El terremoto generó un fenómeno llamado maremoto, gigantescas
olas de entre cinco a veinte metros de altura que avanzan sobre las costas,
destruyendo todo a su paso. Estas olas gigantes son más conocidas por
la palabra japonesa tsunami. Varios países fueron afectados: Indonesia,
Sri Lanka, Islas Maldivas, Tailandia, Myanmar, Bangladesh, India, Malasia, Somalia,
Kenia, Tanzania, Madagascar, Sudáfrica. Ciento cincuenta mil personas
perdieron la vida en el desastre, y los desaparecidos se cuentan aún
entre cincuenta y cien mil. Los países que recibieron la peor parte fueron
Indonesia, y Sri Lanka.
El proyecto Objetivo Sureste de Asia surgió a partir de la experiencia
de un equipo médico uruguayo en El Salvador. En febrero del año
2001 cinco uruguayos viajaron a la República de El Salvador en el marco
de un proyecto lanzado por el director de la filial Uruguay de la Agencia Evangélica
Operación Movilización (OM). El propósito manifiesto de
la iniciativa era ''auxiliar a personas que sufren heridas y enfermedades
por causa del terremoto sucedido en este país de América Central''.
Dos médicos, dos enfermeros y una partera participaron en esta misión
de ayuda humanitaria. Se hizo atención primaria en salud, y se trabajó
en ayuda directa en situación de emergencia, cuando un segundo terremoto
sacudió El Salvador. El trabajo del grupo de uruguayos, que tuve el privilegio
de integrar, fue recibido con beneplácito por los salvadoreños,
quienes agradecieron profusamente la ayuda llegada desde el Uruguay.
Objetivo Sureste de Asia tuvo como finalidad formar un equipo de médicos
y enfermeros cristianos evangélicos uruguayos para trasladarse a una
de las zonas de desastre provocado por el Tsunami de diciembre pasado y realizar
tareas de ayuda médica humanitaria. Esta idea arrancó desde cero
junto con el Dr. Eliezer Da Motta y el enfermero Lázaro Sánchez,
y fue seguida de una preparación de tres meses y medio. Obtenido nuevamente
el patrocinio de Operación Movilización, el lugar elegido fue
Sri Lanka, debido a la existencia de contactos concretos con Operación
Movilización de ese país. La preparación incluyó
convocar un equipo de profesionales de la salud dispuestos a participar en un
trabajo de este tipo con carácter honorario y totalmente voluntario;
obtener la financiación necesaria (cerca de U$S 17.000, de los cuales
más de U$S 4.000 provinieron de Uruguay); tramitar las visas de entrada
a un país que no tiene representación diplomática en ningún
estado de América Latina; y en el aspecto personal de cada uno de los
que al final fueron seleccionados para integrar el equipo, consolidar la preparación
con sucesivas reuniones conjuntas, cumplir un extenso cronograma de vacunación
y quimioprofilaxis frente a múltiples enfermedades, tramitar licencias
en los diferentes lugares de trabajo, y preparar a las familias para un mes
de ausencia, durante el cual estaríamos al otro lado del planeta.
Junto con el patrocinio de OM, diversas instituciones nos apoyaron en este
camino recorrido antes de salir de Uruguay: Asociación Cristiana Uruguaya
de Profesionales de la Salud (ACUPS), Laboratorios Clausen, Asociación
Mutualista Evangélica del Uruguay, entidades evangélicas de servicio
tales como Centro de Conferencias Rey de Paz, Sociedad Bíblica del Uruguay,
Radio Transmundial, y otras. No debo olvidar el apoyo brindado por la Comisión
de Salud del Senado de la República, y la resolución final del
señor Ministro del Interior, a cuya cartera pertenecemos como funcionarios
tres de los ocho integrantes del equipo, quien declaro Misión Oficial
nuestra participación en el proyecto Objetivo Sureste de Asia.
ZONA DE RIESGO
La mañana del lunes 18 de abril de 2005, a la hora 7, partimos del Aeropuerto
Internacional de Carrasco. Los integrantes del equipo médico fueron:
Dr. Alvaro Pandiani, Dr. Eliezer Damota, Dra. Silvia Texeira, Auxiliar de Enfermería
Lázaro Sánchez, Auxiliar de Enfermería Aldo Mendieta, Lic.
en Enfermería Sheila Feraz, Auxiliar de Enfermería Pablo Vázquez,
Auxiliar de Enfermería Karina Martínez.
En un mes el equipo atendió un total de 1.290 pacientes; 845 adultos
y 445 niños. Este número incluyó varias urgencias, así
como enfermedades respiratorias y enfermedades infecciosas cutáneas,
sobre todo en personas afectadas directamente por el tsunami del 26 de diciembre.
