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LA MONJA SIN CABEZA
El antiguo Colegio y Liceo de Nuestra Señora
de la Misericordia, ubicado en Pocitos, supo ser hace
muchísimos años un instituto exclusivo
para mujeres, funcionando también como convento
para un grupo no muy numeroso de monjas.
Cuenta la leyenda que, tal cual se dice de muchas iglesias
y conventos enfrentados, en el subsuelo del lugar había
una pequeña puerta que conducía a un pozo.
Entrando por allí se accedía a una escalera
que culminaba en un pasillo secreto, conectando con
el instituto de enfrente, el Colegio San Juan Bautista.
El pasillo estaba cerrado y pocos conocían de
su existencia, pero una monjita del lugar, más
osada que las demás, comenzó a frecuentarlo.
Quiso la casualidad que en algún momento coincidiera
con un cura joven del San Juan Bautista, un encuentro
casual que con el tiempo pasó a convertirse en
una rutina oculta.
Desafiando los preceptos de su religión y la
moral de la época, el amor entre la Hermana y
el Padre llevó a que los encuentros furtivos
se repitieran con frecuencia.
El romance, sin embargo, tuvo un final abrupto: la Superiora
del Instituto, que sospechaba de las ausencias repentinas
de la monja, descubrió a la pareja en el acto
pecaminoso. Como resultado, la Hermana fue excluida
del convento y encerrada como castigo en una de las
habitaciones pequeñas, que luego se usaría
para dar clases.
Privada de las visitas a su enamorado, y manchada indeleblemente
con la vergüenza del pecado descubierto, la monja
se suicidó en el cuarto. Se cuerpo, según
se afirma, fue enterrado en el patio del lugar, debajo
de un monumento a Artigas (hoy en día funciona
allí otro liceo privado)
Cuentan que incluso en estos días, cuando las
tardes comienzan adelantar su llegada en el otoño,
puede verse a la monja sin cabeza recorrer los pasillos
del lugar. En ocasiones, cuando las campanadas del reloj
dan las 18 horas, el piano del salón de actos
comienza a tocar solo, recordando los tiempos en que
la religiosa desgranaba unas notas tristes en recuerdo
de su enamorado prohibido.
Comentarios
La leyenda de la monja sin cabeza se nutre de algunos
mitos populares -verdaderos o no- relacionados con los
conventos y las iglesias. El cuento no es exclusivo
de nuestro país, si bien tiene varias características
propias. En Chile y otros países de Sudamérica
también se narra la historia de la monja sin
cabeza, aunque con algunas variaciones menos atrayentes.
En este caso, la Hermana solía pasar sus horas
leyendo en el jardín de un convento, enamorándose
de un marinero que pasaba por el lugar. Privada de su
compañía por sus deberes religiosos, la
monja fallece de pena y reaparece luego decapitada,
sin “la cabeza que perdió por amor”.
Otra historia popular tiene su origen en Santiago de
Compostela, España, donde la famosa catedral
de la ciudad y un convento se encuentran también
enfrentados y a una distancia de 50 metros. La leyenda
afirma que existía un pasadizo subterráneo
que conectaba ambos lugares y que servía para
encuentros prohibidos.
(Gracias a Malvina, que asegura
que el pasillo que unía ambas instituciones existía
ya que lo comprobó en sus épocas de estudiante
junto a otros compañeros)
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