entregaron a Bobadilla, aunque éste y Ojeda coincidieron en versiones muy distintas a las del funcionario policial.

La Policía les pidió documentos, les preguntó el motivo del viaje y cuánto dinero llevaban. Aunque todos iban a trabajar, los uruguayos que no se conocían dijeron que visitarían parientes y amigos y mostraron las direcciones. Les solicitaron, entonces, una carta de recomendación de alguna de esas personas.

No teníamos cartas. Nos dieron a entender que no nos creían nada y nos mandaron para el fondo con otros inmigrantes , recordó Bobadilla.

Al cabo de una hora de espera, el grupo fue derivado a una pieza en la que permanecieron unas cinco horas. Varias veces los llamaron uno por uno para volver a interrogarlos hasta que, después del mediodía, les notificaron la resolución denegatoria de entrada y el retorno al lugar de procedencia .

Según Bobadilla, el abogado que puso la Policía observó la escena sin emitir palabra. En ningún momento se les permitió llamar a Uruguay para comunicar su situación.

Ojeda añadió que una asistente social facilitó a Marcelo y Natalia un breve contacto telefónico con parientes en Ibiza y Madrid, horas después que el grupo de inmigrantes fue encerrado en otra pieza, de la que recién saldrían cerca de la medianoche para tomar el avión de regreso a Montevideo.

Terroristas.

Andrea Ojeda, la esposa de uno de los deportados, afirma que, en todo este proceso, su marido y los otros dos uruguayos fueron tratados como terroristas .

Todos fueron colocados contra la pared, los funcionarios se pusieron guantes y los palparon, de forma denigrante , según Ojeda. Los manosearon. La pieza en la que los encerraron once horas no les permitía ver hacia ningún lado, las ventanas eran herméticas y los vidrios estaban pintados. En una oportunidad les alcanzaron comida, Nadie se animó a probarla. Los trataron a lo preso. A uno de los chicos, que era iraquí, lo despertaban a golpes en la nuca cuando se dormía de cansancio , contó Ojeda, de acuerdo al relato de su marido.

Por su parte, Bobadilla aportó más datos: La chica uruguaya tenía a los padres en Madrid y le llevaron un abogado. Pero la policía no lo dejó entrar. La muchacha lloraba, la sobraron de una manera terrible. Y Marcelo estaba destrozado de los nervios. Los trataron como basura, como malandros , dijo el hombre .

Afirmó que durante todo el proceso fueron objeto de las burlas y tomaduras de pelo por parte de los funcionarios policiales.

Nos decían: ¿Te parece lindo lo que has hecho? Ja, seguro que en Tenerife hay mucho trabajo. Con que venías de paseo, ¿eh? Después nos decían otras cosas que no entendí porque ellos hablan medio raro, medio cerrado, pero parecían insultos , agregó.

Fichados.

La esposa de Fernández dijo que el calvario duró hasta la llegada a Montevideo. El traslado al avión que los devolvió a Carrasco fue traumático. Durante todo el trayecto hasta la escalera del avión llevaron escoltas policiales a ambos costados. Dos por cada uno. Los pasaportes fueron cruzados para que quedaran inutilizados. A todos les hicieron una cruz con lapicera sobre el sello. Después la gendarmería entregó los documentos a un funcionario de la compañía aérea, que en Buenos Aires se los dio al piloto. Recién les devolvieron los documentos cuando Interpol los fichó en Montevideo, según la denuncia de Ojeda.

El tema de la ficha es otro asunto que preocupa. Bobadilla aseguró que, cuando llegaron a Carrasco, un funcionario de Interpol les comunicó que tenían una ficha y un expediente .

Bobadilla dice que no olvidará más esa cara: El funcionario nunca dijo quién era pero lo puedo identificar porque lo recuerdo clarito. Quedamos marcados y no entiendo por qué razón. ¿Por no llevar una carta de recomendación para entrar a España? , preguntó.

A pesar de todo Bobadilla tiene la idea fija de trabajar en ese país y dice que volverá. Es carpintero en aluminio y tenía la ilusión de trabajar en Barcelona. Para comprar el pasaje de avión había vendido lo poco que le quedaba luego de dos largos años sin empleo. Había dejado a su mujer, embarazada de siete meses, y a un chiquito de dos años en Barros Blancos con la esperanza de ofrecerles un futuro mejor.

Ahora que estoy en casa me siento a tomar mate, pienso, y me dan ganas de tirar todo. Acá no hay nada. Voy a intentar volver a España, tan pronto pueda, aunque tenga que entrar desde París , anunció.

A Natalia, cuyo apellido no recordaron sus compañeros de viaje, fue imposible ubicarla. Bobadilla cree que ahora está con sus abuelos, en Cerro Norte.

El otro integrante del grupo de deportados, Marcelo Fernández, tendrá el viernes una nueva sesión con el psiquiatra que hace dos días le diagnosticó estado de shock y le recetó varios remedios para que pueda conciliar el sueño.

También espera que alguna autoridad española en Uruguay se haga responsable por lo que ocurrió. Y que la aerolínea que lo llevó a Madrid le devuelva la maleta extraviada, entre otras cosas que perdió en este viaje. La misma debe estar en alguna parte de Ibiza.

Investigan otros cuatro compatriotas

El diputado Enrique Pérez Morad solicitó anoche que las comisiones integradas de Asuntos Internacionales y de Derechos Humanos de la Cámara Baja citen en forma grave y urgente al Embajador de España en Uruguay para que dé explicaciones sobre el tratamiento que las autoridades de su país están dando a los detenidos y deportados uruguayos.

Tras contactarse con dos de los tres uruguayos deportados el domingo 29, Pérez Morad concluyó que no sólo existió una violación a los derechos humanos, sino también a los tratados y convenios vigentes entre los gobiernos de Uruguay y España sobre inmigración. Subrayó que, a la luz de estas normas, las autoridades españolas debieron permitir la comunicación de los detenidos con las sedes diplomáticas uruguayas en ese país y con sus familiares en Uruguay.

Por otra parte, el diputado dijo a El País que a través de las comisiones también planteará al ministro de Relaciones Exteriores, Didier Opertti, que exija una mayor intervención del Embajador de Uruguay en España, ya que la mayor parte de la información es aportada por la cónsul en Madrid, Marta Etcharte.

Cinco días antes de que estos tres uruguayos fueran deportados, la diplomática había informado que otros cuatro compatriotas Jorge Sequiel, Juan Carlos Méndez, Claudia Tanuri y Héctor Delisague , permanecían en un centro de detenidos de inmigrantes de Moratalas en Madrid.

La información llegó a Pérez Morad a través del presidente de la Casa Uruguay José Artigas en esa ciudad, Daniel Caserta, quien señaló que los cuatro fueron detenidos en setiembre por no tener permiso de residencia y que no sabía más nada de ellos porque los datos estaban concentrados en la Embajada.

La situación de los inmigrantes uruguayos en España y el caso de los cuatro detenidos mencionados por la cónsul Etcharte, ameritó la citación del canciller Opertti a la Comisión de Asuntos Internacionales de Diputados, el 25 de setiembre pasado. Según la versión taquigráfica de la sesión, Opertti dijo a Pérez Morad que desconocía los cuatro casos señalados. Anoche Pérez Morad indicó que no volvió a recibir nuevos datos desde Madrid sobre la situación de Sequiel, Méndez, Tanuri y Delisague.