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A Darío Debray Silva ya le gustaba irse de boca. Y no solo por sus declaraciones picantes.

50 años después de la gesta de Maracaná, Uruguay volvía a visitar a Brasil, esta vez en el marco de las siempre difíciles eliminatorias sudamericanas.

En esta ocasión no hubo un milagro. No hubo una corrida inesperada para ganar un partido imposible, ni un Obdulio chupando vino antes de salir a jugar el partido. Esto no está chequeado, pero qué mejor que verter conceptos sobre una persona que no está para defenderse.

Aquella noche del año 2000, empezamos a descubrir que a Darío Debray Silva ya le gustaba irse de boca. Y no solo por sus declaraciones picantes, tal como sucede hoy en día, sino por un festejo que quedó grabado en nuestras pupilas para siempre.

Nota: imaginarse el siguiente párrafo relatado por Alberto Kesman.

Ahí va el pelotazo largo para el player Darío Silva. Cuerpea contra el defensor brasileño, ¡ay! ¡se escapó! ¡puede venir! Se va solo contra el arquero, ¡puede veniiiir! ¡Oooool, oooool uruguayo!

Nadie iba a pensar que después de enfrentarse cara a cara con el golero y convertir, iba a enfrentarse cara a cara, pero con el Chino Recoba para comerle la trucha.

Nota: no podemos escribir lo que hubiese dicho Kesman en esta parte del relato.

Imagínense lo que fue aquella imagen para el siempre homofóbico hincha del fútbol uruguayo acostumbrado a ver hombres saludándose con la mano y nada más.

Nada que el tiempo y algunos goles más, no hayan podido borrar.

Un día parecido al de hoy, pero del año 2000, Darío y el Chino se hubiesen convertido en memes. Como estos:

De los dirigentes de Peñarol y su verborragia

De la cuarentena y la holgazanería

De la cuarentena y la falta de criterio


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