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Se agitaron antifaces, encaje, plumas y látigos en el Hotel Esplendor. Una multitud de mujeres de todas las edades, formas y colores, casi todas bajo el influjo de "50 Sombras", la serie de novelas eróticas escritas por E. L. James que han vendido más de 30 millones de ejemplares en todo el mundo, se sintieron cómodas para compartir sus fantasías y unirse en una mítica adoración por el sensual protagonista de las novelas, el enigmático Christian Grey.
Como si el ambiente no estuviera lo suficientemente caldeado, este evento fue conducido por una carismática experta en lencería, la señorita Flopi Peych, que con un histrionismo particular puso palabras a la excitación de las mujeres y, por si fuera poco, les mostró juguetes para condimentar su deseo. Flopi Peych ingresó a la sala apenas vistiendo una prenda con muchos encajes y seguida de tres modelos que lucían corsets, minifaldas, medias de red, collares y botas de cuero, que encarnaron el lado más hardcore de la sensualidad, de la mano de Klavelvet, la empresa de indumentaria gótica.
De esta manera, este jueves 9 de mayo, las asistentes aprendieron (las que no lo sabían ya) a realizar diferentes nudos para prácticas sadomasoquistas, a distinguir entre el catfiight, el bondage, y el sexo regular, denominado por los que lo practican "vainilla". Recibieron también consejos de seducción por si, mañana o pasado (todas se permitieron soñar) se les cruza un Christian Grey, para no dejarlo ir, de a ratos atándolo literalmente y otros metafóricamente.
Y en medio de este revuelo, Flopi Peych anunció, tras el sonido de las hélices de un helicóptero, nada más ni nada menos que el señor Grey estaba ingresando al hotel. En ese momento se perdió todo resto de posible recato o pudor, mientras las caras boquiabiertas miraban desfilar a un Adonis enmascarado, con corbata y de torso desnudo, que interpretaba el papel del magnate ficticio. Las mujeres tuvieron la oportunidad de hacerle preguntas y de contemplarlo un rato (algunas pidiéndole a gritos el teléfono) mientras él contestaba lacónica y misteriosamente.
Al final, algunas se llevaron de regalo Blackberrys, corsets, novelas, lencería y kits de juguetes eróticos y sexuales, manicuras, sesiones de maquillaje, productos alimenticios y vales por noches de estadía en el Hotel Esplendor. Y dejaron detrás una sala llena de suspiros.


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