¿Estás entre esas personas que piantan un lagrimón cada
vez que ven un Atari, una botella de leche de vidrio o se
encuentran en el altillo con los restos del Simon?

En nuestro espacio clásico de Qué es de la Vida, abrimos
una sección destinada a recordar y repasar la historia de
los objetos que marcaron parte de nuestras vidas y
desaparecieron con los años.





 
 
 
  San Kuo Kai  
  Desde la inmensidad del espacio, llegó la serie que marcó una generación y que tenía el álbum de figuritas más difícil de llenar: San Kuo Kai.



A principios de los años 80 los uruguayos tenían varias cosas para festejar. En el 80 el famoso plebiscito le decía "No a la dictadura militar", abriendo las puertas para que se fueron silbando bajito (al final se tomaron más tiempo del esperado).

Ese mismo año el Mundialito en el Centenario, ante las selecciones más encumbradas de la época, nos daba el título de campeones y la nueva confirmación sobre el inexpugnable estadio inaugurado cincuenta años atrás.

No habían pasado dos años que los grandes del fútbol local eran nuevamente campeones del continente y del mundo. Nacional 81, Peñarol 82.

Como se ve, había muchos motivos para festejar. Sin embargo a los más chicos, todas estas historias cargadas de heroísmo no nos conmovían tanto como el encuentro diario a las 6 de la tarde en canal 10.

Señal de ajuste

Difícilmente un niño de hoy pueda comprender la ansiedad de uno de hace 25 a 30 años. Cuatro canales, blanco y negro y sin control remoto. Y lo peor, la tele comenzaba a transmitir a las 6 de la tarde o unos minutos antes con la señal de ajuste y luego la intragable Tv Educativa.

Todo esto no hacía otra cosa más que aumentar la urgencia interior (un niño por definición no conoce el concepto de paciencia) por el momento mágico en que la locutora pomposa daba el inicio a la transmisión del día.

El año 81 será recordado por toda una generación de impúberes uruguayos que corrían a casa desesperados por no perderse ni un sólo capítulo de la gloriosa y mágica epopeya japonesa llamada San Kuo Kai.

Por un lado Ryu, Ayato, Simón, Sofía y su barco velero y Sidero el robot. Por otro la fuerza oscura del mal: Los Gavanas (la polimorfa seductora Kunoy, el jefe de armas Koyer, y Tokim primer oficial) con todo su poder, su ejército y sus naves arácnidas.

Pero nosotros teníamos a la gran San Kuo Kai, majestuosa nave espacial con dos pequeñas naves caza, que piloteaban Ryu y Simón en los primeros capítulos y cuyo mando, por un accidente del simio, le fue traspasado luego al joven Ayato.

La serie estaba destinada al éxito, mezcla de Star Wars con artes marciales. Los efectos especiales eran impactantes, a la altura de la película de George Lucas pero con el agregado que la podíamos ver todos los días y en casa junto al vascolet.

El suceso fue instantáneo y el canal tuvo la ingeniosa idea de repetir toda la serie al poco tiempo de finalizada la tira. Allí apareció el famoso álbum con cerca de 350 figuritas sobre algunos de los momentos más memorables de la televisión.

Ahí estaba el inicio con la cara de susto de Ayato mirando al Hada Sofía, el gesto de alegría de Simón al destruir una nave Gavana o la sonrisa de Ryu con el disfraz de Ninja Sideral tirando las fulminantes estrellas a los enemigos.

Por cierto el tráfico de figuritas difíciles en la escuela era monumental. Decenas de "repis" en el faco y ni una que sirviera para llenar el álbum. Confieso, nunca pude llenarlo y aún espero por el día en que aparezcan esas figuritas en algún rincón perdido de la feria de Tristán.

Es una nave que toma jarabe

La canción se repetía hasta el cansancio: en la presentación, en los intermedios argumentales, en las batallas galácticas, en las peleas ninjas. "Sankuokai, Sankuokai, es una nave, es una nave" (aunque los chiquilines cantábamos "es una nave que toma jarabe").

El concepto de repetición lo tenían bien claro los productores. Todos los programas, luego de la presentación, se detallaba el estado de situación en que se encuentra el mundo de la serie.

"Estamos en el año 70 del calendario espacial cuando los humanos empezaron a emigrar a otros sistemas solares. En el quinceavo sistema se encuentran los planetas Shelta, Analis, Belda, alineados en ese orden..." Así, insistentemente, nos ponía en situación física y luego en la trama político-dramática: Los Gavanas guerreros invasores ocupan todo lo que se encuentra a su frente y no dejan a nadie vivo. Y ya se sabe, obligado cualquiera pelea.

Allí entran nuestros amigos de la Sankuokai que no están obligados y que pelean por la libertad y contra el opresor Gavana. Mucho láser, mucha patada voladora, mucho efecto especial y mucha incongruencia bizarra (la nave en pleno espacio con la puerta abierta está en el top ten).

El asunto es tan universal que bien podría tratarse de la lucha sindical de clases, una referencia simbólica sobre los EEUU y su proceso de colonización o una canción de protesta de los 70.

La serie duró desde 1979 a... 1979. Sus actores principales pasaron al olvido -o directamente dejaron de actuar- excepto por el joven Ayato, que hizo carrera en el cine japonés y también en el de Hollywood. Tuvo un papel en "El último samurai" y puede vérselo próximamente en "Rush hour 3"

Fueron 27 capítulos de unos 23 minutos cada uno y que para la alegría de los más grandes ya se han editado en DVD. Aunque es difícil hacerse con el preciado material, con un poco de google y algunos pesos se consigue todo. Para conseguir el álbum completo, hace falta casi un milagro.

Por RKOrson

(RKOrson es el columnista de cine de Montevideo Portal y un confeso fanático de San Kuo Kai, como habrán notado. También trabaja en radio y televisión, bajo otro alter ego)