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DE BITÁCORA

¿Cómo hacer buena economía?

¿La familia, una institución fundamental de la sociedad, tiene algún impacto en la economía?

(Por Bernardo Kliksberg (*))

¿La situación de un país en términos de valores morales predominantes influye en su desempeño económico?

La visión del desarrollo puramente economicista que ha tenido tanta presencia en Argentina y América Latina excluye de sus análisis temas como la familia, los valores éticos, la solidaridad.

Serían marginales a las variables económicas puras, únicas a las que habría que prestar atención. Hay a nivel internacional una creciente insatisfacción con este enfoque. Surge de los fracasos macroeconómicos y sociales como el argentino entre otros y de la constatación del gran peso que pueden tener en la economía junto a los factores económicos, otras dimensiones como la ética, cultural y familiar. La discusión es importante, porque de la visión económica estrecha no va a surgir otra cosa que "más de lo mismo" en cambio al ampliar la perspectiva, pueden aparecer políticas mucho más imaginativas y humanas. ¿Cómo influyen los factores extraeconómicos? Veamos dos casos actuales.

LA SOLIDARIDAD IMPORTA

Para la visión económica convencional, el ser humano tiene una inclinación innata a la competitividad a ultranza y está orientado esencialmente al lucro. Si ello se aplica al caso de la Argentina actual, donde hay casi un 60% de personas pobres y un 20% de la población dejó en la década de los 90´s de ser clase media para convertirse en "nuevo pobre", ese país debería estar sumido en un furioso individualismo y debería imperar la Ley de la jungla. Contrariando la ortodoxia económica, están sucediendo cosas muy diferentes. Se está extendiendo la solidaridad. Según la encuesta Gallup las personas que hacen trabajo voluntario eran el 20% de la población en 1997, el 26% en el 2000, el 32% en el 2001 y siguen aumentando fuertemente. A comienzos de los 90´s, siete de cada diez personas pensaban que la gente no estaba dispuesta a ayudar a los otros, ahora seis de cada diez dicen que ellos mismos están dispuestos a ayudar. Hay una verdadera explosión de voluntariado y organizaciones modelo basadas en ello que están haciendo un gran trabajo, tales como Caritas que asiste a 3 millones de personas, la AMIA y otras organizaciones judías que están dando protección a una comunidad fuertemente empobrecida, la Red social, las recientes campañas contra el hambre dinamizadas por la sociedad civil y muchas otras. Según estudios del PNUD las Organizaciones de la sociedad civil generaban en bienes y servicios sociales en el 2000 el 2,6% del Producto Bruto del país. La cifra es mucho mayor si se contabilizan los infinitos gestos de solidaridad que hoy cunden. Violando las "leyes económicas", la conciencia ética impulsa a muchos argentinos a defender la solidaridad. El mismo desarrollo puede observarse en Uruguay y otros países de la región. Igualmente impresionante fue la respuesta solidaria de la sociedad civil que generó el programa "Hambre Cero" del Presidente Lula en el Brasil.

LA FAMILIA SI IMPORTA

Segundo caso: los emigrantes latinoamericanos. Cifras inéditas de humildes latinoamericanos se vieron obligados a emigrar de sus países en los últimos años para buscar trabajo en EEUU, Europa y otras latitudes. La mayoría de ellos trabajan jornadas agotadoras por salarios muy bajos. Según los textos de economía ortodoxa debían estar concentrados en ahorrar para si mismos hasta el último centavo. Se han saltado los textos y están produciendo un comportamiento inesperado. Según los excelentes y pioneros estudios del Fondo Multilateral de Inversiones del BID (FOMIN) que ha llamado la atención internacional sobre ello remesan buena parte de sus modestos ahorros y en el 2002 han transferido a sus familiares en América Latina, 32.000 millones de dólares. Ello es lo mismo que entró por inversiones extranjeras en ese año y mucho más que lo que recibe la región por ayuda para el desarrollo. Sus aportes son decisivos para diversos países. Representan más del 10% del Producto Bruto de Nicaragua, Haiti, Guyana, El Salvador, Jamaica y Honduras. Además han generado actividades económicas por otros 100.000 millones de dólares. Así 12 millones de trabajadores latinos envían 25.000 millones de dólares desde Estados Unidos. No lo hacen erráticamente sino continuamente, 7 a 8 veces por año. 500.000 emigrantes latinos de España provenientes de Ecuador, Colombia, República Dominicana y Perú, envían 1.000 millones anuales a través de envíos regulares. Las remitencias vienen aumentando y ni siquiera las desaniman las comisiones que el Fomin considera "escandalosas" que les cobran por los envíos, (12.5%).

Detrás de esta solidaridad que rompe todos los esquemas de la economía convencional se halla una relación invaluable en términos económicos, los vínculos familiares. Estos esforzados trabajadores muestran con su ejemplo el peso decisivo que esos vínculos tienen en la vida de los seres humanos. Hoy el Fomin y otras entidades estudian como reducir las comisiones y como generar todo orden de emprendimientos productivos a partir de las remisas familiares.

En los dos casos analizados las personas muestran que la naturaleza del ser humano responde mucho más a la visión bíblica de seres destinados al afecto, que a la de la economía ortodoxa.

Indican que más allá de las fórmulas de economía convencionales, los latinoamericanos cuentan con un ingente caudal de valores éticos y familiares que están movilizando frente a las penurias y que tiene considerables impactos económicos. Ese caudal es una excelente base para tratar de poner en marcha una economía con rostro humano que combine políticas publicas enérgicas y bien gerenciadas de combate a la pobreza, y protección de la salud, la educación, el empleo y la nutrición con este formidable capital social de valores que puede apoyarlas y fortalecerlas.

Hacer buena economía, según indica la realidad significa también estimular vigorosamente la solidaridad, proteger la familia con políticas activas, exigir conductas éticas integrales a los líderes, volver a vincular la ética con la economía. Todo ello puede contribuir a mejorar la economía y darle basamentos sólidos. Pero además, no son sólo medios, familia, valores, solidaridad, son fines en sí mismo, son la forma de vivir en armonía y plenitud. (Washington, junio de 2003).

(*) El autor dirige la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo del BID. Autor de numerosas obras, la mas reciente de extendido uso internacional. Las más recientes: "Hacia una economía con rostro humano" (Fondo de Cultura Económica, 2002), y "Ética y economía: la relación marginada" (conf. El Ateneo, Buenos Aires, 2002).

(De Bitácora, Derechos Reservados)