No es otro el proceso lógico de definiciones que hacemos cada día,
de camino hacia nuestro trabajo, lugar de estudio, entretenimiento o compras:
hay un sitio de destino definido y optamos por medios (en ómnibus, en
auto, en bicicleta, caminando) y recorridos función de las circunstancias.
Elegimos en función de la meta y de otras informaciones de que disponemos:
si una calle está cortada, si es necesario llegar en menos tiempo que
el usual, si queremos ahorrar esfuerzo o combustible, si, por el contrario,
necesitamos una caminata larga para gastar energía y bajar de peso.
Si comenzamos a caminar sin fijar el sitio de destino, es muy poco probable
que lleguemos a un destino coherente con nuestros deseos y menos probable
que lo hagamos con eficiencia.
Cuando hablamos de individuos, el tema parece claro. Cuando se trata de sociedades
encarando la construcción de su futuro, suele sentirse que la definición
de metas comunes o destinos posibles resulta demasiado compleja, que se dispone
de poca información acerca de alternativas factibles, que existen demasiados
imponderables externos que alterarán el contexto, el destino posible
y los caminos elegidos.
Sin embargo, la afirmación inicial sigue siendo válida: si no
decidimos qué queremos para nuestro futuro, es altamente improbable que
podamos construir un destino que nos satisfaga. Agrego a esa afirmación
una segunda: destino y camino deben ser esencialmente flexibles y redefinirse
estratégicamente cada vez que los cambios cuestionen metas y trayectorias.
LA EXPERIENCIA SITGES
Acabo de vivir una experiencia formidable de definición del futuro deseable
y de comienzo de su construcción por parte de una sociedad. Ocurrió
en la ciudad de Sitges, ubicada hoy a media hora de tren de Barcelona. Siete
planificadores experientes y seis jóvenes planificadores fuimos invitados
por la Alcaldía y la Asociación Internacional de Urbanistas (ISoCaRP)
a elaborar una propuesta para las áreas centrales de Sitges 2030.
El Alcalde y sus consejeros, respaldados por distintos sectores de la actividad
privada y pública, nos trasmitieron cómo debe ser y funcionar
la ciudad que imaginan a esa fecha y durante el tiempo que transcurra
hasta llegar a ese horizonte temporal. Tienen conciencia clara de que la construcción
de ese futuro debe comenzar ya.
La ciudad es muy antigua y cambió adaptándose a nuevas realidades,
conservando lo que sus ciudadanos consideraron esencial: su capacidad de ser
diferente, su oferta de cultura y de calidad de vida. Esa aptitud de la ciudad
para la excelencia es considerada por los ciudadanos de Sitges como el valor
relevante a conservar, Es, junto con la oferta de naturaleza y su patrimonio
construido, sostén de la economía local.
Hoy Sitges es un sitio próspero y vital pero siente que para
seguir siendo lo que es, debe seguir cambiando. Los ciudadanos y su gobierno
local perciben circunstancias capaces de cambiar negativamente su lugar. Quieren,
en consecuencia, dirigir los cambios de manera tal que los valores de la ciudad
se potencien.
Constituye un primer gran desafío el que la ciudad ya no sea más
difícilmente accesible: Barcelona ha construido una audaz línea
ferroviaria que incluye 8 túneles a través del macizo del Garraf
y tramos literalmente sobre el mar, que ponen a Sitges a media hora del centro
metropolitano. Al 2015 la Generalitat terminará la construcción
de nuevas autopistas que permitirán sumar turistas del interior de Cataluña,
a quienes vienen regularmente desde centro metropolitano.
Sitges ha definido que no quiere convertirse en un suburbio masificado más.
Y se ha propuesto construir su oferta diferenciada de buena calidad de vida,
obviamente en el contexto metropolitano.
¿Cuáles son las características que definen y están
construyendo ya para su ciudad del futuro? La primera afirmación
radical del Alcalde Jordi Baijet ante el grupo de planificadores fue que deseaban
recrear Sitges para hacer una ciudad para su gente. Y para que quienes vivan
en ella sean felices.
Realmente la demanda causó sobresalto en el grupo de técnicos.
Los ''senior planners'' proveníamos de lugares bien diferentes
del planeta: de India, China, Holanda, México, Portugal, España
y Uruguay y los ''young planners'' venían de otras regiones
de España, ya que se había definido que ningún miembro
del equipo debía ser del lugar. Ninguno había recibido una demanda
similar por parte de un gobernante.
En resumen, sus habitantes quieren que Sitges sea una Ciudad de Excelencia
SXXI, parte articulada pero distinta- del sistema metropolitano de Barcelona.
