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La pérdida del piloto fue injusta e irreparable, pero su memoria vive en todos nosotros y lo recordaremos hasta el último suspiro.
Cada 11 de setiembre que llega es una fecha cargada de acontecimientos, lamentablemente negativos. El violento golpe de estado en Chile en 1973, el terrible atentado a las Torres Gemelas de 2001, la trágica muerte en un accidente de tránsito de Diego Rodríguez, futbolista de Nacional que además fue en la esquina de mi trabajo por aquel 2010.
Pero hay uno recuerdo que en lo personal golpea con fuerza y es lo que pasó en aquel 11 de setiembre de 1999, aquel día nos dejaba el mejor piloto que haya dado el Uruguay, el gran Gonzalo "Gonchi" Rodríguez.
Por aquel entonces yo tenía 16 años y era fanático de la Formula 1 desde que tenía uso de la razón, no es difícil inferir que Gonchi era mi ídolo. A esa edad en la que uno idealiza a los adultos, Gonchi lograba lo que nunca pensamos que fuera posible para uno de los nuestros, golpear las puertas de la Formula 1. Triunfos en la antesala de la máxima, en circuitos míticos como Nurgburgring, Spa y Mónaco nos hacían emocionarnos y soñar.
Mientras peleaba por el título en la Formula 3000 le llegó su primera gran oportunidad, subirse al Penske de la siempre peligrosa pero atrapante Indycar, que por aquellos días se llamaba serie Cart debido a la división que sufría el automovilismo americano. A tiempo parcial, evitaría los óvalos y participaría en circuitos y callejeros. Tras debutar de forma promisoria en Detroit llegó la chance de correr en Laguna Seca, el famoso circuito californiano.
Pero aquel sábado todo salió mal, recuerdo despertar y observar el poster de "Gonchi" en mi cuarto y mirarlo con la ilusión de lo que venía por delante, chequear en Internet los tiempos del viernes en los libres, porque sí, en aquella época el acceso a la red era limitado. Luego no tuve más noticias durante el día; fui al estadio Centenario a ver futbol con un gran amigo, su padre y su hermano, y en el camino por supuesto fuimos hablando de "Gonchi". Sentados en la tribuna, con el partido por empezar anuncian un minuto de silencio. El locutor informa la muerte del piloto uruguayo de Formula 3 (cuando en realidad era de Formula 3000) Gonzalo "Gonchi" Rodríguez. El silencio fue sepulcral, yo sentí que me venía el mundo arriba. Recuerdo al padre de mi amigo mirarme con incredulidad y preguntarme si yo ya sabía. Era todo desconcierto. Del partido no recuerdo nada, no quería estar ahí, no quería estar en ningún lugar.
Al llegar a casa rompí a llorar y sonó el teléfono, era mi madre, aún no se había enterado, lloramos juntos por teléfono mientras mi padre insultaba como sonido del fondo al enterarse y maldecía a la Indycar. Fue un golpe duro, el automovilismo estaba en boca de todos pero por una razón muy triste, en el liceo y en el curso de periodismo deportivo no se hablaba de otra cosa, y una y otra vez me preguntaban qué había pasado. Era tan duro que no me animé a ir a su multitudinario entierro, aquella tarde el cielo de Montevideo no paró de llorar, llovió como pocas veces.
Esa es mi historia personal, como hay decenas de miles de historias de cada uno de sus fanáticos, la pérdida de Gonzalo fue injusta, e irreparable. Pero su memoria vive en todos nosotros y se mantiene a través de su fundación y del enorme trabajo de su hermana; "Gonchi" no vivió en vano y quienes disfrutamos de sus hazañas al volante, de su carisma y de su sonrisa, lo recordaremos hasta el último suspiro.


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