Por Alvaro Pandiani
Una experiencia de ayuda humanitaria

El 26 de diciembre de 2004 un terremoto grado 9 en la escala Richter sacudió el lecho oceánico a 160 quilómetros de la costa oeste de Sumatra. Un equipo de profesionales uruguayos de la salud participó voluntariamente en la tarea de brindar asistencia a las víctimas. Este es un relato sobre su experiencia.

El terremoto generó un fenómeno llamado maremoto, gigantescas olas de entre cinco a veinte metros de altura que avanzan sobre las costas, destruyendo todo a su paso. Estas olas gigantes son más conocidas por la palabra japonesa tsunami. Varios países fueron afectados: Indonesia, Sri Lanka, Islas Maldivas, Tailandia, Myanmar, Bangladesh, India, Malasia, Somalia, Kenia, Tanzania, Madagascar, Sudáfrica. Ciento cincuenta mil personas perdieron la vida en el desastre, y los desaparecidos se cuentan aún entre cincuenta y cien mil. Los países que recibieron la peor parte fueron Indonesia, y Sri Lanka.

El proyecto Objetivo Sureste de Asia surgió a partir de la experiencia de un equipo médico uruguayo en El Salvador. En febrero del año 2001 cinco uruguayos viajaron a la República de El Salvador en el marco de un proyecto lanzado por el director de la filial Uruguay de la Agencia Evangélica Operación Movilización (OM). El propósito manifiesto de la iniciativa era ''auxiliar a personas que sufren heridas y enfermedades por causa del terremoto sucedido en este país de América Central''. Dos médicos, dos enfermeros y una partera participaron en esta misión de ayuda humanitaria. Se hizo atención primaria en salud, y se trabajó en ayuda directa en situación de emergencia, cuando un segundo terremoto sacudió El Salvador. El trabajo del grupo de uruguayos, que tuve el privilegio de integrar, fue recibido con beneplácito por los salvadoreños, quienes agradecieron profusamente la ayuda llegada desde el Uruguay.

Objetivo Sureste de Asia tuvo como finalidad formar un equipo de médicos y enfermeros cristianos evangélicos uruguayos para trasladarse a una de las zonas de desastre provocado por el Tsunami de diciembre pasado y realizar tareas de ayuda médica humanitaria. Esta idea arrancó desde cero junto con el Dr. Eliezer Da Motta y el enfermero Lázaro Sánchez, y fue seguida de una preparación de tres meses y medio. Obtenido nuevamente el patrocinio de Operación Movilización, el lugar elegido fue Sri Lanka, debido a la existencia de contactos concretos con Operación Movilización de ese país. La preparación incluyó convocar un equipo de profesionales de la salud dispuestos a participar en un trabajo de este tipo con carácter honorario y totalmente voluntario; obtener la financiación necesaria (cerca de U$S 17.000, de los cuales más de U$S 4.000 provinieron de Uruguay); tramitar las visas de entrada a un país que no tiene representación diplomática en ningún estado de América Latina; y en el aspecto personal de cada uno de los que al final fueron seleccionados para integrar el equipo, consolidar la preparación con sucesivas reuniones conjuntas, cumplir un extenso cronograma de vacunación y quimioprofilaxis frente a múltiples enfermedades, tramitar licencias en los diferentes lugares de trabajo, y preparar a las familias para un mes de ausencia, durante el cual estaríamos al otro lado del planeta.

Junto con el patrocinio de OM, diversas instituciones nos apoyaron en este camino recorrido antes de salir de Uruguay: Asociación Cristiana Uruguaya de Profesionales de la Salud (ACUPS), Laboratorios Clausen, Asociación Mutualista Evangélica del Uruguay, entidades evangélicas de servicio tales como Centro de Conferencias Rey de Paz, Sociedad Bíblica del Uruguay, Radio Transmundial, y otras. No debo olvidar el apoyo brindado por la Comisión de Salud del Senado de la República, y la resolución final del señor Ministro del Interior, a cuya cartera pertenecemos como funcionarios tres de los ocho integrantes del equipo, quien declaro Misión Oficial nuestra participación en el proyecto Objetivo Sureste de Asia.


ZONA DE RIESGO
La mañana del lunes 18 de abril de 2005, a la hora 7, partimos del Aeropuerto Internacional de Carrasco. Los integrantes del equipo médico fueron: Dr. Alvaro Pandiani, Dr. Eliezer Damota, Dra. Silvia Texeira, Auxiliar de Enfermería Lázaro Sánchez, Auxiliar de Enfermería Aldo Mendieta, Lic. en Enfermería Sheila Feraz, Auxiliar de Enfermería Pablo Vázquez, Auxiliar de Enfermería Karina Martínez.

