En picado.
Volar en clase económica no es una experiencia muy cómoda. Sin embargo, podría ir a peor si se aprueba esta patente francesa.
Décadas atrás, los aviones de pasajeros solían contar con cabinas dotadas de grandes comodidades y servicios, al estilo de los paquebotes y cruceros a los que habían quitado parte de su clientela. Ciertamente, en aquellos tiempos volar no estaba al alcance de cualquiera, y sólo persona adineradas utilizaban ese medio de transporte.
En épocas recientes, la feroz competencia por los mercados llevó al surgimiento de una mayor y más variada oferta, lo que permitió que las clases medias pudieran subirse a los aviones. Y en procura de abatir costos y aumentar ganancias, el hilo se cortó por el lado más fino: el espacio interior y la calidad del servicio.
Hoy en día, viajar en clase económica se parece cada vez más a hacerlo en un ómnibus urbano. Y las cosas podrían todavía empeorar.
En 2013, la aerolínea económica Ryanair presentó un proyecto para dotar a sus aparatos de asientos muy parecidos a los taburetes presentes junto a los mostradores en los bares. Estos banquitos -que tendrían un precio muy barato- fueron vetados por las autoridades europeas debido a sus deficiencias en seguridad.
Ahora, la firma Zodiac Aerospace busca su propia manera de reorganizar el espacio a bordo, con una solicitud de patente que, de prosperar, emporaría aún más la ya incómoda experiencia de volar para aquellos que no pueden pagar un boleto de primera.
Según consigna The Independent, la empresa francesa de equipamiento aeronáutico quiere introducir su concepto HD31: un proyecto de cabina de "alta densidad".
Tal como se aprecia en las imágenes, se trataría de una forma diferente de viajar, donde los pasajeros estarían más bien empotrados y mirándose a la cara. Miles de conversaciones agradables podrían surgir, especialmente en vuelos largos.
Según la compañía, las líneas aéreas han mostrado interés en este nuevo "habitáculo hexágono clase económica" de asientos plegables, donde los pasajeros se verían absolutamente empaquetados.
El fabricante afirma que el proyecto "ofrece una solución al desafío del aumento del número de pasajeros en la cabina de un avión de pasillo único" al tiempo que ofrece a los pasajeros aproximadamente el 15 por ciento más de espacio. . . cosa que no parece tan clara en la foto.
Justo es reconocer que el diseño sin duda cumple con una de sus promesas: acabar con la "guerra de codos" en el posabrazos.
Sin embargo, todavía hay esperanza para los pasajeros que no quieren viajar mirando aun desconocido ni oliendo sus pies cerca de la cara: el diseño debe pasar por una serie de pruebas, y demostrar -entre otras cosas- que permite una rápida evacuación de la nave, y que los asientos pueden soportar las mismas fuerzas que los "normales" en caso de accidente.


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