Hilda Shlick pensaba que la Shoah, el Holocausto judío durante la segunda guerra mundial, la había separado para siempre de su hermano Simon, pero después de 65 años sin noticias, ambos se abrazaron en el aeropuerto de Tel Aviv.
"Lloré, todos lloramos. Usted no puede comprender lo que es..., después de 65 años... Es la felicidad", cuenta Simon Glasberg, de 80 años, que no puede contener las lágrimas durante una ceremonia organizada el domingo en Yad Vashem, el memorial de la Shoah, en Jerusalén.
La familia Glasberg fue dispersada en 1941 con la llegada de los nazis a Rumania. Hilda, que entonces tenía 10 años, huyó de Chernowitz, en el norte del país, con su hermana mayor, Bertha. Ambas lograron llegar a Uzbekistán y luego a Estonia, donde Hilda se hizo peinadora, se casó y pasará la mayor parte de su vida. En 1998 decidió instalarse en Israel, donde vive uno de sus hijos.
Sin noticias de sus padres ni de sus cuatro hermanos durante todos esos años, ella temía lo peor, pero hace unos meses, uno de sus nietos, David, decidió consultar en internet la base de datos de Yad Vashem, para ver si podía hallar informaciones sobre la familia de su abuela.
En el sitio, que contiene más de 3 millones de nombres de judíos, víctimas del genocidio, comunicados por sus allegados, David Shlick no halló trazas de la exterminación de la familia de Hilda. Todo lo contrario.
En efecto, un cierto Karol señalaba la muerte de su hermana Hilda.
"Las informaciones que daba correspondían a mi abuela", cuenta David, agregando: "busqué intensamente a Karol y finalmente hallé a su hijo, un médico que vivía en Florida, Estados Unidos".
Este le contó que la familia Glasberg sobrevivió a la guerra, se instaló en Canadá y siempre creyó que las dos hijas, Hilda y Bertha, habían muerto.
Los padres de Hilda vivieron hasta los 98 y 92 años y murieron en 1980 en Montreal. Karol y su otro hermano, Eddie, murieron en 1999 y 2004. Pero Simon, ex negociante, y Mark siguen vivos.
"Preparamos a Hilda antes de anunciarle la noticia. No queríamos que el choque fuese demasiado grande", dice Benny, otro de sus nietos. "Durante una semana, le dije +Sabes, hay gente que encuentra a familiares que creían desaparecidos+. Pero mi abuela respondió que ella no quería que se removiera el pasado, que no había ninguna posibilidad".
Antes del encuentro, Simon e Hilda se hablaron dos veces por teléfono.
"Mi madre no comprende todavía. No logra creerlo", dice Zeli, hijo de Hilda.
"Mi sueño ahora", dice la anciana de 75 años, "es ir a Canadá para ver a mi ultimo hermano, Mark, que está muy enfermo, y ver la tumba de mis padres".
"Me parece que lo más difícil para ella es decirse que su padre y su madre vivieron tanto tiempo y que ella no los vio nunca más", explica su hijo.