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Horror sin fin

EEUU: “casa blanca“ donde niños eran golpeados, violados y muertos, sigue rezumando horror

En los últimos días se encontraron 27 nuevas sepulturas en el siniestro colegio. Las víctimas mortales ya son más de 80.
15.04.2019 09:35
2019-04-15T09:35:00

"Recuerdo la primera vez que el cinturón me golpeó en las nalgas." John Patterson II tenía 13 años y cuenta que su cuerpo se contorsionó inmediatamente ante el impacto. "Me acuerdo de apretar los dientes para no gritar a causa del dolor, sabía que si fritaba comenzarían a contar de nuevo de cero, parecía que aquello nunca iba a terminar. Me acuerdo de que el cinturón me cortaba la piel, de cómo la ropa interior s eme pegaba a la ropa interior, de las dificultades para ir al baño. Cuando me golpeaban lloraba y pensaba 'mi Dios, ¿por qué dejas que esto me suceda, tanto me odias?'".

Patterson tenía 13 años y era en ese momento - en 1967 - de los más pequeños, un niño muy delgado que había llegado a la Florida School for Boys, un reformatorio para jóvenes en la ciudad de Marianna, porque se había metido en problemas: se portaba mal, y era "Ingobernable e incorregible", según describen los registros de la época. Los alumnos mayores se metían con él y, aquel día, John no se calló y se tomó a golpes con uno de los provocadores. Ambos fueron detenidos y castigados de maneras similares a las que narra John ahora.

"El otro chico y yo fuimos llevados a la ‘casa blanca'. Así se conocía uno de los edificios de la institución, donde los jóvenes eran castigados. Y por castigados se entiende "golpeados con un cinturón de cuero hasta sangrar". "Sólo me acuerdo de uno de los empleados, era el Sr. Tidwell. Y sólo lo recuerdo a él porque sólo tenía un brazo. Cuando entré en la casa blanca todo estaba oscuro, sólo había una luz encendida". Le mandaron desnudarse, quitarse la ropa interior, acostarse en una vieja cama de hierro y agarrarse. Le dijeron que no hiciera ruido y mirara hacia adelante, a la pared. Entonces alguien encendió un ventilador que hacía un sonido ensordecedor. Una precaución para tapar eventuales gritos.

John Patterson es uno de los "Chicos de la Casa Blanca" y este relato, entre muchas decenas de otros, puede ser leído en el sitio de la Asociación de Supervivientes de la Florida School for Boys. La historia de John está lejos de ser la única. Y es -deja claro- el testimonio de alguien que sobrevivió. Otros que entraron en el que fuera el primer reformatorio en el estado norteamericano de Florida, nunca salieron de allí.

Este año, las autoridades estatales concluyeron que en los terrenos del reformatorio existían 31 sepulturas en un pequeño cementerio. Sin embargo, un equipo de antropólogos de la Universidad del Sur de Florida dio cuenta de otros 24 fosas con cadáveres (pasaron a ser 55) y los restos de 51 personas, en su mayoría pertenecientes a jóvenes que habían sido entregados a la responsabilidad del Estado.

A finales del año pasado, el huracán Michael alcanzó la zona y sus vientos revelaron otra zanja en medio del bosque de pinos a poco más de 100 metros del lugar donde funcionaba el centro juvenil. Otras "27 anomalías" fueron detectadas, según el diario norteamericano "The Washigton Post". Posiblemente los restos de otras 27 personas. Así, pasarían a ser 82. La semana pasada se confirmó este hallazgo, según señala el periódico luso Expresso.

Un artículo publicado por investigadores de la Universidad del Sur de Florida en enero de 2016, señala que existen documentos históricos que prueban casi 100 muertes en la institución, incluyendo chicos entre los 6 y 18 años, y también dos empleados. Enfermedades infecciosas, incendios, violencia física y ahogamiento están entre las causas de muertes más frecuentes. "Identificamos también una gran tasa de mortalidad entre los muchachos que intentaban escapar, morían en los tres meses posteriores al intento. Alrededor del 26% de los jóvenes lo hicieron al menos una vez ", se puede leer en los principales descubrimientos del "Informe a la investigación de muertes y sepulturas en el antiguo Arthur G. Dozier School for boys, en Marianna, Florida".

Thomas Curry, por ejemplo, tenía 15 años cuando murió, 29 días después de llegar al reformatorio, en el año 1925. Trató de huir. "Lo que le provocó la muerte fue una herida en la frente con aplastamiento de cráneo por razones desconocidas", concluyeron los antropólogos. Al igual que los restos de 51 personas, los de Thomas fueron enviados a la familia. Aquellos que no fue posible identificar fueron enterrados en un cementerio en Tallahassee.

Las paredes salpicadas de sangre

"Las paredes con sangre, la horrible cuna donde me obligaron a acostarme boca abajo. La suciedad, el olor del cojín que mordía para no gritar. Agarrarme con toda la fuerza posible a una barra a la espera del primer golpe. El primero siempre era el peor. Recuerdo el movimiento brusco y la intensidad del dolor recorriendo mi cuerpo. El flash que se encendía en mi cerebro es algo que nunca olvidaré. Los golpes siguientes ya no costaban tanto y el dolor parecía disminuir a medida que cada latigazo me golpeaba, y el cuerpo quedaba como dormido. La descripción es de Johann Wagener, que llegó en 1958 al reformatorio. ¿Su crimen? Haber huido con la novia. "Rápidamente aprendí a dejar las cosas correr: prepararme y relajarme."

A ese lugar lo llamaban escuela, no prisión. A los jóvenes los llamaban alumnos, no reclusos. Una dicotomía que se probaría, en los primeros años, muy difícil de mantener. La institución comenzó recibiendo jóvenes que hubieran cometido crímenes, pero con el paso del tiempo llegaron otros que habían cometido delitos menores, que presentaban mal comportamiento o que simplemente habían sido abandonados por sus familias. Tenían entre 5 y 20 años, e incluso durante algunos años recibió también chicas.

No existían reglas para llevarlos a la casa blanca. En varias ocasiones iba solo un chico, en otras se iban en pares o tríos. En otras, una fila de jóvenes se formaba en la entrada, todos a la espera de ser golpeados.

Uno de los mayores problemas para el equipo de investigación fue la falta de registros guardados por la institución, que ni siquiera marcaba los lugares donde enterraba los cuerpos. "Esta falta de registros y la no identificación de las sepulturas sugiere intención de ocultar la cifra real de sepulturas ubicadas en la institución y perjudicar potenciales investigaciones en casos de muerte de personas específicas", concluyeron los antropólogos de la Universidad del Sur de Florida.

La primera polémica, señala el diario Saint Petersburg Times en un reportaje de 2009 titulado "Por tu propio bien", ocurrió ya en los años iniciales de funcionamiento. Una investigación reportó que los niños eran "esposados como criminales", y que aquella no era una escuela con el objetivo de rehabilitar y reintegrar a los jóvenes, sino una prisión para niños. Esto ya se sabía hace más de un siglo.

A lo largo de los años fueron reveladas más situaciones: administradores que contrataban a jóvenes para trabajar con criminales condenados, un grupo de seis alumnos y dos funcionarios que murieron acorralados en un dormitorio en llamas, relatos de tratamiento médico inadecuado e incluso homicidios entre los jóvenes. Pero sólo quienes estaban allí adentro sabían que todo esto sucedía. Mientras tanto, cientos de familias todos los años se desplazaban hasta el reformatorio en épocas de navidad para ver las aplaudidas decoraciones construidas por los chicos institucionalizados.

En 1956, la Florida School for Boys tenía 698 jóvenes a su cuidado y ocupaba a 128 empleados. Era la escuela exclusiva para varoness más grande de Estados Unidos.

"Me miraba al espejo y ni me reconocía con tanta sangre"

"La sangre salpica todas las paredes", recuereda Michael O'McCarthy, de 65 años. "Cuando salía de ese edificio ... cuando me miraba al espejo, ni me reconocía por culpa de toda esa sangre", cuenta Roger Kiser, de 62 años. "Eran monstruos ¡Dios mío, las cosas que hicieron!", refirió Robert Straley, también con 62 años.

Estos tres hombres formaron parte de un grupo de cinco que fueron junto a varios periodistas hasta lo que queda de la institución. Señalaron un sitio específico frente a la casa blanca, se trataba de un lugar al que los jóvenes de entonces se referían como "sala de la violación". Robert Straley tenía 13 años cuando lo mandaron allí, acusado de fumar. No lo había hecho, pero sabía que si se negaba sería peor. "Yo estaba en la lista para el entretenimiento de aquella noche. Era sólo eso ", dijo. "Cuando aquellos hombres nos tenían en sus manos, no nos íbamos a hacer los Bruce Lee. Sólo había una opción y ni siquiera podíamos gritar", relató.

Entre 2004 y 2009 se investigaron 316 denuncias de abusos en el centro, según registran documentos policiales consultados por el Saint Petersburg Times. 17 se confirmaron y 33 más tenían "indicios de legitimidad ".

La asociación de supervivientes, los White House Boys, contrató a un abogado y procesaron a varias organizaciones del Estado. Más de 200 hombres apuntaron nombres, incluyendo el de Troy Tidwell, el hombre de un solo brazo que John Patterson recuerda en su relato. En 2009, cuando el Saint Petersburg Times publicó un vasto reportaje sobre el caso, Tidwell todavía estaba vivo y su nombre figuraba en el proceso.

Recién en 2011, bajo creciente presión pública, fue cerrada la institución donde los muchachos entraban problemáticos y salían destruidos.
O no salían jamás.