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La renguera del entrenador de Dorados de Sinaloa al caminar tiene una explicación, aunque él hace poco por corregirla.

Desde su llegada a México, a Diego Armando Maradona se lo ha observado caminando con dificultad. Sus desplazamientos son a una velocidad inversamente proporcional a la que mostraba en su etapa de jugador. Cuando llega a los estadios, una pierna parece pedirle permiso a la otra para avanzar al menos unos metros.

El actual entrenador de Dorados de Sinaloa comenzó, hace ya cuatro meses, un tratamiento por la artrosis que padece en la rodilla derecha. Fue en Cali antes de viajar a Rusia para comentar la Copa del Mundo, pero tras su retorno los efectos se acentuaron pese a los esfuerzos por minimizarlos.

“Se le realizó una suplementación de crecimiento tipo Endoret, un producto biomédico dirigido a estimular la regeneración mediante la aplicación de proteínas concentradas y aplicadas directamente en la zona de la lesión”, informó el diario argentino La Nación.

En México, Maradona concurre a un centro de rehabilitación kinésica para continuar con el tratamiento, lo que lo obligó a faltar a alguna práctica. No obstante, no cumple al pie de la letra lo que se le ordena. Mientras los médicos le recomiendan no jugar al fútbol, él se prende en los picados con sus dirigidos y baila en las celebraciones posteriores a una victoria, haciendo sufrir unas rodillas que acumularon en los últimos días líquido sinovial.

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