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Hablan testigos del caso Pinar Norte

Testigos suburbanos

04.08.2011 14:28

Montevideo Portal conversó con dos personas procesadas con prisión por el homicidio de un joven rapiñero en Pinar Norte y varios vecinos de la zona que plantearon su punto de vista sobre aquel hecho. El 28 de mayo murió Alexis Orona Reyes, y dos días después fueron procesados el dueño del almacén y dos albañiles.
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“Estamos en una cárcel de máxima seguridad, quiero decir, de máxima confianza”, dijo a Montevideo Portal Jorge, un albañil de 34 años, de un metro ochenta de altura, procesado con prisión por el homicidio de Alexis Orona Reyes, un joven de 20 años que entró a un almacén de Pinar Norte con un calibre 22.

“La Justicia nos cocinó sin investigar nada”, señala su compañero, Alberto, un hombre bajo y robusto recluido desde el 1º junio por el mismo hecho.

“No nos dieron tiempo de explicar nada, yo declaré dos veces en dos horas. Yo fui el que llamó a la policía, uno de los que llamó a la policía, ¿cómo me van a procesar por homicidio? Ese delito me queda grande, se fueron al carajo. Si yo llamé a la policía ¿Por qué dicen que quise hacer justicia por mano propia?”.

“Yo tengo tres hijos, una de 15, uno de 11 y otro de 9. Mi mujer está sola con ellos ¿cómo voy a hacer? Hace 61 días que estoy acá adentro y dicen que la pena es de 12 a 20 años”, reclama con desesperación.

“¿Por qué no investigan, por qué no hacen la reconstrucción del hecho? No hubo un careo, no hubo nada”. Alberto busca un abogado, tiene el de oficio, pero está convencido que si su caso no lo agarra otro abogado el expediente va a quedar archivado en una cajón y él en la cárcel.

Alberto aseguró que nunca golpeó a Alexis, mientras que Jorge reconoce que ayudó a reducir y atar al joven y luego se fue de la escena por temor a que el ladrón lo reconociera y tomara represalias: “Cuando llegué me pidieron que le sacara la plata que le había robado que todavía tenía en el bolsillo, pero yo no quería saber más nada”.

El auto de procesamiento de la Justicia dice que fue Alberto quien lo redujo y le sacó el arma, aunque en otra parte del mismo documento señala que el joven rapiñero ya estaba desarmado cuando él llegó al lugar.

“Es que fue el almacenero quien le sacó el arma, cuando yo lo ayudé a reducirlo. El tipo tenía una fuerza bárbara, pateaba como loco. Cuando el dueño del almacén le sacó el arma fue como un alivio”, recuerda Jorge.

Hechos y testigos

A las ocho de la noche del sábado 28 de mayo, Alexis llegó al almacén de la calle Martín Fierro y apuntando con un arma a María, la madre del almacenero, le pidió el dinero. Después de conseguirlo les reclamó los celulares y cigarrillos. La madre dijo que se sintió mal y se sentó. El almacenero, de 47 años, le pidió para asistir a su madre y cuando este se negó, María -de complexión grande- se tiró encima del joven y comenzó la lucha, según señalaron a Montevideo Portal distintas fuentes vinculadas al caso.

Adentro del almacén estuvieron luchando varios minutos, el almacenero, la madre, y el rapiñero, que recibió un brutal golpe en la cabeza, de un cajón con botellas que se le cayó encima. El rapiñero reventó una de las botellas contra la cabeza de María que salió del comercio con la cara ensangrentada. “El lugar estaba deshecho”, señaló uno de los procesados por homicidio que llegó minutos después al almacén y asegura que la única sangre que vio fue la de la madre del comerciante.

El único disparo que se escuchó lo recibió el joven, en el tobillo, durante el forcejeo ingresando la bala en forma transversal.

En ese momento llegó Jorge, en una camioneta Fiorino junto a un socio -con quien tiene una empresa de albañilería y reparaciones varias- y ayudó al comerciante a desarmar al joven y a reducirlo.

Alberto-que vive atrás del almacén- salió a ver qué pasaba, y pidió a su familia que llamara a la policía. A los diez minutos, llegó un patrullero y luego una camioneta de la seccional 27.

Si bien Alberto y varios vecinos dijeron que nunca le pegó al ladrón, uno de los testigos declaró que sí lo había hecho junto a Jorge y el almacenero, luego de trasladarlo hasta una montaña de pedregullo que había en el lugar.

Otro testigo dice que fue sólo el almacenero quien le pegó al joven cuando estaba en el piso. “Tomaba carrera para pegarle, estaba sacado, pero todos se quedaron parados mirando, nadie hizo nada, nadie dijo nada”.

“Cuando llegó el primer patrullero, con un hombre y una mujer policía, el almacenero estaba con el revólver que le habían sacado al delincuente. La mujer se bajó del auto agarró el revólver y su compañero le preguntó al delincuente de dónde era y le pegó dos patadas a la altura del hombro porque no le respondía”, aseguró uno de los testigos del hecho. “Bo pichi, ¿de dónde sos?, le preguntaban. Al ratito vino una camioneta de la 27 y lo tiraron como si fuera una bolsa de papa, el golpe se escuchó fuerte porque después fue el comentario de todo el barrio. Lo tiraron como desde un metro”, señaló otro vecino que prefirió mantener su nombre en reserva por razones de seguridad.