En un mes el equipo atendió un total de 1.290 pacientes; 845 adultos y 445 niños. Este número incluyó varias urgencias, así como enfermedades respiratorias y enfermedades infecciosas cutáneas, sobre todo en personas afectadas directamente por el tsunami del 26 de diciembre. También vimos personas con heridas y mutilaciones recibidas durante la guerra, siendo en algunos casos la persistencia del sufrimiento provocado por dichas mutilaciones el motivo de consulta. Durante 25 años azotó este país la guerra civil entre el gobierno cingalés y la guerrilla del LTTE (Liberation Tigers of Tamil Eelam; Tigres de Liberación de la Patria/tierra/país Tamil, más conocidos como los tigres tamiles). Legado de un conflicto étnico entre los cingaleses autóctonos y los tamiles venidos de la India en siglos pasados, esta guerra se detiene hace 2 años por un cese del fuego que inicia un proceso de paz. Este proceso de paz es sumamente débil; los tamiles hierven por la desatención del gobierno. Ellos dicen que los únicos que les ayudan son los extranjeros.

La mayoría de los motivos de consulta eran banales, hecho habitual en atención primaria en salud, y muchas veces la multiplicidad de síntomas aquejados surgía, según nos decían los colaboradores locales, del deseo de llevar medicamentos para tener en sus hogares. Esta dependencia de la entrega gratuita de ''medicinas'', esta ''cultura del medicamento'', también presente en el Uruguay aunque en menor grado, parece sintomática del desamparo que desde el punto de vista sanitario padece esta gente. Situación de desamparo producto de su extrema pobreza y la distancia a los servicios de salud de segundo o tercer nivel (progresivamente más dotados de técnicas de diagnóstico y tratamiento), sin olvidar la influencia de una pauta cultural primitiva que los hace ver en el medicamento la solución a sus enfermedades.

En Sri Lanka (como antes en el El Salvador) nosotros atendimos personas que viven en la extrema pobreza, habitando chozas, sin servicios de agua potable ni saneamiento, sin refrigeración, y con una alimentación en muchos casos deficiente. Además, se bañan y lavan sus ropas en las corrientes de agua que por quilómetros acompañan las carreteras y caminos, donde también se bañan los animales, vacas, búfalos, sin contar víboras y multiplicidad de insectos. Lo admirable es que a pesar de sus carencias, procuran higienizar sus cuerpos y ropas. Esa pobre gente hace lo que puede con lo que tiene. Y lo que no tiene, lo necesita; debe dársele, pero también debe enseñársele.


AYUDA DONDE SE NECESITE
Aún en Trincomalee, en la Eastern Province, cuando nos mostraron el programa de trabajo previsto para la Northern Province, se nos avisó que algunos lugares estaban bajo control del LTTE, preguntándonos si estábamos dispuestos a ingresar a esos sitios. Después de hablarlo con el grupo, estando todos dispuestos a ir, accedimos. Una vez en Vavuniya, alojados en el Balmoral Hotel, surgió entre nosotros la interrogante acerca de los gastos que los locales estaban afrontando con nosotros, alojándonos en hoteles de ese tipo, y dándonos dinero para que lo administráramos y manejáramos a nuestro criterio (durante nuestra permanencia en Sri Lanka, el equipo recibió del Hospital Christian Fellowship y la Alliance Development la cantidad de 126.000 rupias srilankesas, alrededor de U$S 1.280, que fueron utilizadas en su totalidad para los gastos derivados del trabajo).

Entonces surgió la hipótesis acerca de la gran necesidad que tenían de alguien que atendiera a su gente, y el hecho de no tener quien fuera a realizar ese trabajo. Esto se confirmó el último día; en Kudarappu, una zona devastada por el tsunami, hablando sobre un contingente de 65 médicos que llegarán en julio de este año procedentes de los Estados Unidos de América, Ravi (nuestro más estrecho colaborador local) dijo que allí donde nosotros habíamos ido (zona bajo control de la guerrilla) solo lograría que fuera ''alguno de gran corazón''. Al continuar hablando, vimos que nuestra suposición era correcta: nosotros habíamos ido adonde muy pocos o ninguno querían ir.

Luego de la experiencia en El Salvador, varios de los profesionales participantes procuramos que lo que se logró siguiera adelante de una manera organizada, participando en otras misiones de este tipo, en lugares donde un desastre natural (o provocado por el hombre) dejara víctimas en situación de desamparo y necesidad. El proyecto Objetivo Sureste de Asia constituyó para nosotros una experiencia enriquecedora como pocas. Ahora, cuando varios de nosotros ya tenemos más de una experiencia de este tipo en nuestro haber, seguimos trabajando para que esta clase de misión de ayuda humanitaria organizada y enviada desde Uruguay, tenga una continuidad que nos permita decir: cuando el prójimo, quienquiera sea y en donde sea, necesita que se le tienda una mano de ayuda, Uruguay también se hace presente.
Quiera Dios que eso se logre.


Alvaro Pandiani es médico y docente


Revista Dosmil30.
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