Se diferenciará por priorizar al hombre sobre las máquinas, por
su buena calidad ambiental; por generar una oferta que la validará como
destino de nuevo tipo para turistas interesados en creatividad y arte. Tendrá
pautas de movilidad adecuadas a ese estilo de vida.
Fue señalado también con total claridad cómo no quieren
ser: una ciudad dormitorio indiferenciada de Barcelona metropolitana.
En el proceso de construir ese futuro, ya han dado una importante serie de
pasos proyectuales, que les permiten estar preparados para gestionar los procesos
externos ya previstos en la región, como el crecimiento de la población
y para conducir los cambios internos en el sentido consensuado. Algunos de ellos
están en plena realización, como la peatonalización de
la totalidad del centro histórico y el rediseño de sus vías
públicas para formas otras y diversas de uso humano.
En ese contexto y con ayuda de la Fundación Metrópolis han identificado
10 proyectos estratégicos para Sitges Siglo XXI. Uno de los mismos es
aquel para el que el Grupo de Tareas de ISoCaRP fuera convocado: la definición
de lineamientos para el desarrollo de la centralidad de la ciudad y, en ese
contexto, muy especialmente la definición de los cambios a incorporar
al Centro Histórico.
Desean diseñar una ciudad para las personas no para los automóviles
y sus demandas de espacio. En el Centro Histórico de Sitges, ya el año
próximo, ninguna máquina en movimiento o detenida
se interpondrá entre las personas o entre éstas y su paisaje.
Saben que para lograrlo hay que producir y sostener importantes cambios culturales.
Saben que deben habilitar nuevas maneras de que personas y cosas se muevan en
la ciudad, ya que a cada casa o a cada comercio deberán llegar personas
y productos con absoluta comodidad. Para lograr una accesibilidad óptima
se deberá usar toda la batería de recursos que puede hoy proveer
la tecnología: desde pequeños vehículos colectivos eléctricos
al alejamiento neumático de los residuos sólidos.
En esa ciudad para la gente, se planteó la necesidad de usar parte sustantiva
del espacio definido como urbanizable para usos culturales, en el entendido
de que éstos serían base sustantiva de la economía local
futura. Es así que se previeron áreas para las artes de la escena,
el cine, la música, los deportes, la ciencia, la alta tecnología,
la enseñanza.
La ciudad camina hacia mantener su condición de excelencia porque sabe
dónde quiere ir. Sabe también que lograrlo debe ser el producto
de políticas que trascienden los tiempos de gobierno. Solicita ayuda
de técnicos no vinculados a subvenciones estatales o institucionales
porque sabe que para construir ese futuro es necesario tener un proyecto que
responda a su propio proyecto de futuro.
¿Y POR CASA?
¿Es tan difícil el camino descrito? ¿Podemos imaginar procesos
similares en nuestras ciudades? ¿Hay barreras reales para que empecemos
a construir nuestro futuro o nos frenan la desesperanza y las urgencias del
presente?
Creo que, como la gente de Sitges, tenemos el derecho de definir nuestro futuro
y el deber de empezar a construirlo.
Debemos definir opciones propias de calidad de vida en el contexto regional
y global. Nuestro país se diferenció el siglo pasado en los contextos
regional y mundial por su apuesta a valores innovadores y a la calidad de vida
de su población. Logros como la igualdad entre las personas fueron sustentados
por la instalación del sistema de enseñanza pública. Las
mujeres lograron el reconocimiento de su condición ciudadana y sus derechos
mucho antes que en la mayoría de los países del mundo.
Esa sociedad construyó los espacios urbanos del país. Los espacios
públicos compartidos por todos (red vial, plazas, parques, playas) han
sido espacios de integración social.
¿Cuáles son los valores que deben sustentar la vida y los espacios
de la sociedad uruguaya dentro de 25 años? ¿Queremos un país
en el que cada uno tenga miedo de todos los demás? ¿Queremos una
sociedad en que muros y rejas den cuenta espacial de la brutal exclusión
social? ¿Queremos ciudades fragmentadas donde haya zonas rojas en las
que es peligroso entrar y fortalezas donde los de afuera no accedan?
Quienes hoy somos adultos responsables nos debemos el dialogar sobre el futuro.
Nos debemos también el debate con nuestros jóvenes acerca del
mundo que les legaremos, en el que ellos van a vivir. Creo que podemos y debemos
hacerlo. Ninguna urgencia circunstancial debiera posponer ese debate. Porque
conciente o inconscientemente, es importante darnos cuenta de que estamos construyendo
el futuro.
Isabel Viana es arquitecta, especialista en gestión territorial
y urbana |