|
LA CASA DEL ÁGUILA
La casa del águila, una ruinosa construcción
vacía y solitaria, domina un sector del barrio
Flor de Maroñas desde hace muchísimos
años. Es uno de esos caserones antiguos “cuya
sola arquitectura es siniestra”, a decir de Chesterton,
rodeada de un parque enigmático y descuidado.
Sobre la fachada añeja se alza la figura monumental
de un águila de piedra, con un gesto amenazante
y las alas abiertas. Allí permanece desde hace
tanto tiempo, que los vecinos más ancianos no
recuerdan el barrio sin la casa y el águila enigmática.
De día, la casa parece tan sólo un caserón
deshabitado, pero en las noches de tormenta la fachada
adquiere un cariz siniestro y la calma se interrumpe
en el barrio. Los vecinos denuncian en esas ocasiones
que varios ruidos extraños comienzan a sentirse
desde dentro de la construcción: aullidos o los
aleteos de un enorme animal encerrado.
La policía no suele responder a las innumerables
denuncias, sobre todo después de un extraño
suceso. Una vez, dos agentes fueron enviados a investigar
lo que sucedía: llegaron equipados con linternas,
decididos a demostrar que los ruidos no eran más
que producto de jóvenes o pura psicosis del barrio.
Cuando se estaban por retirar, sin embargo, un ruido
de derrumbe los obligó a darse vuelta. A la luz
de sus linternas pudieron comprobar cómo el águila
caía desde el techo, desmoronándose en
el suelo y haciéndose añicos. Se retiraron,
no sin antes redactar el parte oficial dejando constancia
del acto.
Al día siguiente, ambos policías fueron
encerrados por “beber en horario de servicio”.
Cuando protestaron, el propio comisario los condujo
hasta la casa. Para su estupor, en lo alto de la fachada,
con las alas extendidas y el pico abierto, el águila
los miraba con sorna y ubicada en el mismo lugar donde
siempre estuvo y donde permanece hoy en día.
Los vecinos, mientras tanto, tienen sus propios relatos
sobre el águila que cobra vida en las noches
de tormenta. La han visto moverse, aletear o levantar
vuelo, entre muchas historias que remiten a la “maldición
del águila”, cuyo origen es desconocido
Sobre la casa, sin embargo, hay otra historia truculenta
pendiente. Fue construida por el edecán del dictador
Máximo Santos a fines del siglo XIX, el general
Esteban Pollo, masón en grado 33. Según
algunos vecinos, dicha casa fue usada también
en la década del ’70 como calabozo para
prisioneros políticos, siendo testigo de varias
torturas y muertes.
En las noches de tormenta, según recrea la leyenda,
pueden escucharse los aullidos de los prisioneros de
dos siglos, mezclándose con el aleteo monstruoso
del águila de piedra, que renace cada vez que
se reaviva el horror.
(Gracias Victoria y Guillermo)
Nota: Por
más datos de esta leyenda, así como filmaciones
en el lugar de los hechos, recomendamos estar atentos
a Voces Anónimas, un programa televisivo que
contará con la conducción y producción
de Guillermo Lockhart y Néstor Ganduglia y que
saldrá al aire en un futuro próximo.
|