Por Isabel Viana
Sitges y la construcción del futuro
04.08.2006
Es una verdad incontrovertible que para ir a un lugar (tanto espacial como temporal), debemos definir hacia dónde queremos ir, investigar los caminos posibles, averiguar sobre su naturaleza y elegir cuál resulta apropiado a nuestros medios y recursos.

No es otro el proceso lógico de definiciones que hacemos cada día, de camino hacia nuestro trabajo, lugar de estudio, entretenimiento o compras: hay un sitio de destino definido y optamos por medios (en ómnibus, en auto, en bicicleta, caminando) y recorridos función de las circunstancias. Elegimos en función de la meta y de otras informaciones de que disponemos: si una calle está cortada, si es necesario llegar en menos tiempo que el usual, si queremos ahorrar esfuerzo o combustible, si, por el contrario, necesitamos una caminata larga para gastar energía y bajar de peso.

Si comenzamos a caminar sin fijar el sitio de destino, es muy poco probable que lleguemos a un destino coherente con nuestros deseos y menos probable que lo hagamos con eficiencia.

Cuando hablamos de individuos, el tema parece claro. Cuando se trata de sociedades encarando la construcción de su futuro, suele sentirse que la definición de metas comunes o destinos posibles resulta demasiado compleja, que se dispone de poca información acerca de alternativas factibles, que existen demasiados imponderables externos que alterarán el contexto, el destino posible y los caminos elegidos.

Sin embargo, la afirmación inicial sigue siendo válida: si no decidimos qué queremos para nuestro futuro, es altamente improbable que podamos construir un destino que nos satisfaga. Agrego a esa afirmación una segunda: destino y camino deben ser esencialmente flexibles y redefinirse estratégicamente cada vez que los cambios cuestionen metas y trayectorias.


LA EXPERIENCIA SITGES
Acabo de vivir una experiencia formidable de definición del futuro deseable y de comienzo de su construcción por parte de una sociedad. Ocurrió en la ciudad de Sitges, ubicada hoy a media hora de tren de Barcelona. Siete planificadores experientes y seis jóvenes planificadores fuimos invitados por la Alcaldía y la Asociación Internacional de Urbanistas (ISoCaRP) a elaborar una propuesta para las áreas centrales de Sitges 2030.

El Alcalde y sus consejeros, respaldados por distintos sectores de la actividad privada y pública, nos trasmitieron cómo debe ser y funcionar la ciudad que imaginan a esa fecha y durante el tiempo que transcurra hasta llegar a ese horizonte temporal. Tienen conciencia clara de que la construcción de ese futuro debe comenzar ya.

La ciudad es muy antigua y cambió adaptándose a nuevas realidades, conservando lo que sus ciudadanos consideraron esencial: su capacidad de ser diferente, su oferta de cultura y de calidad de vida. Esa aptitud de la ciudad para la excelencia es considerada por los ciudadanos de Sitges como el valor relevante a conservar, Es, junto con la oferta de naturaleza y su patrimonio construido, sostén de la economía local.

Hoy Sitges es un sitio próspero y vital pero siente que para seguir siendo lo que es, debe seguir cambiando. Los ciudadanos y su gobierno local perciben circunstancias capaces de cambiar negativamente su lugar. Quieren, en consecuencia, dirigir los cambios de manera tal que los valores de la ciudad se potencien.

Constituye un primer gran desafío el que la ciudad ya no sea más difícilmente accesible: Barcelona ha construido una audaz línea ferroviaria que incluye 8 túneles a través del macizo del Garraf y tramos literalmente sobre el mar, que ponen a Sitges a media hora del centro metropolitano. Al 2015 la Generalitat terminará la construcción de nuevas autopistas que permitirán sumar turistas del interior de Cataluña, a quienes vienen regularmente desde centro metropolitano.

Sitges ha definido que no quiere convertirse en un suburbio masificado más. Y se ha propuesto construir su oferta diferenciada de buena calidad de vida, obviamente en el contexto metropolitano.

¿Cuáles son las características que definen y están construyendo ya para su ciudad del futuro? La primera afirmación radical del Alcalde Jordi Baijet ante el grupo de planificadores fue que deseaban recrear Sitges para hacer una ciudad para su gente. Y para que quienes vivan en ella sean felices.

Realmente la demanda causó sobresalto en el grupo de técnicos. Los ''senior planners'' proveníamos de lugares bien diferentes del planeta: de India, China, Holanda, México, Portugal, España y Uruguay y los ''young planners'' venían de otras regiones de España, ya que se había definido que ningún miembro del equipo debía ser del lugar. Ninguno había recibido una demanda similar por parte de un gobernante.

