24/ Año de pensar y bailar

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Si nos alejamos un momento
de lo que es meramente concreto,
creo que el affaire del spot oficial
de Montevideo Capital
Iberoamericana de la Cultura
se debería mirar
como una cristalización (una mas)
de una forma de concebir y gestionar lo público
muy cara a cierta izquierda.
A saber, de una visión
mas bien dirigista
de lo que es deseable o indeseable
en materia cultural.

Una mirada
que es concretada
por un gobierno que,
al menos de la boca para afuera,
tiene claro
qué es lo bueno y qué es lo malo
en cultura para todos,
y al que por ende
le bastan los lugares comunes,
los consensos al voleo
pactados de forma implícita
entre gestores de medio pelo,
con omisiones sistemáticas
de según qué actores.

Por eso la pregunta para mí no es
¿cumbia sí o cumbia no?
sino ¿debe el Estado promover
determinadas manifestaciones
en detrimento de otras?
O hilando un poco más fino
¿debe el Estado hacer eso
basado en apriorismos, omisiones,
puro automatismo en las gestiones,
ignorancia sobre lo que se gestiona
y un clasismo tan brutal
que ni siquiera
se lo percibe como tal?

Porque es claro que el Estado
siempre está eligiendo
y definiendo
qué es cultura y qué no:
lo hace cuando banca una orquesta,
una escuela de arte o un cuerpo de ballet.
Cuando se manejan recursos escasos,
siempre se elige
Pero no es menos cierto que
buena parte de lo que actualmente se banca
es resultado de un debate previo.
¿Hay que apoyar un cuerpo de ballet
a pesar de su mínimo impacto
en los gustos culturales masivos?
Eso hoy no se discute
pero en algún momento se discutió.

Yo creo que sí,
que se debe invertir en un ballet
y en una escuela de arte
y en una orquesta
exigiéndoles, claro,
que justifiquen la inversion.
Quiero decir,
si tenes el privilegio
de que te financie el dinero colectivo,
tu laburo tiene que ser, por huevos,
relevante y significativo
Pero volviendo al ballet,
el ejemplo sirve para mostrar
que hay inversiones
que están "pactadas" socialmente desde hace años
y que no son resultado del orden natural de las cosas:
son construcciones,
son acuerdos resultado
de otros debates cívicos previos.

Omitir la cumbia por descuido una vez, es solo eso:
una omision, un descuido.
Omitirla la mayoría de las veces,
deja de ser un descuido y,
aunque sea solo omisión (no creo)
o falta de debate serio y razonado (sí creo),
al final termina siendo una política.
Una política excluyente
basada sobre todo en desconocer
aquello que se excluye.
Y no creo que sea suficiente
con montar desde lo público
un par, tres, cuatro o diez
espectaculos que incluyan a la "musica tropical":
mientras ésta sea vista
como una subcultura degradada
que hay que corregir
y enderezar con la herramienta estatal,
la exclusión seguirá ahí.

Alguien me decía
"según datos recientes la cumbia
solo le gusta al 20% de los montevideanos".
Bueno, creo que no es poca cosa
excluir la sensibilidad de uno de cada cinco
en un spot que se supone intenta retratar
la cultura de la ciudad.
Entre otras cosas
porque estás haciendo ese spot
también con los impuestos de ese 20%.
Un 20% que, para colmo de males,
tiene menos capacidad de acceder
a la oferta cultural privada y/o de pago.

Es probable
que a ese 20% de montevideanos
que le gusta la cumbia
le hubiese gustado verse reflejado
en el spot que habla de la cultura de su ciudad.
O quizá no y entonces
habría que preguntarse por qué.
En todo caso, qué duda cabe,
eso es algo que en algun momento
habría que averiguar.