¿Estás entre esas personas que piantan un lagrimón cada
vez que ven un Atari, una botella de leche de vidrio o se
encuentran en el altillo con los restos del Simon?

En nuestro espacio clásico de Qué es de la Vida, abrimos
una sección destinada a recordar y repasar la historia de
los objetos que marcaron parte de nuestras vidas y
desaparecieron con los años.





 
 
 
  Hombre Nuclear y sra.  
  Reconstruimos la historia del Hombre Nuclear y la Mujer Biónica. Tenemos la tecnología.
Steve Austin era piloto de pruebas y astronauta. Su vocación laboral nos muestra a un hombre sin miedo al peligro, de otra manera hubiera sido vendedor de colchones, o parte del equipo de prensa de una página web.

El tipo, atlético y buen mozo, sufrió un terrible accidente durante un vuelo experimental (por eso generalmente usan chimpancés). En la mesa de operaciones, los doctores le amputan ambas piernas y el brazo derecho. Además, pierde la visión del ojo derecho.

Por suerte Steve tiene contactos dentro del férreo mundo del corporativismo médico. Se trata del Dr. Rudy Wells, quien lo utiliza como conejillo de indias para su proyecto secreto de biónica. Una movida que a primera vista no parece auspiciosa, dado el historial de Steve con la tecnología que no está probada (¡acababa de sufrir un terrible accidente durante un vuelo experimental!).

Pudieron reconstruirlo. Tenían la tecnología.

Los implantes biónicos (piernas, brazo, ojo) le dieron poderes increíbles. La capacidad de correr a 60 millas por hora (o lo que es lo mismo, 60 kilómetros en 37 minutos y medio), visión infrarroja, visión telescópica y... algo más con el brazo derecho. Seis palos verdes en total.

Todas estas actualizaciones de software le trajeron dos contras: por un lado, Steve tuvo que participar en misiones peligrosas, para compensar a sus benefactores (su cobertura médica era parcial). Por el otro lado, cada vez que utilizaba sus poderes, parecía moverse en cámara lenta y con un molesto ruidito de fondo.

En el mundo real, la serie llegó después de tres películas realizadas para televisión, que fueron un éxito en el país del norte. Protagonizada por Lee Majors, el hombre nuclear (que como en otras malas traducciones, no tenía nada de nuclear) se enfrentaba a las potencias enemigas, en plena Guerra Fría.

A medida que transcurrían las temporadas, las historias comenzaron a mezclar monstruos y toques de ciencia ficción, como Barney Miller, el hombre de SIETE millones de dólares, la versión mejorada y malvada del hombre nuclear.

Y en cuanto los popes de la televisora vieron el filón, crearon una Mujer Biónica, presentada en un episodio doble. Allí, la muchacha planeaba casarse con el héroe hasta que sufre un severo accidente de paracaidismo (¿es que nadie juega a las cartas para divertirse?). Se hace pupa en las piernas, brazo y la cabeza. Qué conveniente. Su noviete pide de rodillas a los médicos que le hagan chapa y pintura biónica, pero su cuerpo lo rechaza y muere.

O eso es lo que ustedes creían.

La temporada siguiente arranca con bombos y platillos, con "el regreso de la Mujer Biónica". No murió, estaba en animación suspendida. Tìpico. Pero la mina tiene amnesia, y cualquier intento por recordar la relación con Steve termina con fuertes jaquecas. Así que deben separarse.

Mientras el Hombre Nuclear trastabillaba en el rating, y tenía aventuras con Piegrande (que en realidad era un extraterrestre), la Mujer Biónica contó con su propia serie. Ambas terminaron en 1978, cuando con poco dinero se hacían efectos especiales superiores a la cámara lenta y el molesto ruidito de fondo.

Ya en el siglo 21, está previsto el regreso de la Mujer Biónica en una nueva serie de televisión. Desde aquí le deseamos lo mejor.

Mientras tanto, repasamos las presentaciones de las series originales. El Hombre Nuclear:

Y la Mujer Biónica: