AULLIDOS EN PLAZA LAFONE
La silenciosa madrugada
comienza a despuntar tímidamente en el barrio La
Teja, sin lograr disipar aún la oscuridad que se
cierra como un puño hermético sobre la Plaza
Lafone. Hace frío, y una pareja joven que regresa
de un café céntrico debe apurar el paso
para calentar las piernas, dejando atrás la parada
del ómnibus y la fuente que asoma a la distancia
como una silueta apenas delineada.
La pareja se sorprende al descubrir la compañía
de un perro delgado, que bajo la noche fría y
estrellada en plenilunio gime en busca de un poco de
calor. El novio parece desinteresarse del asunto, pero
el aspecto lastimoso y descarnado del can enternece
a la joven. A pesar de que él desoye sus súplicas,
el infatigable perro acompaña fielmente a ambos,
gimiendo en forma desamparada. La chica logra finalmente
convencer al novio, a tal punto que le pide su corbata
para usar a modo de lazo, y llevar al animal hasta el
portón de su casa. En su jardín, protegido
del viento, el perro podría encontrar reposo
y abrigo frente al frío invernal de Montevideo.
Cuando llega la mañana la joven despierta y
corre hasta el jardín, donde queda muda de asombro
ante lo que ve. Allí permanece aún la
corbata de su novio, pero el cuello que rodea la tela
ya no es el del perro de la noche anterior: un hombre
delgado y desnudo, de barba, cabello largo y entrado
en años, tirita de frío mientras la mañana
se abre paso en la barriada de La Teja.
(gracias a Marcelo)
Comentarios
Si bien es una historia con rasgos muy particulares,
trae reminiscencias (y sin duda rastrea sus orígenes)
en el folklore de los hombres-lobo en todo el mundo.
Desde tiempos remotos la figura del licántropo
está asociada a las transformaciones o metamorfosis
de hombres ocurridas en días determinados o bajo
la luz de la luna (en la leyenda del perro también
se trata de una noche con luna llena). Su origen más
antiguo es en leyendas escandinavas aunque no demoró
en extenderse a otras zonas geográficas.
La cultura popular está tan impregnada del antiguo
mito de los lobizones, que logró infiltrarse
en infinidad de películas y libros. En nuestro
país forman parte de las leyendas rurales populares:
por ejemplo, las innumerables historias de séptimos
hijos varones, que en las noches de los viernes de luna
llena metamorfosean su cuerpo por el de un lobo. El
caso de Plaza Lafone es un curioso ejemplo de su traslado
original al ámbito urbano.
Imágenes: www.lateja.org.uy
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