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Escribe Eduardo Bonomi

Opinión | Un puerto oceánico de aguas profundas en el este del país, un plan que reactivar

Es impensable sin asociación con privados e imposible sin el rol conductor del Estado como escudo de los débiles y resguardo de la Nación.

16.11.2021 17:26

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2021-11-16T17:26:00
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El martes 26 de octubre, en la Sala Acuña de Figueroa del Palacio Legislativo, se realizó un foro sobre la necesidad de un Puerto Oceánico en Uruguay, organizado por la Academia Uruguaya de Geopolítica y Estrategia, presidida por el doctor Alem García.

Disponer de un Puerto de Aguas Profundas (PAP) en Uruguay es, realmente, una cuestión estratégica y profundamente geopolítica. Me congratulo y apoyo fuertemente que se mantenga en el horizonte estratégico de nuestro país la idea de realizar un puerto oceánico de aguas profundas

Ello ha puesto en cuestión la alternativa de corto y mediano plazo de profundizar a 14 metros el canal de acceso y la cercanía inmediata -a pie de muro- del Puerto de Montevideo.

Esa alternativa no sustituye la estrategia de largo plazo de construir un PAP en el este del país, pero ayuda a ofrecer rápidamente acceso adecuado a los cargueros de mayor porte que necesitan mayores profundidades para operar.

Después del acuerdo que hizo el gobierno con Katoen Natie, transformándola en la verdadera beneficiaria de la profundización prevista, es imprescindible volver a la idea de un puerto oceánico de aguas profundas en nuestro país, concretamente en el departamento de Rocha.  La construcción de un puerto que permita disponer de 18 a 22 metros de profundidad, nunca dejó de estar en la estrategia de desarrollo del Uruguay soberano e integrado.

Decía el ingeniero Guillermo Del Cerro, principal expositor en la conferencia del martes 26, en la que habló como representante del Centro de Navegación, que “Uruguay debe poner en juego todos sus recursos estratégicos”, refiriéndose fundamentalmente a sus características geográficas y a la profundidad natural de sus costas oceánicas, además de su pequeñez como país lo que, al contrario de lo que parece, puede ser una ventaja cuando de un acuerdo regional se trata.

Por otra parte, la idea de desarrollar un PAP retoma el planteo realizado durante el gobierno de José Mujica de construirlo en la costa oceánica de nuestro país.

El planteo de entonces

El contexto regional de crecimiento sostenido de la producción de bienes agrícolas, la instalación de nuevos emprendimientos agroindustriales e industriales, cuya demanda desde fuera de la región continuará aumentando -además de otras actividades que podrían desarrollarse con un puerto de aguas profundas- supuso una oportunidad inmejorable para su instalación en Uruguay.

Las características geográficas de la costa oceánica de nuestro país son una oportunidad para un puerto que permita el transporte marítimo siguiendo la tendencia de utilización de buques de gran porte y calados superiores, transformándose en una salida directa de la región hacia los mercados de lejano oriente y el sudeste asiático. Esta nueva infraestructura otorgaría ventajas competitivas a nuestros productos y mejoraría significativamente las principales cadenas logísticas regionales de exportación e importación.

También permitiría abrir un nuevo escenario de complementación con los puertos del sur de Brasil y los puertos fluvio-marítimos argentinos y uruguayos, que aún generando alguna competencia entre ellos, tendría efectos positivos en todo el sistema portuario de la región.

Este planteamiento tiene muy marcado el fortalecimiento de la inserción internacional de nuestro país, con el valor agregado de transformarse en un eslabón más en el proceso de integración, mejorando significativamente la logística como factor de beneficio indispensable para la región.

Por eso, José Mujica, entendiendo la construcción de un Puerto de Aguas Profundas como una obra de integración, convocó a los países de la región a participar del desarrollo del puerto y de su utilización para mejorar  significativamente la competitividad de su producción y viabilizar nuevas actividades. La respuesta no se hizo esperar y en la última reunión del Mercosur durante el mandato de Mujica, los presidentes incluyeron en la declaración final su beneplácito por el proyecto de instalar un puerto de aguas profundas en la costa oceánica de Uruguay y la búsqueda de mecanismos para participar en el mismo.

