Imagen
Imagen
Imagen
Montevideo Portal
Envianos tu sugerencia
imagen

Corré la Bola


Robert Lima, uno de los cinco privilegiados que estuvo en todos los años del segundo quinquenio de Peñarol, se metió en el corazón de la parcialidad aurinegra a pura entrega y adhesión a la causa. Hoy, con 38 años, el Bola conduce la octava división mirasol y aspira, con el tiempo, a dirigir algún equipo de Primera.


Robert Lima fue uno de los cinco futbolistas aurinegros que salió en todas las fotos del plantel campeón uruguayo entre 1993 y 1997, junto a Pablo Bengoechea, José Enrique De los Santos, Nelson Olveira y Washington Tais, aunque éste último emigró a mediados de 1997.

El Bola, de cuidadas rastas y aurinegro corazón, se metió en la hinchada mirasol en base a esfuerzo y entrega, trabando cada pelota como si fuera la última, marcando siempre al mejor delantero rival y apareciendo incluso con goles clásicos, como en la tercera final del Campeonato Uruguayo 1995.

Claro que para llegar al primer equipo tuvo que pelearla. Nada es fácil para ese tipo de jugadores que nunca integrarían un grupo de Facebook que se titule “Yo soy un virtuoso”, pero que en base a sacrificio y mucho entrenamiento invisible llegan a sus metas.

Desde su debut amistoso al oficial pasaron dos años. En diálogo con Montevideo Portal, recordó que “debuté en unos amistosos en Chile con Menotti, en 1991”, pero fue recién en 1993 con Gregorio Pérez como entrenador y enfrentando a Defensor que se presentó en sociedad para la hinchada que mil veces terminó coreando su apodo.

“Peñarol venía de derrotas y con la llegada de Damiani cambió técnico y plantel. Apostó a los juveniles que estábamos pero rodeados de varios referentes, jugadores experimentados que llegaron como Mario Saralegui, el Chueco Perdomo, el Pollo Vidal, el Tano Gutiérrez y Pablo Bengoechea” entre otros, contó Lima.

“Se armó un grupo bárbaro que fue la base del quinquenio”, una etapa que sin dudas “fue la mejor de mi carrera, por los logros y el reconocimiento de la gente”. Sus buenas actuaciones lo llevaron incluso a integrar la selección nacional, con el Pichón Núñez como técnico, y con el correr de los años le permitieron emigrar.

Lima se fue a marcar con su bien entendida rudeza a delanteros de Argentina, Honduras, Perú y China, pasando por Chacarita Juniors y Sporting Cristal entre los equipos más conocidos. Si bien no tuvo dificultades para adaptarse al fútbol de esos países, confiesa que China, donde viajó solo por ocho meses en 2003 y 2005, “es difícil, porque es una cultura diferente y otro régimen de vida”.

Con los años retornó a Peñarol, en 2001, y el “olé olé olé, Bola Bola” volvió a bajar desde la Amsterdam, siempre con la número 5 en la espalda. Claro que el número no obedecía a su ubicación en la cancha. Desde el lateral zurdo o desde la zaga, fue partícipe de ese quinquenio que incluso lo tuvo jugando como carrilero con Jorge Fossati, en 1996, desafiando con subidas y goles a quienes lo tenían sólo como “un rústico”. Al responsable de ese cambio posicional, lo pone junto a Gregorio Pérez en el selecto grupo de “los mejores técnicos que tuve”.

Después de algunos años entre los mirasoles y el exterior, vistió por primera vez en Uruguay una casaca no aurinegra, aunque las franjas se mantenían. Fue la de Liverpool, y previo pasaje por Durazno llegó a su Cerro Largo natal, donde se retiró del fútbol con un partido homenaje en octubre de 2009.

El fútbol, como todo en la vida, se había terminado, aunque dejó amistades y buenas relaciones con varios compañeros. El Caballo De los Santos y Nicolás Rotundo fueron los primeros de esa lista, que también integran Darío Rodríguez, “con quien tuve una linda relación cuando estuvimos en Peñarol”, Antonio Pacheco, Bengoechea, el Vasco Aguirregaray, el Tano Gutiérrez y el Chueco Perdomo. De una u otra forma, “todos me marcaron”.

En su caso, el abandono de la actividad profesional no fue tan traumático como en el de otros colegas, que no encuentran en qué matar el tiempo o lo que es peor, no se sienten útiles para hacer otra cosa. “Lo tenía pensado desde tiempo atrás”, comentó, con la cabeza metida en seguir relacionado al fútbol pero desde otra posición.

Tras integrar el cuerpo técnico de Cerro Largo, llegó a las formativas de Peñarol y hasta hoy sigue allí, entrenando a la octava división y a un año de finalizar el curso de entrenador en la ACJ. “La experiencia con los juveniles está buena”, confiesa Lima, aunque su objetivo es “agarrar algún equipo de Primera”.

Durante algunos meses estuvo enfocado en una empresa constructora con un socio, pero “hoy no estoy tan metido en eso, y estoy de lleno en Peñarol”, buscando, en una de esas, algún nuevo Bolita que al torcer su camiseta aurinegra después de cada batalla, la haga chorrear ese sudor que a él lo llevó directo al corazón de la hinchada carbonera.

Compartir
Los que ya encontramos
Imagen