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La decapitada del Timote
Dejamos momentáneamente los paisajes urbanos
y volvemos al campo para brindar una nueva entrega de
leyendas rurales
Molles del TImote, una localidad del departamento de
Florida, solía ser en las primeras décadas
del siglo XX una zona calma y con características
eminentemente rurales: mucho campo, pocos pobladores
y una ausencia casi completa de construcciones.
La tranquilidad de la pequeña localidad se vio
conmovida en aquella época por un crimen pasional,
protagonizado por una pareja que, como suele suceder
en los pueblos chicos, era muy conocida entre los habitantes
del lugar. Su flamante casamiento, fresco en el recuerdo
de los concurrentes de Molles de Timote, poco hacía
prever los sucesos que impactaron al pueblo poco después.
Una noche, el esposo descubrió que su mujer
lo engañaba con otro joven del pueblo, con el
que se carteaba con frecuencia; haciendo honor a su
fama de hombre temperamental, el hombre esperó
a la mujer hirviendo de rabia y celos. Cuando cruzó
el umbral no pudo contenerse y, tras obtener la confesión
de su esposa, le decapitó a golpes de pala, ciego
de ira. Más tarde, al comprender cabalmente lo
que había hecho, el asesino intentó ocultar
las evidencias del crimen monstruoso. Pudo encargarse
de la cabeza de la finada -un objeto maniobrable por
su tamaño- al enterrarla sin dificultades en
el fondo de la casa: el cuerpo, sin embargo, requería
un trabajo más arduo. Desesperado, envolvió
con cuerdas a aquel peso muerto que había sido
su esposa y le ató piedras para que actuaran
a modo de lastre. Cargó el fardo hasta el arroyo
Los Molles, que corre en esa localidad, y arrojó
el cuerpo al agua con la esperanza de que se hundiera
para siempre. La forma en que la difunta esposa delató
el crimen de su marido, sin embargo, fue mucho más
escalofriante de lo que hubiera podido imaginar el propio
asesino.
Desde las épocas de aquel fatídico día
hasta nuestra época, la decapitada del Timote
emerge del agua en una forma poco convencional. Quien
cabalgue de noche por la zona y desee cruzar el arroyo
Los Molles en forma segura, no debe nunca mirar hacia
atrás: cuando los cascos de los caballos tocan
el agua, la mujer sin cabeza se sube suavemente a las
ancas del animal y acompaña al jinete hasta llegar
a la otra orilla. Allí, la decapitada desciende
silenciosamente y desaparece en la superficie calma
de Los Molles, sin hacer un solo ruido ni dañar
al valiente que le permite gentilmente compartir el
caballo en ese breve trecho. Quienes osan mirar hacia
atrás por curiosidad, sin embargo, sucumben al
terror y comparten el trágico destino de la mujer
sin cabeza, condenada a yacer eternamente en el lecho
del arroyo.
En la localidad circulan relatos oscuros sobre los
hombres y mujeres que, como en el mito griego de la
Medusa (también víctima de la decapitación),
fueron conducidos a la perdición por ceder a
la curiosidad, por tentarse en un trágico instante
y observar aquello que les está vedado. Estos
cuentos, que corren de boca en boca, suelen funcionar
a modo de advertencia para los jinetes que se acercan
a las aguas del arroyo entre el anochecer y el alba,
desafiando los escalofríos que produce el recuerdo
de la decapitada del Timote.
(Gracias Patricia)
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