Por Daniel Chasquetti
El nuevo bipartidismo

Tras conocerse los resultados del domingo 31, algunos analistas han señalado que Uruguay vuelve a contar con un sistema bipartidista. El escenario político resultante conduce indefectiblemente a esta interpretación: el FA con una mayoría absoluta, el PN con algo más del tercio, el PC reducido a una décima parte del electorado, y el cuarto espacio al borde de la desaparición.

¿Es correcto utilizar el concepto de bipartidismo con este mapa político? ¿Cuáles son los criterios que deben tomarse en cuenta para caracterizar al sistema de partidos? ¿Supone esto un equilibrio o debemos esperar cambios en el corto plazo? En estos breves apuntes intentaré responder a estas preguntas, valiéndome de la acumulación académica en esta materia y también de algunos conceptos de la Ciencia Política moderna.


EL SISTEMA DE PARTIDOS EN URUGUAY
Giovanni Sartori (1980) clasificó a los sistemas de partidos a partir de dos propiedades: el número de partidos y la forma de competencia. El número de partidos refiere a la cantidad de partidos relevantes que conviven en un sistema (todos los que pueden ser parte de una coalición y todos los que cuenten con posibilidad de chantajear al gobierno). El tipo de competencia refiere a la orientación predominante en el sistema: si compite hacia el centro centrípeta- o si se compite hacia los extremos del espectro político -centrífuga-. La clasificación de Sartori establece siete categorías de sistemas de partido. Tres de ellas parecen muy útiles para el estudio del caso uruguayo: el sistema de partido predominante, el sistema bipartidista y el sistema de pluralismo limitado.
Según Sartori, un sistema bipartidista es aquel donde: a) dos partidos se encuentran en condiciones de competir por la mayoría absoluta de votos, b) uno de ellos logra conquistar la mayoría en la cámara, c) en virtud de esto el ganador está dispuesto a gobernar sólo, d) el partido que pierde la elección mantiene la expectativa de ganar y generar una alternancia en el poder. Un sistema de pluralismo limitado es el que cuenta con: a) por lo menos tres partidos relevantes, b) donde ninguno alcanza la mayoría absoluta de la cámara, c) por lo cual se ven obligados a gobernar bajo un formato de coalición. Su estructura de funcionamiento es bipolar y lo distintivo es la existencia de coaliciones alternativas. Finalmente, un sistema de partido predominante es aquel donde un partido consigue una mayoría absoluta en la cámara durante al menos cuatro elecciones consecutivas.

La sabiduría convencional considera que en Uruguay ha existido un sistema bipartidista al menos hasta 1971. Posteriormente se entiende que el sistema ha sido multipartidista. Esta percepción es razonable, pero cuando se profundiza en el análisis la evaluación se vuelve algo más compleja. Por ejemplo, Sartori afirmó que Uruguay tuvo un sistema de partidos predominante entre 1868 y 1967 ya que el PC contó con una mayoría en el Parlamento. Luis E. González (1993) señaló en cambio que Uruguay tuvo hasta 1971 un sistema bipartidista con la excepción del período 1943-1958 cuando el PC fue un partido predominante. Luego de 1971 el sistema fue de ''dos partidos y medio'' (Blondel, 1968) y a partir de 1989 evolucinó hacia un formato de pluralismo limitado. La lectura de González fue criticada por Pablo Mieres (1992), quien señaló que Uruguay contó con un sistema bipartidista hasta 1971, y posteriormente con un sistema de pluralismo limitado. En grandes líneas, la discusión académica se concentró en torno a la caracterización del sistema de partidos previo a 1971 y en la etapa de transformación 1971-1989. Nadie en cambio ha discutido la idea de que Uruguay contó entre 1989 y 2004 con un sistema de pluralismo limitado.


EL SISTEMA A PARTIR DE 2004
La tipología de Sartori es utilizada en la actualidad con una modificación. Los criterios para determinar cuáles partidos son relevantes fueron sustituidos por la fórmula aritmética de Laakso y Taagepera (1979) que permite calcular el número efectivo de partidos (NEP). Esta medición estima cuántos partidos existen en un sistema, ponderándolos según su peso electoral (o legislativo) específico. Si dos partidos se reparten equitativamente la totalidad de votos, el NEP será 2. Si uno de ellos es mayor que el otro, el NEP será menor a 2. Cuando el NEP se mueve entre 2 y 2,5 tendremos un sistema con dos grandes partidos y un tercero pequeño. Cuando el NEP oscila entre 2,5 y 3,0, tendremos un sistema con dos partidos grandes y uno intermedio o dos o más partidos pequeños.