Los avances realizados

Se creó la Comisión Interministerial para el Puerto de Aguas Profundas con el cometido de analizar la viabilidad de construir un puerto de aguas profundas en el este del país, considerando los aspectos técnicos, ambientales, económicos, institucionales y regulatorios, vinculados al proyecto.

Poco tiempo después, dentro de los plazos establecidos, la comisión elaboró un informe en el que planteaba la viabilidad del desarrollo del puerto de aguas profundas y recomendó su ubicación en la costa oceánica del departamento de Rocha. Además, reafirmó que se realizaría una única intervención, por lo que no se autorizarían otras terminales, que el puerto de aguas profundas sería multipropósito, por lo que operaría, además de los graneles sólidos y probablemente líquidos para los que estaba previsto, moviendo carga general y contenedores, así como otras actividades vinculadas a la explotación petrolera off shore.

Se concluyó que, desde el punto de vista ambiental y del ordenamiento territorial, la ubicación recomendada encuadraba dentro de la clasificación de uso del suelo realizada por las autoridades departamentales y permitiría manejar adecuadamente un plan de mitigación de los impactos negativos; particularmente, por la menor necesidad de dragado, por el poco desarrollo urbano del área terrestre y porque planificando adecuadamente las obras y la posterior operación se garantizaría la total compatibilidad de la actividad portuaria con la turística.

Luego, a pesar de que el 7 de enero de 2013 se promulgó la ley que habilitaba la instalación de un puerto de aguas profundas y reservaba 2.800 hectáreas para uso portuario, el proyecto no se pudo concretar.

Justificación económica del proyecto

Sin embargo, los estudios realizados demostraron la viabilidad económico-social y para inversores privados, así como el bajo riesgo para desarrollar un proyecto de esas características. Se trataba, y hay que recuperarla bajo nuevas características, de una oportunidad a aprovechar en un nuevo contexto político y económico.

Desde el gobierno y sus instituciones, las diferentes fuerzas políticas, entidades privadas del sector industrial, agroindustriales y logísticas, los trabajadores organizados, y en general todos aquellos que aspiran al desarrollo económico del Uruguay en beneficio de sus habitantes, concuerdan en la necesidad de impulsar el desarrollo de un verdadero Puerto de Aguas Profundas.

La construcción y el desarrollo del PAP, se encuadra en la política portuaria de estímulo al impulso de una plataforma de transporte y logística eficiente, que dinamice el fortalecimiento de la producción y la economía nacional y regional.

Ello podría asegurar:

·        Una solución logística que integrada a la oferta nacional y regional existente, permita atender adecuadamente el futuro aumento de la demanda de cargas.

·        Promover una mayor competitividad empresarial por la vía de mejorar las condiciones de acceso a los servicios de transporte y política para productos de exportación.

·        Fomentar la radicación de emprendimientos e industrias en el área cercana al desarrollo portuario y, con ello, fomentar la generación de nuevas fuentes y puestos de trabajo.

·        Consolidar al Uruguay, en el mediano y largo plazo, como un polo de desarrollo logístico regional, en un entorno económico y de cuidado ambiental sustentable.

Este proyecto, que permitiría reducir significativamente los costos asociados al transporte de granos, minerales, líquidos y productos forestales que exportan Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia hacia el lejano oriente y el sudeste asiático, es impensable sin la asociación con la empresa privada y, absolutamente imposible sin el rol conductor del Estado y no sólo como escudo de los débiles, sino como resguardo de la Nación.

Antes de la lamentable entrega del Puerto de Montevideo, construir un Puerto de Aguas Profundas estaba en el horizonte estratégico del proyecto de desarrollo sustentable de nuestro país. Luego del nefasto y oscuro acuerdo realizado con renuncia de soberanía -lo que todavía se está tratando de evitar-, pasa a ser una necesidad imprescindible.


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