También vimos personas con heridas y mutilaciones recibidas durante la
guerra, siendo en algunos casos la persistencia del sufrimiento provocado por
dichas mutilaciones el motivo de consulta. Durante 25 años azotó
este país la guerra civil entre el gobierno cingalés y la guerrilla
del LTTE (Liberation Tigers of Tamil Eelam; Tigres de Liberación de la
Patria/tierra/país Tamil, más conocidos como los tigres tamiles).
Legado de un conflicto étnico entre los cingaleses autóctonos
y los tamiles venidos de la India en siglos pasados, esta guerra se detiene
hace 2 años por un cese del fuego que inicia un proceso de paz. Este
proceso de paz es sumamente débil; los tamiles hierven por la desatención
del gobierno. Ellos dicen que los únicos que les ayudan son los extranjeros.
La mayoría de los motivos de consulta eran banales, hecho habitual en
atención primaria en salud, y muchas veces la multiplicidad de síntomas
aquejados surgía, según nos decían los colaboradores locales,
del deseo de llevar medicamentos para tener en sus hogares. Esta dependencia
de la entrega gratuita de ''medicinas'', esta ''cultura del medicamento'',
también presente en el Uruguay aunque en menor grado, parece sintomática
del desamparo que desde el punto de vista sanitario padece esta gente. Situación
de desamparo producto de su extrema pobreza y la distancia a los servicios de
salud de segundo o tercer nivel (progresivamente más dotados de técnicas
de diagnóstico y tratamiento), sin olvidar la influencia de una pauta
cultural primitiva que los hace ver en el medicamento la solución a sus
enfermedades.
En Sri Lanka (como antes en el El Salvador) nosotros atendimos personas que
viven en la extrema pobreza, habitando chozas, sin servicios de agua potable
ni saneamiento, sin refrigeración, y con una alimentación en muchos
casos deficiente. Además, se bañan y lavan sus ropas en las corrientes
de agua que por quilómetros acompañan las carreteras y caminos,
donde también se bañan los animales, vacas, búfalos, sin
contar víboras y multiplicidad de insectos. Lo admirable es que a pesar
de sus carencias, procuran higienizar sus cuerpos y ropas. Esa pobre gente hace
lo que puede con lo que tiene. Y lo que no tiene, lo necesita; debe dársele,
pero también debe enseñársele.
AYUDA DONDE SE NECESITE
Aún en Trincomalee, en la Eastern Province, cuando nos mostraron el programa
de trabajo previsto para la Northern Province, se nos avisó que algunos
lugares estaban bajo control del LTTE, preguntándonos si estábamos
dispuestos a ingresar a esos sitios. Después de hablarlo con el grupo,
estando todos dispuestos a ir, accedimos. Una vez en Vavuniya, alojados en el
Balmoral Hotel, surgió entre nosotros la interrogante acerca de los gastos
que los locales estaban afrontando con nosotros, alojándonos en hoteles
de ese tipo, y dándonos dinero para que lo administráramos y manejáramos
a nuestro criterio (durante nuestra permanencia en Sri Lanka, el equipo recibió
del Hospital Christian Fellowship y la Alliance Development la cantidad de 126.000
rupias srilankesas, alrededor de U$S 1.280, que fueron utilizadas en su totalidad
para los gastos derivados del trabajo).
Entonces surgió la hipótesis acerca de la gran necesidad que
tenían de alguien que atendiera a su gente, y el hecho de no tener quien
fuera a realizar ese trabajo. Esto se confirmó el último día;
en Kudarappu, una zona devastada por el tsunami, hablando sobre un contingente
de 65 médicos que llegarán en julio de este año procedentes
de los Estados Unidos de América, Ravi (nuestro más estrecho colaborador
local) dijo que allí donde nosotros habíamos ido (zona bajo control
de la guerrilla) solo lograría que fuera ''alguno de gran corazón''.
Al continuar hablando, vimos que nuestra suposición era correcta: nosotros
habíamos ido adonde muy pocos o ninguno querían ir.
Luego de la experiencia en El Salvador, varios de los profesionales participantes
procuramos que lo que se logró siguiera adelante de una manera organizada,
participando en otras misiones de este tipo, en lugares donde un desastre natural
(o provocado por el hombre) dejara víctimas en situación de desamparo
y necesidad. El proyecto Objetivo Sureste de Asia constituyó para nosotros
una experiencia enriquecedora como pocas. Ahora, cuando varios de nosotros ya
tenemos más de una experiencia de este tipo en nuestro haber, seguimos
trabajando para que esta clase de misión de ayuda humanitaria organizada
y enviada desde Uruguay, tenga una continuidad que nos permita decir: cuando
el prójimo, quienquiera sea y en donde sea, necesita que se le tienda
una mano de ayuda, Uruguay también se hace presente.
Quiera Dios que eso se logre.
Alvaro Pandiani es médico y docente
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