La evolución del NEP en Uruguay confirma alguna de las ideas manejadas por González y Mieres. Entre 1942 y 1971 existió un sistema bipartidista, pese a la existencia de un puñado de partidos menores. La división del PN y la buena votación de algunos partidos menores elevó el NEP en 1946, pero en la elección inmediata el mismo vuelve a indicarnos la existencia de un formato bipartidista que se mantendría sin cambio hasta 1971. Ese año se inicia un proceso de aumento de la fragmentación y por tanto de transformación del sistema de partidos: en 1971 el NEP (2,7) nos indica la existencia de dos partidos grandes y uno intermedio; en 1984 el NEP (2,9) nos muestra un escenario con casi tres partidos relevantes; y en 1989 esa tendencia se consolida con un NEP de 3,3. Durante los noventa, Uruguay contó con un sistema de pluralismo limitado con tres grandes partidos y un cuarto más pequeño.

Pero en 2004, el NEP baja drásticamente a 2,5, lo cual supone el movimiento más espectacular observado en la historia del sistema de partidos. Esto nos indica que tenemos un sistema bipartidista con dos partidos relevantes, un tercero pequeño y un cuarto al borde de la extinción. (ver gráfico).
El NEP del 2004 nos obliga entonces a caracterizar al actual sistema como bipartidista. Ni siquiera podríamos considerarlo como un sistema de ''dos partidos y medio'', en el sentido de Blondel, pues los dos partidos mayores sumados superan el 80% de los votos. Además si consideramos los criterios de Sartori, podemos observar que todos se cumplen a la perfección: el FA alcanzó la mayoría absoluta de votos, está en condiciones de gobernar sólo, y el PN tiene la expectativa de ganar la elección en el 2009 y alternar en el gobierno.

Por tanto, parece razonable afirmar que el sistema de partidos uruguayo se ha vuelto bipartidista. Ello nos obliga a preguntarnos qué sucederá con este formato en el futuro inmediato y si este formato representa un punto de equilibrio. Para responder necesariamente debemos considerar al conjunto de reglas que regula la contienda entre los partidos y proyectar al mismo tiempo escenarios futuros de competencia.


LAS REGLAS DE JUEGO Y EL FUTURO
Las reglas electorales generan estímulos y restricciones sobre el comportamiento de los actores políticos. En un régimen presidencialista, la forma de elección del jefe del ejecutivo es la regla que más influye sobre la fragmentación del sistema de partidos, particularmente, si la elección del presidente se realiza en forma simultánea con la de elección parlamentaria.
Los principales estudios comparativos muestran que cuando el presidente es electo por mayoría simple de votos la competencia tiende a polarizarse entre dos grandes opciones. Esta dinámica empuja al sistema hacia la conformación o el mantenimiento de un sistema bipartidista. En cambio, cuando el presidente es electo por mayoría absoluta la competencia tiende a fragmentarse, favoreciendo así el aumento o el mantenimiento de un sistema multipartidista. Obviamente, estos hallazgos empíricos no pueden ser considerados leyes universales, pues sólo representan tendencias generales que funcionan bajo ciertas condiciones específicas.

Uruguay eligió a sus presidentes por mayoría simple de votos hasta la reforma constitucional de 1996 que introdujo la elección por mayoría absoluta de votos o balotaje. El sistema de partidos se comportó de acuerdo a lo esperado en términos teóricos hasta 1971. Con el nacimiento del FA el sistema de partidos comenzó a transformarse, abriendo una incógnita sobre su futuro. En tanto el partido desafiante crecía elección tras elección, el espacio de los otros dos partidos se veía disminuido en una misma proporción. Esta tendencia permitía avizorar un resultado final del proceso de cambio del sistema de partidos. El FA terminaría por desplazar a alguno de los dos partidos tradicionales y se conformaría así un nuevo bipartidismo.

