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URUGUAY: PAÍS DE SERVICIOS Y DE DESAGRADABLES CRIOLLOS

27.03.2008

    
URUGUAY: PAÍS DE SERVICIOS
Y DE DESAGRADABLES CRIOLLOS
Por: Darío Valle Risoto.
Técnico en Comunicación Social

Hoy fui al supermercado que queda muy cerca de mi casa, perten....
URUGUAY: PAÍS DE SERVICIOS
Y DE DESAGRADABLES CRIOLLOS
Por: Darío Valle Risoto.
Técnico en Comunicación Social

Hoy fui al supermercado que queda muy cerca de mi casa, pertenece a una famosa cadena de estos que a su vez es parte de un gran paquete de estas mega superficies donde uno puede comprar de todo; menos eficiencia.
Llegue a la caja y bajé las cuatro o cinco cosas que pretendía comprar, un paquete de hamburguesas de pescado tenía el pegotín con la barra de datos arrugada y no la leía el lector de precios, por lo tanto la cajera le dio el paquete a otra empleada que supuestamente debía ir a averiguar el precio que si bien estaba anotado: 51.50 $, probablemente necesitaban la barra en buen estado por alguna ignota razón que no compartieron conmigo, tampoco me explicaron ni a mí ni y a la creciente cola que se formaba a mi espalda que debíamos esperar uno, cinco, diez minutos... para quien sabe que cosa,porque la otra chica no regresaba y los otros clientes me miraban como al pelotudo que detiene el flujo de consumidores.
En determinado momento en que temí que el tiempo espacio se hubiera detenido indefinidamente le pedí que me cobrara lo que ya había pasado por la lectora y allí por primera vez escuché su autoritaria voz explicándome que su compañera había ido a pesar el producto, le dije que gracias y no lo iba a llevar, pagué y antes de irme le pedí disculpas a la cola de unas cinco personas con sus carritos por hacerles esperar. Ninguno me dijo una palabra.
Me ha pasado demasiadas veces que en situaciones donde el desarrollo de una transacción comercial es interrumpida por una u otra razón, esta queda librada a la telepatía del cliente, ya que nunca he recibido una explicación más o menos razonable del problema en curso.
¿Alguna vez escucharon al guarda o chofer del ómnibus explicarles claramente que se debe hacer un trasbordo porque se rompió tal o cual distrito del rodado?. A mi nunca, me doy cuenta porque todos se bajan del ómnibus en la misma parada y lo deduzco. Tampoco me han explicado que tal o cual número de la prenda que quiero comprar en una tienda no lo tienen y me traen uno mayor u otro menor, esperando que no sepa leer o que sea tan estúpido como para comprar igual.
Son estos, muy pequeños ejemplos de que en Uruguay los servicios apestan y no creo que los exiguos sueldos de los empleados que nos atienden justifiquen que debamos ser tratados como desperdicios en vez de clientes.

Hace algunos años una encuesta hecha a los extranjeros que venían al país tanto como turistas como por negocios se basaba en dos preguntas fundamentales que se referían a que particularidades positivas y negativas encontraban en nuestra tierra.
Como positivas destacaban los niveles de seguridad, la posibilidad de caminar por nuestras calles con tranquilidad (Por lo visto no pasaron por mi barrio) y los precios accesibles.
Como características negativas destacaron la impuntualidad de los uruguayos y la mala gestión y el trato lamentable cuando van a comprar, solicitar un servicio o hacer un trámite. En este sentido debo estar orgulloso de que mi país no es xenófobo ya que entre nosotros nos tratamos exactamente igual: Pésimamente.
A veces la regla se transforma en excepción y hay casos muy contados donde me he encontrado con vendedores correctos, comunicativos y hasta honestos, este es el caso de un local de venta de gas que queda en avenida Garzón y San Quintín donde es extraño pero hace más de diez años que compro allí y siempre me han recibido con una sonrisa y me han solucionado cada uno de mis problemas incluida una garrafa casi incendiada con la máxima de las celeridades.
Cierto día me vi en la obligación de compartir con ellos su notable particularidad en un medio comercial como el nuestro donde salir a pagar una cuenta o comprar hasta un caramelo se puede transformar en un problema por la mala onda de aquellos que se supone nos deben servir y no lo digo como una consigna esclavista, sino por una simple relación comercial de intercambio.
La soberbia siempre es mala y si proviene de un país tercermundista (O en vías de desarrollo?), es mucho peor, porque no nos permite crecer sino que nos estanca en estas situaciones donde por más informática, cursos de relaciones humanas y códigos del trato al cliente, siempre terminamos mufados porque se complican las situaciones más simples solo porque a nadie se la ha ocurrido la mágica idea de: COMUNICARSE.


Darío Valle Risoto







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