“Yo llegué y vi a la policía que se acerca, se pone los guantes, el muchacho todavía estaba atado boca abajo, le sacan el cable y le tocan el cuello”, recuerda. El policía le dijo al almacenero que no podía hacer Justicia por mano propia. No quiero ponerme a la policía en contra porque acá son todos medio cowboys. Pero al muchacho lo agarraron de los pies y de los brazos como a un metro para que fuera con el envión. Si estaba vivo lo mataron del golpe pero ¿quién va a denunciar eso? ¿Quién se mete con la policía?”, cuestionó.

El hecho ocurrió en casi plena oscuridad, en la zona hay casas aisladas y no hay luces en la calle. La lámpara del almacén prende unos segundos y luego corta porque se recalienta. El hermano de uno de los procesados filmó el funcionamiento de la lámpara al día siguiente de los hechos con la esperanza de que eso sirviera para poner en tela de juicio los detalles dados por uno de los testigos que permaneció mirando desde al lado de su camión, estacionado a una cuadra.

“Nosotros estábamos acá dentro de casa-recuerda Betina, la esposa de Alberto- mirando la televisión y escuchamos como un tronazo. Al rato llaman a mi marido, porque venían a pagarle el sueldo y así como salió entró de vuelta y me dijo que llamara a la policía que al almacenero le estaban robando. Intento comunicarme con la 27, incluso mi hija también llamó al 911 y cuando salí para afuera el delincuente ya estaba atado en el suelo. Mi esposo iba y venía, incluso se puso a conversar con una vecina de enfrente, mientras nosotros tratamos de comunicarnos. Él estuvo unos segundos en el comercio”.

El domingo realizaron una serie de averiguaciones y el lunes la policía buscó a Jorge y Alberto para llevarlos detenidos: “El lunes vinieron a buscar a mi esposo para tomarle declaraciones y ya lo dejaron en el calabozo hasta el martes, que lo llevaron al juzgado para declarar. Fue todo en esos términos y en la noche me enteré que había sido procesado por homicidio. Cuando lo vinieron a buscar le dijeron que iba como testigo. Incluso, el policía que vino a buscarlo le dijo adentro de la camioneta que si él decía la verdad ni precisaba llevarlo. Eso es lo que yo vi, yo no voy a cubrir a nadie. Mi esposo iba hasta el comercio para ver cómo estaba la madre del comerciante y después estuvo acá en casa”.

“Llegué a la comisaría con un temor bárbaro-dice Alberto- sin experiencia, ni siquiera leí la declaración que firmé. Es tal cual una película. Ellos querían la verdad, pero la verdad que ellos querían”, aseguró, aclarando que no se queja del trato que le dieron en la ciudad de Canelones, antes de ser trasladados a diferentes cárceles del Interior.

“La policía nos trató excelente en Canelones. Un policía le preguntó al otro si podíamos estar encerrados los tres juntos —en la seccional- y le dijeron que sí, si hubiéramos declarado unos en contra de otros como dice el juez, no nos hubieran dejado estar a los tres juntos”, afirmaron.

El barrio

Montevideo Portal recorrió el lugar del homicidio, a unas ocho cuadras de Av. Giannattasio. El barrio es silencioso, se escuchan solo algunos motores.

El almacén es una construcción de bloque que no tiene más de tres metros de ancho, con pedregullo en la entrada. Hacía pocos días que había abierto y todavía quedaba en la puerta una montaña de pedregullo de la obra, a dónde dicen que fue trasladado el joven asesinado.

En la calle juegan a la pelota los hijos de Alberto, los hijos de Jorge y su perra “Zaira”, por Zaira Nara. “De los míos al que más le afectó fue al más chico de cinco, el otro ya tiene once”, dice Virginia, esposa de Jorge. “Dicen que puede salir en unos meses o que puede salir en cuatro o cinco años. Cinco años es mucho, se hacen largos, a mí se me hacen largos”, continuó.

Después de la rapiña y el homicidio, comenzaron a llegar los rumores de quién había declarado qué y las familias se distanciaron. “A la madre del almacenero ya no la saludo, cada vez que me cruza en la calle se pone a llorar”, dice Virginia, convencida de que las declaraciones de ella perjudicaron a su marido.

Varios vecinos sostienen que cuando ocurrieron los hechos, uno de los testigos de la causa no estaba en el lugar, que le debía favores a la policía, que “todo el mundo sabe en qué anda” pero que nadie lo denuncia.

La víctima

Alexis Orona era un joven de 20 años, que había llegado hacía dos meses a Pinar Norte, procedente de Piedras Blancas. Según sus familiares y amigos, el muchacho había tenido problemas con la pasta base, pero se estaba recuperando.

Había conseguido trabajo en una empresa de recolección de residuos de Ciudad de la Costa a través de su primo. Algunos dijeron que hacía tiempo estaba huyendo de alguien, que cambiaba el número de celular, incluso la mudanza pudo haber sido parte de esa huida, por eso —al principio- se manejó la posibilidad de que el caso se tratara de un ajuste de cuentas.


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