Walter Domínguez: por qué el jugador del pueblo decidió ser feliz en el fútbol mercedario
Llegó a la selección, dejó Fénix después de una etapa desmotivante, regresó a su ciudad, ganó con Independiente y recuperó las ganas.
01.09.2026 10:50
Por Pedro Dutour
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A Walter Domínguez lo conocen todos en Mercedes. Lo saludan los compañeros, los rivales y buena parte de quienes siguen el fútbol de la capital del departamento de Soriano. Desde hace años carga con un apodo que terminó convirtiéndose en toda una definición de su relación con la ciudad y los hinchas. Le dicen el “jugador del pueblo”.
A los 27 años, Domínguez, hábil volante ofensivo y goleador, volvió a encontrar en la liga mercedaria el lugar donde se siente cómodo. Defiende a Independiente, integra la selección de Soriano que compite en OFI y, después de haber tenido una experiencia en el profesionalismo y un breve pasaje por la selección uruguaya, eligió continuar su carrera en el ámbito donde se formó y donde también construyó buena parte de su vida futbolística.
Su recorrido comenzó en Juventud Soriano, club en el que permaneció desde los 11 hasta aproximadamente los 23 años. Allí desarrolló prácticamente toda su formación antes de dar el salto hacia Montevideo. El paso por Fénix llegó más tarde, cuando tenía 24 años, pero aquella experiencia terminó antes de lo que esperaba.
El jugador sintió que había perdido una oportunidad de mostrarse y que la situación contractual terminó condicionando su continuidad. “No fue por extrañar el interior. Fue un tema de contrato, de esas cosas. Yo estaba muy bien, estaba contento”, dijo a Montevideo Portal. “Me desmotivó un poco. No era lo que esperaba”, añadió.
Campeón con Independiente de Mercedes.
Porque había llegado al profesionalismo con entusiasmo, con entrenamientos en doble horario y la posibilidad de conocer una dinámica que hasta entonces le resultaba ajena. “Para mí era algo lindo. Era conocer eso y también otros lugares”, contó.
Después vino el regreso a Mercedes. Allí encontró nuevamente una rutina conocida, pero también una razón personal para permanecer cerca de su entorno, porque uno vuelve donde es “feliz”. “Es así”, subrayó.
En Independiente lleva cerca de dos años y ya consiguió un título. La temporada pasada terminó con el campeonato para el club, mientras ahora espera por la definición de los partidos que determinarán el próximo tramo de la competencia.
La experiencia de jugar por Soriano en la Copa Nacional de Selecciones también le ha reportado alegrías, como el título conseguido en 2024. Aunque en las últimas dos ediciones los resultados no acompañaron. “No ligamos nada”, resumió el “jugador del pueblo”.
La falta de gol representó una de las frustraciones de la campaña pasada. Domínguez venía convirtiendo con su club y esperaba trasladar esa racha a la selección, pero la pelota no quiso entrar. “Cuando no se abre el arco, ya sabés, no hay manera”, comentó.
El llamado imposible
La convocatoria a la selección uruguaya significó, para Domínguez, un episodio difícil de imaginar incluso después de haber ocurrido. Por entonces, y como suele pasar, había rumores de una posible citación, pero ninguna certeza. Hasta que recibió el llamado.
“Es lo más lindo para un jugador, sobre todo siendo amateur. Cumplir un sueño de esos. Uno nunca piensa que lo va a cumplir”, relató. La noticia lo encontró viajando. Miró el teléfono, vio publicaciones en Instagram y tardó en asimilar lo que estaba sucediendo. “Me quedé callado. Ahí me di cuenta”, recordó.
Domínguez formó parte de una selección formada por jugadores del medio local que jugó un amistoso ante Costa Rica en San José, capital tica, el 31 de mayo de 2024. Ingresó a los 79 minutos por Bruno Damiani y tuvo una oportunidad de gol sobre el final de un encuentro que finalizó sin goles.
Con su presencia en la cancha, rompió una marca histórica para el combinado uruguayo: un jugador de OFI volvió a vestir la celeste luego de 47 años. La convocatoria correspondió a unos partidos en los que la selección estuvo dirigida por Diego Pérez.
Domínguez no llegó a trabajar con Marcelo Bielsa y, por lo tanto, no tuvo trato con el hasta hace poco entrenador de Uruguay. Sí compartió jornadas con futbolistas que estaban dando sus primeros pasos en ese ámbito y quedó especialmente vinculado con algunos de ellos.
“Ahí hice varios amigos” y, aseguró, continúa en contacto con jugadores como Santiago Cartagena y Facundo Bernal.
Un apodo que quedó
El sobrenombre de “jugador del pueblo” surgió en Mercedes y terminó acompañándolo desde entonces. Domínguez no lo tomó como una carga ni como sarcasmo. Al contrario, le gusta. “Me cae bien porque es algo lindo: jugador del pueblo”, dijo.
La explicación más sencilla para entender por qué el apodo puede encontrarse en su relación con quienes enfrenta cada fin de semana. Dice conocer a prácticamente todos los futbolistas de la liga y asegura que nunca tuvo grandes problemas con sus rivales.
En su etapa en Juventud Soriano. Foto: @MartinRostan9.
“Los conozco a todos. La verdad es que nunca tuve problemas”, indicó. También ha pesado el hecho de que, siendo jugador de OFI, se haya puesto la camiseta celeste para un partido internacional.
Ahora lleva tres semanas sin jugar debido a una fractura en un dedo de la mano. Se lesionó cuando otro jugador cayó sobre él y la recuperación se hizo larga para alguien acostumbrado a entrar siempre a la cancha. “Ya no aguanto más sin jugar”, confesó.
Recuperar las ganas
La decisión de dejar el profesionalismo generó un impacto en la carrera futbolística de Domínguez, le pesó y pasó un período en el que perdió la motivación. “No quería jugar más al fútbol y no jugaba con las mismas ganas”, aseveró.
Pero resultaba evidente que ese bajón iba a ser pasajero. Apareció el Independiente mercedario y, con el nuevo club —que le permite vivir de esto, detalle no menor en el interior—, comenzó lentamente a recuperar su nivel. “Por suerte pude ir mejorando poco a poco y volviendo”, dijo.
De cualquier modo, no reniega de lo pasado. El profesionalismo le dejó experiencias que no había tenido antes, pero la vida en Mercedes terminó imponiéndose por una suma de razones deportivas, familiares y personales. “Uno quiere lo mejor, pero por algo pasan las cosas”, concluyó de modo reflexivo.
Por Pedro Dutour
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