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Por la puerta grande



Jorge Da Silva dejó de ser el director técnico de Peñarol. El Polilla se reunió con Juan Pedro Damiani el domingo de noche y esgrimió razones personales para dejar un cargo que “genera un desgaste”. “Me superó el entorno de Peñarol”, había manifestado el ahora ex entrenador mirasol previo a comunicarle su decisión al presidente.

La novela respecto a la continuidad de Jorge Da Silva como entrenador de Peñarol tuvo el final que hace ya algunos días se esperaba. Luego del asado del jueves con el plantel, cuando les habría comunicado a los jugadores una decisión que no confirmó ante los medios para que la dirigencia no se enterara a través de la prensa, la reunión "de rigor" se llevó a cabo el domingo por la noche.

El ya ex director técnico mirasol le comunicó su decisión de dar un paso al costado al presidente Juan Pedro Damiani, con quien no había podido dialogar en el correr de la semana, a pesar de tener contrato vigente hasta diciembre. El mandamás carbonero le expresó su deseo de contar con él para el Apertura y la Copa Sudamericana y hasta le ofreció extender el vínculo contractual, pero el Polilla se mantuvo firme.

Da Silva esgrimió motivos personales y le comunicó a Damiani su necesidad de tomarse un descanso, cerrando así un ciclo que duró un año y tres meses y que fue el más largo de un entrenador bajo la presidencia del hoy presidente de la entidad aurinegra, quien deberá buscar un sustituto. Diego Alonso y Jorge Gonçalves son los candidatos.

Anticipó las razones

El propio Polilla, como invitado del programa Punto Penal el domingo por la mañana, había explicado casi a modo de anticipo los motivos que lo llevaron a ponerle punto final a su pasaje por un cargo que “genera desgaste”. “Un día fue Silva Pérez a Los Aromos y me dijo ‘estás más flaco’. Y le dije ‘vení seis meses acá y vas a ver que a veces no comés ni dormís’. Es así. Es un desgaste personal porque dejás muchas energías en el club y descuidás algunas otras más importantes”.

“Me superó lo que es el entorno y el ambiente de Peñarol, y algunos aspectos que uno no se imaginaba que podían suceder. No la prensa, la hinchada ni la presión, porque ya lo imaginábamos desde antes, pero el mundo Peñarol es diferente. Todos los días hay dirigentes viendo los entrenamientos y nunca me había ocurrido. Ojo, no es malo, pero nunca me había pasado”, explicó Da Silva, quien además señaló que “a veces ganábamos 5-1 y teníamos periodistas preguntándonos si Bologna ibva a seguir siendo el arquero”.

Justamente para el puesto de guardameta “había apostado a Migliore por personalidad, pero no se dio y surgió lo de Bologna, que para mí había sido el mejor arquero del campeonato en Argentina y llegaba con atributos sobrados para ser el arquero de Peñarol. Se dio el debut con la fractura de Antonio y luego nos enteramos del problema de salud muy delicado de sus hijos, pero que a la larga los hechos hayan demostrado que teníamos razón nos deja conformes. Fue un tipo ganador, y esas son las cosas que pesan. Los clásicos que jugó los ganó y ganó el Apertura y el Campeonato Uruguayo”.

“No sé si me gané el cariño de algunos, pero sí el respeto de muchos más”, añadió Da Silva, quien tuvo que lidiar también con los motes de “técnico de equipo chico”. “Lo que lográs con los cuadros chicos te potencia mucho más como entrenador. En cuatro años en Defensor logré cuatro títulos y tuvimos dos buenas participaciones en Copas Libertadores y Sudamericanas. En Peñarol me preguntaba qué más había que hacer para ser técnico de cuadro grande, cuando jugamos con cuatro delanteros y a veces con cinco, y varias veces con un solo volante de marca. Si hay algo de lo que me quedo tranquilo es que este pasaje siempre fue pensando en ganador”, agregó.

Claro que esa apuesta ganadora tuvo distintos resultados, porque “en el Uruguayo nos alcanzó y en la Libertadores no”. Probablemente le hubiera alcanzado en el plano internacional si hubiera podido sostener el rendimiento del primer semestre, pero no pudo. “Hubo varios aspectos que nos llevaron a modificar el equipo buscando el mejor rendimiento para que el juego nos dejara satisfechos. Jugamos bien con Iquique en la Copa, y si bien modificamos con alguna pequeña variante, tratamos de mantenerlo parecido al del Apertura”, explicó.

Luego de aquel debut copero en Chile, “empezaron a cambiar los rivales, las necesidades fueron otras, los rendimientos no fueron los mismos y tuvimos lesiones que nos llevaron a cambiar. Para el partido con Emelec por la Libertadores nos vimos imposibilitados de tener a Mauro Fernández y Carlos Núñez, a quienes habíamos traído como variantes, y recién al final nos vimos recuperados y pudimos tenerlos a todos, ya con la vuelta del Lolo, y encontramos el equipo que queríamos”.


Montevideo COMM / www.montevideo.com.uy

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