Un agente de la milicia islámica Hizbulá de Líbano, Ibrahim Hasin Baro, fue el ejecutor del atentado terrorista que en julio de 1994 derrumbó la sede de la AMIA en Buenos Aires, según los Servicios Secretos de Israel (Mosad).
Además del nombre del que perpetró el ataque contra esa sede de la Asociación Mutual Israelita de la Argentina (AMIA), en el que perdieron la vida 85 personas y alrededor de 250 resultaron heridas, los agentes del Mosad poseen la grabación de su despedida por medio de un llamada telefónica a el Líbano, informa hoy el diario Haaretz.
El prestigioso columnista para asuntos militares de ese rotativo independiente, Zeev Shiff, indica de que entre las pruebas en poder de los servicios secretos hay un informe sobre la reunión del Consejo Supremo de Irán para Asuntos de Seguridad Nacional en la cual se aprobó la decisión de atentar contra la AMIA.
Ese atentado fue precedido por otro, el 17 de marzo de 1992, contra la sede diplomática de Israel en Buenos Aires, que también quedó reducida a escombros, y en el que murieron 29 personas.
El ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Silván Shalom, declaró ayer a la prensa, después de informar al presidente del Estado, Moshé Katzav, que el Mosad logró establecer "en forma clara y concluyente" la relación entre la república Islámica de Irán e Hizbulá en los ataques a la embajada israelí de Buenos Aires y a la AMIA.
Ambos ataques fueron cometidos por agentes del partido pro-iraní de Líbano, Hizbulá (Partido de Dios), con la ayuda de diplomáticos de Teherán que servían en la capital argentina, según un informe de los servicios secretos de ese país, el SIDE, con los cuales cooperaron investigadores del Mosad y de la CIA de Estados Unidos.
Ibrahim Hasin Baro, el suicida que activó la carga explosiva, llegó a Buenos Aires unos días antes del atentado. Horas antes de hacerlo llamó por teléfono a sus parientes y les dijo que se iba a "unir" con su hermano, que se inmoló en 1989 con un coche-bomba con el que arrolló a soldados israelíes en el sur libanés.
Los atentados contra la embajada y la AMIA fueron vistos en su momento por analistas de la prensa como una posible represalia por el secuestro de dos dirigentes de Hizbulá por comandos militares en la ex "zona de seguridad" que Israel ocupó hasta el 2000 en el Líbano.
Según el Mosad, dice el diario Haaretz, las autoridades iraníes, tras el ataque contra la sede diplomática de Israel, volvieron a escoger a Buenos Aires, y a la AMIA, debido a un deterioro en las relaciones de Teherán con Argentina en ese momento.
Los investigadores de ambos ataques, agrega, detectaron un movimiento inusual por su número de mensajeros iraníes que entraban y salían de la Argentina en las vísperas de los ataques y también un aumento notable en el tráfico telefónico.
El representante del Ministerio de Cultura y de Guía Islámica en Argentina, Mahsan Rabani, también estuvo implicado en el atentado contra la AMIA, informa el columnista del diario israelí.
Rabani comenzó a interesarse en 1993, un año antes, sobre el alquiler de un vehículo comercial en Buenos Aires, y solía consultar específicamente sobre los del modelo "Renault Traffic", el que habría empleado Baro para activar los explosivos.
La decisión del Consejo Supremo iraní fue tomada en agosto de ese año en una reunión que presidió el ayatolá Alí Jamenei, según las pruebas con que contaría el Mosad y de las que informa el rotativo.
También participaron en esa conferencia el entonces presidente iraní Hachemí Rafsanyaní, el ministro de los servicios secretos, Alí Fallahián; Mohamed Hijazi, asesor de Jamenei para asuntos secretos y de seguridad, y el que era ministro de Relaciones Exteriores, Ali Akbar Velayati. (EFE)