LA DERROTA DE ESPAÑA
lugares comunes puntocom
28.06.2006
La armada española venía a toda vela por el Mundial de fútbol de Alemania, pero naufragó al meterse en aguas profundas contra Francia (perdió 3-1) y descubrir que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
A la hora de sacar pecho y hacer la historia, zozobró el sueño español, tan postergado, al fallar su conductor técnico, el seleccionador Luis Aragonés y también sus soldados, que no estuvieron a la altura del desafío.
Por más conflictuada que estuviera la escuadra 'Bleu', era una amenaza latente porque sus hombres fogueados en mil batallas podían recobrar la memoria, como lo hicieron súbitamente Zinédine Zidane y Patrick Vieira.
Los españoles habían sido una aplanadora contra Ucrania (4-0) en un debut que invitaba a alimentar la ilusión y echarle leña al fuego de la pasión futbolera de su gente que lleva tanto tiempo esperando festejar un título.
Frente a Túnez (ganó 3-1) había mostrado que tenía el temple de acero para superar la adversidad de encontrarse en desventaja y, además, festejó la resurrección del veterano Raúl, autor del gol del empate que abrió el camino de la victoria.
Incluso le sobró paño para jugarle con algunos suplentes a Arabia Saudí (1-0) y trepar a los octavos de final como líder de grupo, lo que en teoría le aliviaría el peso de la responsabilidad.
Pero en el sendero había otra trampa mortal, como la de encontrarse con los franceses, en un cruce que podría atribuirse a la mala fortuna, pero también es sabido que para ser campeón hay que ser mejor que todos.
Aragonés, 'El Sabio de Hortaleza', había pregonado hasta el cansancio que el secreto de su fútbol es tener el balón y controlar psicológicamente al adversario. Así lo había hecho España contra los ucranianos, a quienes vapuléo con los avances inspirados del defensa Carles Puyol, el talento organizador de Xavi y la artillería pesada de Fernando 'El Niño' Torres y David 'El Guaje' Villa.
Pero la noche de la derrota ante los galos en Hannover, Aragonés plantó al equipo en la cancha con dos líneas de cuatro y dos delanteros aislados, de manera que borró con el codo lo que había escrito con la mano.
¿Cómo pensaba Aragonés que iba a quitarle el control de la pelota a la Francia de Zidane, de Thierry Henry, de Vieira, de un perro de presa y recuperador estupendo de balones como Claude Makelele, si metía a su escuadra en el fondo y de contragolpe?.
¿Fue el temor a una derrota lo que tuvo el seleccionador en el momento de salir al ruedo y enfrentar al toro, que es temible aunque esté malherido como estaba Francia?. ¿Qué habrá dicho el psicólogo que trajo a Alemania el seleccionador?.
Al fin de cuentas, el joven maravilla Torres (con tres goles en la tabla) se movió contra los galos por todo el frente de ataque como en el resto del torneo y Villa hacía lo imposible por encontrar un hueco en las filas enemigas.
Pero la diferencia radical estuvo en que Torres o Villa, y porqué no Raúl, con sus años de fútbol a cuestas, debían ganarle duros lances personales a pesos pesados como Lilian Thuram, William Gallas o Willy Sagnol. Ya no eran los desorientados ucranianos, los toscos tunecinos o los torpes árabes.
Sabía el Sabio lo que hacía cuando mandó a Xavi, el volante más luminoso y desequilibrante, hacia una posición rezagada, tal vez para controlar las proyecciones de Eric Abidal para triangular con Henry y Vieira.
¿En qué pensaba Aragonés, en lo que España debía hacer para que Francia se preocupara o en el poderío de Francia, que lo tiene, pero que se mostraba vulnerable con su primera ronda tambaleante?.
Aragonés admitió en la conferencia de prensa que España cometió "dos errores (o descuidos) en el segundo y tercer gol francés", aunque se atajó al afirmar que el segundo "vino precedido de una infracción (y tiro libre) que no existió".
Es cierto, en los mundiales un error se paga carísimo, porque no hay tu tía, es ganar o marcharse de vuelta a casa, pero España tuvo lagunas todo el partido y momentos sombríos, como hasta los 30 primeros minutos.
Se había recuperado en la segunda etapa a fuerza de orgullo, empuje y una tribuna colmada por una multitud que la alentó como nunca, con un 'A por ellos, oé' que resultaba emocionante y estremecedor.
Hace ocho mundiales que España espera que llegue su hora y muchas veces se lo ha atribuido a la
mala fortuna, pero ¿qué hubiese sucedido con este equipo ante Brasil?. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Agencias
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