En resumen, sus habitantes quieren que Sitges sea una Ciudad de Excelencia SXXI, parte articulada pero distinta- del sistema metropolitano de Barcelona. Se diferenciará por priorizar al hombre sobre las máquinas, por su buena calidad ambiental; por generar una oferta que la validará como destino de nuevo tipo para turistas interesados en creatividad y arte. Tendrá pautas de movilidad adecuadas a ese estilo de vida.

Fue señalado también con total claridad cómo no quieren ser: una ciudad dormitorio indiferenciada de Barcelona metropolitana.

En el proceso de construir ese futuro, ya han dado una importante serie de pasos proyectuales, que les permiten estar preparados para gestionar los procesos externos ya previstos en la región, como el crecimiento de la población y para conducir los cambios internos en el sentido consensuado. Algunos de ellos están en plena realización, como la peatonalización de la totalidad del centro histórico y el rediseño de sus vías públicas para formas otras y diversas de uso humano.

En ese contexto y con ayuda de la Fundación Metrópolis han identificado 10 proyectos estratégicos para Sitges Siglo XXI. Uno de los mismos es aquel para el que el Grupo de Tareas de ISoCaRP fuera convocado: la definición de lineamientos para el desarrollo de la centralidad de la ciudad y, en ese contexto, muy especialmente la definición de los cambios a incorporar al Centro Histórico.

Desean diseñar una ciudad para las personas no para los automóviles y sus demandas de espacio. En el Centro Histórico de Sitges, ya el año próximo, ninguna máquina en movimiento o detenida se interpondrá entre las personas o entre éstas y su paisaje. Saben que para lograrlo hay que producir y sostener importantes cambios culturales. Saben que deben habilitar nuevas maneras de que personas y cosas se muevan en la ciudad, ya que a cada casa o a cada comercio deberán llegar personas y productos con absoluta comodidad. Para lograr una accesibilidad óptima se deberá usar toda la batería de recursos que puede hoy proveer la tecnología: desde pequeños vehículos colectivos eléctricos al alejamiento neumático de los residuos sólidos.

En esa ciudad para la gente, se planteó la necesidad de usar parte sustantiva del espacio definido como urbanizable para usos culturales, en el entendido de que éstos serían base sustantiva de la economía local futura. Es así que se previeron áreas para las artes de la escena, el cine, la música, los deportes, la ciencia, la alta tecnología, la enseñanza.

La ciudad camina hacia mantener su condición de excelencia porque sabe dónde quiere ir. Sabe también que lograrlo debe ser el producto de políticas que trascienden los tiempos de gobierno. Solicita ayuda de técnicos no vinculados a subvenciones estatales o institucionales porque sabe que para construir ese futuro es necesario tener un proyecto que responda a su propio proyecto de futuro.


¿Y POR CASA?
¿Es tan difícil el camino descrito? ¿Podemos imaginar procesos similares en nuestras ciudades? ¿Hay barreras reales para que empecemos a construir nuestro futuro o nos frenan la desesperanza y las urgencias del presente?

Creo que, como la gente de Sitges, tenemos el derecho de definir nuestro futuro y el deber de empezar a construirlo.

Debemos definir opciones propias de calidad de vida en el contexto regional y global. Nuestro país se diferenció el siglo pasado en los contextos regional y mundial por su apuesta a valores innovadores y a la calidad de vida de su población. Logros como la igualdad entre las personas fueron sustentados por la instalación del sistema de enseñanza pública. Las mujeres lograron el reconocimiento de su condición ciudadana y sus derechos mucho antes que en la mayoría de los países del mundo.

Esa sociedad construyó los espacios urbanos del país. Los espacios públicos compartidos por todos (red vial, plazas, parques, playas) han sido espacios de integración social.

¿Cuáles son los valores que deben sustentar la vida y los espacios de la sociedad uruguaya dentro de 25 años? ¿Queremos un país en el que cada uno tenga miedo de todos los demás? ¿Queremos una sociedad en que muros y rejas den cuenta espacial de la brutal exclusión social? ¿Queremos ciudades fragmentadas donde haya zonas rojas en las que es peligroso entrar y fortalezas donde los de afuera no accedan?

Quienes hoy somos adultos responsables nos debemos el dialogar sobre el futuro. Nos debemos también el debate con nuestros jóvenes acerca del mundo que les legaremos, en el que ellos van a vivir. Creo que podemos y debemos hacerlo. Ninguna urgencia circunstancial debiera posponer ese debate. Porque conciente o inconscientemente, es importante darnos cuenta de que estamos construyendo el futuro.

Isabel Viana es arquitecta, especialista en gestión territorial y urbana


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