![]() |
![]() |
||||||||||||||
![]() |
|||||||||||||||
|
22.09.2009 14:15
Para presidente, no Las declaraciones de José Mujica que acapararon titulares de prensa en los últimos días, pusieron sobre el tapete una cuestión insoslayable a la hora de votar.
Se trata nada menos que de las cualidades o atributos personales que debe tener un presidente, considerados independientemente de sus ideas políticas o su programa de gobierno. En sus declaraciones al diario La Nación y al periodista Alfredo García (el autor del libro “Pepe Coloquios”), así como en recientes apariciones públicas, Mujica parece haber hecho un esfuerzo para demostrar de manera contundente e irrefutable que es impulsivo, imprudente y proclive a hablar demasiado sobre temas importantes que no conoce bien. Puso de manifiesto además que no tiene mayor aprecio por los líderes de otros sectores del Frente Amplio cuyo apoyo necesitará para gobernar, si es que finalmente le toca hacerlo. La pregunta viene sola a la mente y a los labios:¿puede ser así un presidente? Seguramente ha habido y habrá buenos presidentes, en el Uruguay y en otros países, cuyas personalidades sean muy diferentes: unos más simpáticos, otros más serios, unos hiperactivos, otros más calmos y reposados, etc. Pero por debajo de la infinita variedad de los casos individuales, hay ciertos rasgos necesarios en el perfil de alguien que pretenda desempeñar exitosamente la primera magistratura de un país. La capacidad de controlarse a sí mismo es esencial. El presidente podrá ser conservador o “progresista”, pero en cualquier caso debe ser capaz de frenar sus impulsos y medir sus palabras. Los arrebatos de mal genio, como los que hace pocos días llevaron a Mujica a enojarse visiblemente con Antonio Ladra –el periodista de “Código País” que osó plantearle no sólo preguntas, sino repreguntas incómodas- pueden hacer mucho daño si quien se deja arrastrar por ellos es nada menos que el presidente. La incontinencia verbal –en este rubro van todas las referencias a los argentinos y a los Kirchner, por ejemplo- no es menos peligrosa cuando quien la padece está en la cumbre del poder. La consistencia o solidez del pensamiento, base de la firmeza y continuidad en la acción, nos parece también indispensable. El presidente no puede improvisar, no puede tirar “bolazos” que no resisten un análisis serio. ¿Qué es eso de que la Fuerza Aérea debe consistir de 80 kamikazes y 20 mecánicos? Los kamikazes eran los pilotos suicidas que Japón lanzaba contra los buques de guerra de los Estados Unidos, en la Guerra Mundial II. ¿Mujica piensa seriamente que el eje de la doctrina de la Fuerza Aérea uruguaya debe ser la idea de los ataques suicidas? No lo creo. Si se le interrogara al respecto seguramente alegaría que no fue eso lo que quiso decir, que lo sacaron de contexto, etc. A mí me parece que esa fue una de las tantas “estupideces” que dijo. Y ese es el punto: el presidente no debe decir ni tampoco pensar estupideces. Debe ser alguien asentado, maduro, en la firmeza de cuyas ideas se pueda confiar. “Confianza” es una palabra clave cuando del presidente se trata. Debe inspirarla a amigos y adversarios, al país entero y al exterior también. Para inspirar confianza se requiere actuar con honradez y rectitud, pero además se requiere actuar de manera previsible, como lo señalaba certeramente hace algunos meses, Luis Eduardo González. Un intelectual, por ejemplo, puede darse el lujo de cambiar de opinión con frecuencia, sin que ello implique necesariamente menoscabo alguno de su prestigio como intelectual; si expone adecuadamente las razones que lo llevaron a cambiar de opinión, es posible incluso que así logre vender más libros y tener más éxito. Pero el presidente es otra cosa. Lo que se espera de él no es ingenio, verborragia ni versatilidad: lo que se espera del presidente es firmeza y previsibilidad en el ejercicio de la autoridad. La primera magistratura es el centro de gravedad institucional del país. Si “el centro de gravedad” parece atado a un barrilete sin cola, el resultado será un desorden fenomenal. El presidente debe ser capaz de formar equipos y de conducirlos. Para que los equipos funcionen bien es preciso que exista entre sus miembros confianza, respeto y lealtad. Mal puede inspirar lealtad a sus colaboradores –que en muchos casos serán figuras políticas de primer nivel- un presidente que se refiera a ellos de la manera en que Mujica se refirió a otros dirigentes del Frente Amplio. El trabajo en equipo requiere además disciplina colectiva. No se concibe que pueda mantenerla y exigirla a los demás, quien se complace en exhibirse como un individualista a ultranza, bohemio y reacio a aceptar mínimas convenciones sociales. Por algo Mujica no fue un buen ministro de Ganadería y Agricultura. Lo dijo Agazzi, su compañero político y sucesor en el cargo, con palabras que valdría la pena exhumar de los archivos de prensa. Al comentar el alejamiento de Mujica del gabinete Agazzi reconoció, de una manera tan clara y directa que a mí me resultó sorprendente, que su líder político no tenía el perfil adecuado para el desempeño de un cargo ministerial. Palabra más, palabra menos, dijo Agazzi que “el Pepe” es más bien un pensador, un filósofo o algo así, pero no un jerarca administrativo como debe serlo un ministro, con todo lo que ello implica en términos de rutina y trabajo burocrático. Nada de lo dicho constituye un ataque personal al Sr. José Mujica. Lo que digo, haciéndome eco de lo que en estos días piensan centenares de miles de uruguayos, es que demostró que no tiene las cualidades que debe tener un presidente de la república. Podrá ser un líder político carismático, como lo demuestra el caudal electoral que lo respalda, pero no un Jefe de Estado y de Gobierno capaz de inspirar confianza y tranquilidad a su pueblo, ni a la comunidad internacional. Quedó claro que el Dr. Tabaré Vázquez sólo votará a Mujica por disciplina partidaria. Quienes no se sientan atados por esa disciplina, no deberían votarlo para presidente. %%Noticias_asociadas_INI%%
|
||||||||||||||