En el Reino Unido sucedió precisamente eso entre 1918 y 1931. El Partido Laborista reemplazó en ese período al Partido Liberal y constituyó un nuevo bipartidismo junto al Partido Conservador. Si bien numerosos factores influyeron en ese proceso, suele considerarse a la mayoría simple utilizada en las circunscripciones uninominales como el elemento determinante de ese proceso. Si Uruguay no hubiese incorporado el balotaje muy probablemente el reemplazo se habría producido en la elección de 1999 o en la de 2004.

Si se hubiese mantenido la mayoría simple, en 1999 Jorge Batlle habría ganado igualmente la elección presidencial, el FA se habría constituido en la segunda fuerza, y el PN habría quedado relegado en un lejano tercer lugar. La elección municipal de Canelones en mayo de 2000, nos mostró precisamente lo que podría haber acontecido con el sistema de partidos. El FA tenía gran chance de conquistar el triunfo y ante ello, un conjunto de dirigentes nacionalistas decidió apoyar al principal candidato colorado. Al mismo tiempo, un número importantísimo de votantes blancos se inclinó por el PC para evitar el triunfo de la izquierda. El resultado final arrojó un formato bipartidista, con el PN empequeñecido al mínimo.

La incorporación del balotaje en 1996 abortó por completo este proceso de cambio. La dinámica que impone esta forma de elección permite a los perdedores revertir situaciones electorales críticas en períodos cortos de tiempo. El PN votó muy mal en 1999, pero cinco años más tarde pudo recomponerse y votar admirablemente bien. Con mayoría simple, en 1999 hubiese votado todavía peor y difícilmente se hubiera recuperado como efectivamente lo hizo. En esta elección el PC tuvo el peor desempeño electoral de su historia. Sin embargo, este partido puede revertir en un período no muy largo la dramática situación que hoy vive. Con mayoría simple, la suerte del PC sería muy distinta. En otras palabras, con el sistema de elección presidencial anterior, deberíamos estar dándole la razón a los analistas que profetizaron la ''extinción'' del PC.

Desde este modo, el balotaje puede ser considerado como un ''seguro de vida'' para los partidos tradicionales. Por un lado, evitó que el proceso de transformación llegara a su fin y fuera reemplazado alguno de los dos viejos partidos. Por otro, abre una continua esperanza de recuperación para los que sufren graves reveses electorales debido a la dinámica de competencia que el sistema impone.


RESURGIMIENTO O MUERTE DEL PC
Por tanto, debe subrayarse que el bipartidismo actual no representa un punto de equilibrio en la evolución del sistema de partidos. Apenas representa una resultante de un proceso determinado por la llegada del FA al gobierno. En la próxima elección, las cosas podrían ser bien distintas. El resultado perfectamente podría llegar a determinar un formato partidista más parecido al de los años noventa que al que hoy tenemos. Si durante el 2009, ninguno de los grandes actores (FA y PN) sobrepasa con holgura el 40% de la intención de voto, y si la ciudadanía toma conciencia de ello, la competencia de primera vuelta abrirá oportunidades inmejorables para el tercer partido -e incluso para el cuarto-.

No obstante, parece imposible ser categórico respecto a este punto, pues todo dependerá de cómo le vaya al FA en el gobierno, de cómo actúe el PN en la oposición, y de cómo los propios colorados procesen la renovación pendiente. Si el FA y el PN hacen bien las cosas, el PC no tendrá chance de recuperación, pero si el FA o el PN cometen errores, tal vez el viejo partido de la defensa cuente con una oportunidad de resurgimiento. De todas maneras, la suerte del PC depende también de cómo procese su postergada renovación y de cómo influyan ciertos factores cuya evolución escapa a nuestra imaginación (el rol de los líderes históricos, la actitud de los dirigentes más jóvenes, las cuotas de poder institucional que mantenga el partido, etc.).

En suma, Uruguay cuenta a partir del 31 de octubre con un sistema bipartidista. Este formato es incompatible con las reglas que ordenan el juego político. De no modificarse la principal regla -forma de elección del presidente- este formato partidario podría llegar a variar antes de lo imaginado.


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