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Uruguay logístico El Uruguay integrado a la Región, o el Uruguay sin más, es logístico. Y hasta podría agregarse que es producto de la logística. Territorio de tardía colonización, fue declarado por la Corona como “de poco o nulo provecho”: no había en él ni oro ni plata, ni otras riquezas de fácil extracción, ni tampoco abundante mano de obra indígena…
Colonia del Sacramento pronto fue Manzana de la Discordia entre Portugal y España. Montevideo nació como “marca” fronteriza y bastión naval para el Atlántico Sur. Por estos puertos y praderas anduvieron guerreando, pirateando y contrabandeando, también, todos los demás imperios “occidentales”. Esta envidiable “esquina” (Río de la Plata y Océano Atlántico) fue teatro de muchas guerras y largas ambiciones (“Tierra Purpúrea” o “La Nueva Troya”, nos denominó la literatura) La pelea de Portugal, y luego de Brasil, fue por llegar a ella; por poner el pie en por lo menos una de las dos costas del estratégico “portón”. Por eso fuimos invadidos a sangre y fuego por Inglaterra mediante ejércitos y flotas tan potentes que pocas veces (o ninguna) utilizó similares para conseguir una “pequeña” colonia nueva. Años después abrió a cañonazos la “libre navegación” del Paraná con rumbo a todos los demás grandes ríos navegables que a su vez conducen al corazón del Continente y antes, en 1828, propuso la idea de crear aquí un nuevo país para saldar de una vez por todas (no lo logró) el “empate” guerrero sin fin entre Argentina y Brasil auspiciado siempre por diversos intereses imperiales pero en especial el suyo. Luego de la Guerra Grande, produjo el genocidio paraguayo para el que fue imprescindible bombardear Paysandú (con la flota de Brasil) y fusilar a Leandro Gómez. Podíamos seguir detallando pero baste recordar que una de las más grandes batallas navales de la Primera Guerra Mundial fue la de Las Malvinas (aunque se produjo más acá) y la Primera batalla naval de la Segunda Guerra fue la del Río de la Plata librada en nuestras playas otra vez entre alemanes e ingleses. Recordemos también los afanes estadounidenses por tener una Base aeronaval en Laguna del Sauce y la reciente Guerra de las Malvinas. El “valor agregado” en estas “tierras de poco o nulo provecho” era (y sigue siendo) un “intangible”: la decisiva ubicación geográfica. En el centro litoral de la vasta zona más rica del Atlántico Sur; en la entrada (y salida) de una de las cuencas fluviales navegables más grandes del mundo; con excelentes puertos disponibles y futuros puertos mejores aún; con buenas conexiones terrestres con la zona y que llegan hasta el Océano Pacífico (Chile). A ello ahora debemos agregar la evolución de la industria naviera y del comercio mundial que construyen y usan barcos cada vez más grandes (tanto para graneles como para contenedores) y, por si ello fuera poco, estamos ubicados en la última (y tal vez más grande) frontera agrícola del planeta en momentos de crisis por altísima demanda presente y muy probablemente futura. Y “logística” es esencialmente eso: transportar ordenadamente y del modo más cómodo y económico posible, para “adentro” y para “afuera”, insumos para producir y productos terminados de todo tipo para consumir o exportar. Eso es lo que ha hecho tradicionalmente Uruguay (incluso en medio de grandes guerras internas y externas). Y en el pasado se hizo legal o ilegalmente, por las buenas o por las malas, porque en realidad esa “masa” de comercio NO fue uruguaya: la manejaban sus dueños y sus dueños eran (y son) poderosos intereses continentales y poderosos intereses extranjeros. Tanto para comprar como para vender. Es más: casi siempre fueron ilegítimas o artificiales las trabas políticas internas, imperiales, o burocráticas, que trataron de impedir (inútilmente) o entorpecer ese comercio que en el Siglo XIX era conocido y reconocido como “Comercio de Tránsito”. Porque bastaba ver (como ahora) las cifras de lo que entraba y salía por el puerto de Montevideo para dejar demostrado que todo eso no venía para acá ni se producía acá. Hoy, como no podía ser de otra manera, lo seguimos haciendo sin tomar cabal conciencia de ello y de su futuro (que es el nuestro). La logística forma parte ya de una de nuestras mayores fuentes de riqueza. Será palanca imprescindible de nuestro desarrollo y es, y será, un poderoso argumento (poco usado) a favor del MERCOSUR y de nuestra integración a la Región. Pero además de “argumento” es camino concreto para construir ambos propósitos. |
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